El día comienza muy temprano tanto para el Presidente Salvador Allende como para los gestores del golpe. Ya a las 05:00 horas, el Mandatario se aprestaba para dirigirse al Palacio de La Moneda, sólo una hora antes de que en Valparaíso se diera inicio a la ocupación del puerto por parte de la Armada.

Era el día D y la hora H anunciada previamente por el Comandante en Jefe de la Armada, José Toribio Merino, al Jefe del Ejército, Augusto Pinochet, quien, desde la escuela de Telecomunicaciones de Peñalolén, se preparaba para dirigir los movimientos militares en Santiago.

Allende llega a La Moneda a las 07:30 acompañado de su guardia personal cuando el edificio ya se encontraba rodeado por las tropas.

A los pocos minutos, el Mandatario recibe el llamado telefónico de un oficial de Carabineros de Valparaíso, quien le informa sobre la situación en el puerto. Acto seguido, Allende emite su primera declaración por radio Magallanes para informar al país del levantamiento en la Quinta Región.

Quince minutos después, son las Fuerzas Armadas las que emiten la primera proclama a través de las radios de oposición. Pero las opciones de comunicarse a través de esos medios se acortarían. Los militares destruyen los equipos de Radio Nacional y allanan la radio de la Universidad Técnica. En tanto, bombardean las torres transmisoras de radio Corporación y Portales.

Allende todavía confiaba en que el levantamiento se restringía sólo a la Armada, pero bastó un intento de contactar a los comandantes en jefe para que se diera cuenta de que las tres ramas estaban involucradas.

El Presidente alcanza a hablar brevemente en dos ocasiones al pueblo chileno, en respuesta a los bandos militares que exigían su rendición y abandono de La Moneda. Sin embargo, se niega rotundamente a salir del Palacio. Ni siquiera acepta el ofrecimiento de un avión que lo sacaría del país. Luego comienza a sentir los disparos de los enfrentamientos entre francotiradores y efectivos golpistas.

A las 09:20 horas Allende pronuncia su último discurso a través de radio Magallanes y con emotivas palabras se despide del país.

Poco más de una hora después, el mando militar da el ultimátum al Jefe de Estado: o abandona La Moneda o ésta será bombardeada. El Presidente pide a sus asesores y acompañantes que dejen el Palacio. Sólo unos pocos lo hacen, las mujeres –entre ellas sus hijas- se resisten, pero finalmente dejan el lugar.

Pinochet había ordenado que a las 11:00 horas los aviones Hawker Hunter de la Fuerza Aérea comenzaran el bombardeo a La Moneda. Sin embargo, un retraso demoró lo solicitado por el general.

Minutos antes de mediodía, los bombarderos de la FACh comienzan a descargar un total de 17 rockets, los cuales impactan el Palacio, provocando incendios en toda el ala norte.

Allende aún permanecía en el segundo piso de la casa de gobierno, mientras las tropas comienzan a atacar la planta baja. La situación al interior del edificio se complica porque además del humo de las llamas, los soldados lanzan bombas lacrimógenas.

Luego del ataque aéreo a La Moneda, los bombarderos fijaron como objetivo la residencia de Tomás Moro.

La resistencia de los acompañantes del Presidente apenas dura unos breves momentos. Las tropas no demoran en controlar el primer piso, obligando a la salida de quienes aún permanecían en su interior. En fila comienza el abandono del Palacio.

Eran las 13:30 horas y el Presidente Allende, asumiendo la derrota, se suicida.

La noticia de la toma de La Moneda es comunicada de inmediato a Pinochet. Bomberos se encarga de controlar los incendios del edificio y el cuerpo de Allende es llevado al Hospital Militar para la autopsia.

En otras partes de Santiago, se registran algunos enfrentamientos en los cordones industriales, los que se prolongan durante el resto de la tarde.

Los focos de resistencia que aún quedan en el país comienzan a caer rápidamente y se intensifican las operaciones de búsqueda de los opositores al régimen, quienes eran detenidos y recluidos en distintos lugares de detención.

A las 18:00 horas, el Comandante en Jefe de la Armada llega a Santiago y una hora después se reúnen en la Escuela Militar, por primera vez, Augusto Pinochet, José Toribio Merino, Gustavo Leigh y César Mendoza, quienes conforman la Junta de Gobierno.

De inmediato se declara Estado de Sitio en todo el territorio nacional y toque de queda.

Al día siguiente se firma el acta de Constitución, por la cual los comandantes en jefe se constituyen como junta para asumir el mando supremo de la nación con el compromiso de “restaurar la chilenidad, la justicia y la institucionalidad quebrantadas”.

Al principio se piensa en la posibilidad de que la presidencia de la junta fuera rotativa, pero al darse cuenta de que ello sería impracticable, firman el decreto ley que establece que la institución más antigua de las Fuerzas Armadas, el Ejército, encabece el gobierno militar.

Luego acuerdan repartir los ministerios clave entre las distintas ramas de las Fuerzas Armadas y partidarios civiles.

         
 
Los hechos
   
       
Términos y condiciones de la información © El Mercurio S.A.P.