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Felipe
Berríos era aún escolar cuando sucedió el Golpe
de Estado. Hoy, el jesuita que lidera la campaña "Un Techo
Para Chile", recuerda lo ocurrido a sus 17 años, cuando
vivía con sus padres y sus cinco hermanos .
Estaba
en 3° medio en el colegio San Ignacio de El Bosque. Me acuerdo perfecto,
estábamos en paro en apoyo del gobierno, en contra del gobierno...
llevábamos en paro como un mes, estábamos en paro indefinido
ya, y yo estaba en la cama, acostado, cuando temprano, debe haber sido
como las 8 de la mañana, salió mi papá del baño,
en calzoncillos, diciendo que “parece que hay golpe”.
Estábamos
todos en la casa porque había paro, en las universidades, en
el colegio... nadie había salido desde el domingo anterior al
golpe. Éste era un paro indefinido.
Al
principio de ese día escuchamos la radio, lo que se decía,
porque inicialmente no se sabía de qué magnitud era el
asunto. Después se supo que era por el lado de los militares.
Subimos al tercer piso de la casa, que quedaba en Las Palmas, al llegar
a Irarrázaval. Corrimos unas tejas y veíamos los aviones
que pasaban y de repente estos aviones se pusieron a bombardear, le
dieron el ultimátum a Allende por la radio... nunca creías
que lo iban a hacer, pero lo hicieron. Nosotros vimos el bombardeo,
yo vi los hawcker hunter, incluso vi los hawcker hunter bombardeando
el cordón de Vicuña Mackenna. Cuando después miré
hacia Vicuña Mackenna y vi los hawcker hunter disparando les
decía “miren, están disparando para allá”,
pero no me creían.
Estuvimos
mirando hasta pasado el bombardeo en la Moneda. Después de eso
pasaron bajo unos helicópteros puma con un tipo afuera apuntando
con la metralleta, entonces ahí nos dimos cuenta que era un poco
más grave. Además empezaron a caer gotitas de lluvia,
me acuerdo de eso, porque tuvimos que poner rápidamente las tejas
de vuelta al techo.
¿No
les dio miedo?
Es que uno era como inocente, como que uno no medía lo que estaba
pasando. Nunca los chilenos nos imaginamos que el golpe podía
ser como fue. O sea, no éramos los únicos que estábamos
asomados en los techos mirando lo que estaba pasando.
Nos
quedamos escuchando radio y .... voy a decir algo que jamás lo
he contado:
Donde trabajaba mi papá había un interventor puesto por
la Unidad Popular. Era un ex ferroviario bastante ignorante, con pocos
estudios. Creo que mi papá era el único ingeniero que
quedaba -todos los demás habían sido expulsados- y había
tenido alegatos bastante violentos con este interventor; incluso había
amenazado con golpes, y por supuesto con echarlo, así que la
vida era bastante tensa, porque en cualquier momento el papá
podía quedar cesante. Pero después de sucedido el golpe,
entre las personas buscadas que nombraban en la radio, estaba él,
lo llamaban a presentarse. No tengo muy clara la película, pero
tiene que haber sido uno a tres días después del golpe
que el papá nos juntó y nos dijo que le había ofrecido
acogerlo, darle asilo. Nunca pasó nada, el tipo se arrancó,
pero vivimos con esa tensión y es un recuerdo bonito de mi papá,
porque se trataba de una persona que era su enemigo político
y que sin embargo, en vista de la situación mi papá estaba
dispuesto a recibirlo con todo el riesgo que eso implicaba. Nunca se
me ha olvidado eso... es una lección muy grande que nos dio nuestro
papá, en momentos de dificultad, nunca olvidar a las personas.
Esa
noche dormimos, como toda la gente, por la tensión que uno vivió,
estábamos agotados, pero claro, hasta altas horas de la noche
escuchábamos disparos.
Me
acuerdo que todas las radios tenían música clásica.
Hasta hace poco uno escuchaba música clásica en la radio
y decía “esto es música del 11 de septiembre”,
porque fue característico, y el gobierno controló inmediatamente
los medios de comunicación, entonces uno se enteraba por las
noticias de sólo un aspecto del golpe, la versión oficial.
Teníamos una prima francesa por quien muchos meses después,
nos enterábamos de cosas que en realidad nos costaba creer y
que la historia demostró que era verdad.
Creo
que éramos una familia común y corriente, que se enteraba
a través de las noticias oficiales. No podías salir a
la calle, los parientes y gente conocida tenían las mismas versiones.
Políticamente
mi papá era independiente, pero en ese tiempo creo que no estaba
a favor del gobierno de Allende. Él trabajaba en la CTI, una
industria que había sido intervenida, pero al mismo tiempo, mi
papá era una persona muy abierta; entonces en mi casa no hubo
festejos ni nada de eso como compañeros de colegio que celebraron
con champaña; al contrario, hubo preocupación de lo que
podía pasar.
¿Esperaba
el golpe?
Había rumores de todas partes. El ambiente era súper violento
por ambos lados y yo estudiaba en un colegio de clase alta, pero con
esa diversidad de un colegio jesuita, entonces había hijos de
diputados y senadores de la UP y de diputados y senadores de oposición.
Era compañero de Jorge Burgos, por ejemplo. Había mucha
discusión y un ambiente súper polarizado: no te reías
de los chistes de algunos profesores porque eran de determinado lado,
politizado al máximo. Si salías con una chiquilla, tu
hermano preguntaba de qué partido político era, ésa
era la primera pregunta que hacían, antes de dónde estudiaba
o cómo se llamaba.
¿Y
qué pasó después?
Me acuerdo que cuando volvimos al colegio, yo tenía una profesora
de física que quería mucho, le decíamos “la
tía”, que también era profesora de la Universidad
Técnica, y nunca volvió. Era la primera persona desaparecida
que me tocó conocer directamente. Y muchos compañeros
de colegio que no volvieron porque sus papás eran de la UP. Y
ahí en el colegio me topé con compañeros cuyos
padres eran políticos y ellos sabían más de lo
que estaba pasando.
¡¡Qué ingenuo ah!!
Uno
poco a poco fue dimensionando el cuento. Creo que vivíamos una
sociedad que era muy violenta, pero a la vez muy humana, es difícil
explicar las dos cosas. El golpe fue bastante rápido y bastante
eficiente, sin embargo se nos hizo creer durante mucho tiempo que había
focos de resistencia, y que había generales que se habían
sublevado, entonces eso era confuso. Creo que después la historia
ha demostrado que en realidad fueron más bien rumores intencionados
para mantener a la ciudadanía quieta, pero en realidad el golpe
fue muy fuerte y rápido, no hubo mayor resistencia. Sí
uno escuchaba hasta altas horas de la noche las metralletas, sobre todo
donde yo vivía, uno escuchaba continuamente disparos a cada rato,
sobre todo después del 11. Después fue amainando, pero
a medida que se acercaba la noche, comenzaban.
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