Durante
su trayectoria ha destacado en innumerables obras de teatro, cine y
televisión. Paralelamente ha desempeñado una importante
carrera docente que culminó como directora de la Escuela de Teatro
de la Universidad Católica. Actualmente está retirada.
Tenía
40 años y vivía en la calle Ejército. Estaba con
mi madre, con uno de mis hermanos y las dos personas que trabajaban
en la casa. Me acuerdo que estaba escuchando a la Carmen Puelma en la
Radio Agricultura y de repente se cortó la transmisión.
Comencé a buscar otras radios y alcancé a escuchar las
últimas palabras de Allende. De eso me acuerdo.
Después
vino el bombardeo, subimos a la terraza y ahí vi como pasaban
los aviones. Yo era una persona bastante contraria el régimen
de la Unidad Popular, había estado en cuanta marcha existía,
pero en ese momento al verse bombardeada la Alameda me dio un vuelco
muy grande.
Me impresionó
mucho y, a pesar de que a veces pensaba que Allende iba a renunciar
con esta cosa, que iba a ser algo muy transitorio e iba a llegar el
momento de los arreglines políticos entre las cúpulas;
al ver la junta después en televisión con sus anteojos
negros y una gran frialdad, me dio un vuelco bastante grande.
Ahí
me sentí totalmente ajena al golpe militar. Estábamos
todos impactados, bombardear La Moneda es muy fuerte, sobre todo porque
nadie lo esperaba.
Me acuerdo de una cosa muy impresionante, que hasta el día de
hoy me arrepiento como persona, como ser humano, porque uno es muy cruel.
Salí a la calle y en ese momento pasan dos connotados periodistas
de izquierda, muy apurados, momentos antes de que comenzara el bombardeo.
Iban corriendo a sus casas ya que vivían cerca de la mía,
y yo les dije: “Ahora están corriendo, se cambiaron las
cosas y ustedes querían que nosotros corriéramos”.
Fue una crueldad. Uno le está pegando al caído en ese
momento. Son reacciones muy estúpidas de las cuales uno después
se arrepiente para el resto de la vida.
Ese día no fuimos a ningún lado ya que había toque
de queda y puros “congrios”, como llamamos a los conscriptos,
mocosos chicos con las caras pintadas y con fusibles que ni los sabían
manejar. Además estaban más nerviosos que uno ya que no
sabían ni dónde estaban parados.
Esa fue la impresión que me causó ese día. Posteriormente
al ver todas las brutalidades que hacían con los derechos humanos
me fui en contra. Es que uno pensaba que esto iba a durar seis meses,
no 17 años. Eso me dio un vuelco muy grande en mi concepción
en cuanto a lo que es la vida humana, lo más importante que hay,
y que ninguna ideología sea cual sea, puede llegar a producir
la muerte a otra persona porque ésta no piensa igual.
Frente a mi casa había un grupo de cubanos que vivía en
un departamento, y me acuerdo patente que en las elecciones de Alesandri
con Allende y Tomic, nosotros teníamos un cartel de Alesandri.
En mi
casa nosotros éramos muy alesandristas, y al frente estaban con
los retratos de Allende. Nos gritábamos y nos decíamos
muchas cosas, eran muy simpática las reacciones, pero fue terrible
porque ese día no los volví a ver nunca más. Tenían
un perro precioso, un San Bernardo y ese perro se paseaba sólo.
Hasta el día de hoy pienso qué será de esos muchachos,
se arrancaron, pudieron escapar, fueron muertos? Después también
el perro alguien lo pescó y desapareció. Eso también
son imágenes que uno tiene muy fuertes, porque a pesar de que
éramos contrarios en cuanto a ideología y nos gritábamos
por la ventana “Miristas desgraciados, tal por cual”, era
sólo una cosa de diferentes pensamientos políticos, pero
jamás un pensamiento de odio entre uno y otro, sino una relación
hasta divertida, había una cosa de humor, nos gritábamos
mutuamente.
Tuve muchas amistades por mi ambiente de teatro, de gente que fue tomada
presa, torturada, desaparecida. Todas esas cosas van marcando mucho.
Estaba haciendo una película que la dirigía Pablo de la
Barra en pleno agosto del ’73. Era una historia de una madre muy
‘momia’ que tenía un hijo mirista y que se iba a
tomar una fábrica. Nunca vi la película porque la quemaron
y se la llevaron a Argentina. Pero ahí estaba conviviendo tranquilamente
con gente de ultaizquierda y yo era de derecha. Compartíamos
un proceso artístico, nos unía el arte, había una
convivencia de respeto en el trabajo y no esta polarización espantosa
que se produjo por los políticos. Después fue muy doloroso
porque mucha de esas personas con las que estuve trabajando estuvieron
presas. Gracias a gestiones que hicimos con Jaime Guzmán salieron
todos al exilio, se salvaron. Hay toda una serie de cosas que emocionalmente
y racionalmente no podían ser.
Ahora creo que la responsabilidad fue de todos, de uno y otro lado,
para que se haya producido esto en Chile. Por todas partes había
estupidez, porque no tiene otro nombre. Por el afán de dominar
nos metieron un odio que empezó mucho antes del ‘70, creo
que el ‘65 ya con Frei y con toda la Reforma Agraria se fue incubando
esa cosa que llegó a esta locura. Pienso que ahora cuando la
gente habla de que tienen que pedir perdón, de hacer gestos,
creo que no sacamos nada con pedir perdón porque todo Chile tendría
que pedir perdón, por uno y otro lado, porque todo cometimos
errores, todos. Y en vez de pedir perdón lo que uno debería
hacer es perdonar, porque el perdón nace del corazón pero
el perdonar es difícil. Y Cristo no le dijo a nadie en la cruz
‘pídanle perdón’, sino que dijo ‘perdónenlos
porque no saben lo que hacen’.
A mi me dio angustia de adónde iba a parar esto. Lo que uno estaba
esperando (antes del 11) es que parara este régimen (el de Allende),
que realmente era un caos, estábamos en plena guerra fría,
con Fidel Castro metido acá no sé cuanto tiempo...yo creo
que fue una locura una demencia todo lo que pasó. Una tropa de
inconscientes. Todos decíamos ‘¿qué era esto?’,
fue demasiado brusco el cambio, demasiado terrible.
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