|
El
economista, quien ocupara la presidencia del Banco Central en 1982 y
fuera dos veces ministro de Augusto Pinochet (Hacienda, 1983-1984 e
Interior, 1988-1990), tenía 32 años el 11 de septiembre
de 1973. Estaba casado y era padre de tres hijos.
Mientras
su familia estaba en Viña del Mar, él terminaba un curso
de Administración de Empresas que daba la Universidad de Harvard
en París. Allí llegó al día siguiente del
tanquetazo, el 30 de junio, “por lo que tampoco viví los
últimos días del gobierno de la Unidad Popular en Chile”,
relata.
Una
vez concluido el programa, que duraba alrededor de dos meses, estuvo
en Londres y Escocia, visitando a un amigo que estaba a cargo de la
construcción de unos submarinos. Desde ahí se trasladó
a España a visitar a algunos amigos en Barcelona. Fue allí
donde vivió el 11 de septiembre.
Ese
día 11 en la mañana tuve algunas reuniones con diferentes
empresarios. Tipo 11 de la mañana me llama mi amigo Santiago
Paulman, para decirme que en la televisión estaban dando noticias
respecto de un eventual pronunciamiento militar en Chile.
De
ahí nos fuimos inmediatamente a su casa, prendimos la televisión
y estuvimos prácticamente todo el día incorporados escuchando
todas las noticias y observando qué era lo que estaba aconteciendo.
Me
acuerdo de haber visto La Moneda con la bandera chilena que estaba prácticamente
incendiándose. Esa imagen la tengo muy grabada porque la mostraron
muchas veces. La información inicial era muy desordenada: no
se sabía quién estaba dirigiendo el pronunciamiento militar,
no se sabía cuáles eran los miembros de la eventual Junta
de Gobierno; en un principio no se sabía tampoco del suicidio
de Salvador Allende. Todo eso se vino a saber bastante más tarde
en el curso del 11, tipo media noche, 2 de la mañana de allá.
La
impresión que tuve fue primero de una alegría, porque
se estaba terminando el gobierno marxista y venía el inicio de
un nuevo gobierno de país. Yo estaba totalmente convencido de
que no había otra salida para el país que un régimen
militar, por lo tanto, en ese momento un reconocimiento a quienes llevaban
a cabo el pronunciamiento.
Simultáneamente
sentía una preocupación ya que toda mi familia estaba
en Chile, en Viña del Mar, y no sabía efectivamente qué
era lo que estaba aconteciendo. Se hablaba de desórdenes, de
violencia. No tuve contacto con ellos hasta casi diez días después.
Ese
día traté de llamar por todos lados, pero estaba todo,
todo cortado.
Aunque
tenía pasajes para regresar a Chile el 12, no pude volver porque
estaban todos los viajes suspendidos. Al día subsiguiente me
vine a Buenos Aires pensando que desde ahí iba a ser más
fácil la llegada a Santiago. Lamentablemente no fue así
y tuve que quedarme en Argentina cerca de una semana antes de poder
regresar definitivamente a Chile.
La
primera comunicación que tuve con mi familia fue indirecta, desde
la embajada de Chile en Argentina. A través de un periodista
japonés a quien serví de intérprete, le mandé
un saludo muy especial a mi señora quien estaba convencida que
yo estaba en Lima.
|