La ex presidenta del Partido Comunista de Chile tenía 30 años en 1973, época en que ocupaba el cargo de Secretaria General de la Juventud Comunista.

Me acuerdo casi perfectamente lo que fue el 11 de septiembre de 1973. Un acontecimiento de ese tipo no se te puede borrar jamás en la vida, jamás, porque además durante estos 30 años se ha revivido constantemente.

Había llegado a Chile dos días antes del Golpe Militar. Estaba en el Festival Mundial de la Juventud en Berlín, que era la capital de la República Democrática Alemana al que fueron miles de jóvenes de todos los países del mundo. De aquí fue una gran delegación chilena, más de 200 jóvenes.

Llegamos a ese festival en Julio con un mensaje de Pablo Neruda, porque ya la situación en Chile estaba muy difícil, veíamos que había todo un intento para derrocar al Gobierno de Allende, todos los días sucedían atentados. Neruda mandó un mensaje a todos los jóvenes del mundo donde pedía solidaridad con el Gobierno de Allende. Después de eso recorrí muchos países, entre ellos Vietnam, Francia e Italia, planteando lo mismo.

Cuando regresé el sábado 8 en la tarde -el Golpe fue el día martes- alcancé a estar en mi casa, ordenar algunos papeles y el lunes salí a reunirme con la dirección del Partido Comunista.

Participé ese lunes en la tarde en una reunión del comité central del partido donde se informó que la situación estaba difícil, pero nadie dijo nada de un golpe, porque nadie sabía que iba a haber un golpe. Jamás que yo recuerde alguien habló de algún levantamiento que fuera a comprometer a todas las cúpulas de las Fuerzas Armadas y menos que iba a ser de la violencia con que se realizó. Eso revela que no es cierto que en Chile hubiera causas tan profundas que justificaran el golpe militar. Falso, en Chile había problemas, había provocación de problemas, pero no había un clima que justificara la violencia que hubo.

El 11 en la mañana nos levantamos con Jorge, mi compañero y esposo, y los niños se fueron a la escuela que estaba en la plaza Ñuñoa. Yo vivía cerca de Chile España, en la calle Cervantes. Empezamos a escuchar noticias de que algo estaba pasando en Valparaíso, de que la Armada se estaba moviendo.

Jorge me dijo: “me voy a lo mío”. Él era Secretario Regional Metropolitano del partido y yo era la Secretaria General de las juventudes comunistas.

A mí me vino a buscar una camioneta del partido y Jorge salió en auto.

Entonces lo primero que hago, con mi actitud clarísima de que había que defender a Allende, es ir temprano -llegué a eso de las 8:30 de la mañana- al local del Comité Central del Partido Comunista que estaba en Teatinos 416, en la esquina de Compañía. Ahí me encontré con que el local estaba con muy poca gente, por lo menos la dirección del partido no estaba. Yo pensaba que me iba a encontrar con la dirección política del partido, pero no. Me encontré con el compañero Américo Zorrilla, que había sido ministro de Hacienda, y no había más gente. Eso me demuestra que la dirección del partido sí preveía algo, pero no nos comunicaron a todos.

Llegué ahí y ya Allende había hablado por radio Magallanes, habló como tres veces. La primera vez fue temprano. Entonces a mí me dicen ahí que tengo que hablar a nombre del partido, ¡yo que venía llegando de fuera del país! Estaba convencida que tenía que defender a Allende con todo, con la vida, con lo que fuera, y después me doy cuenta que los partidos de la Unidad Popular se repliegan, aunque el pueblo resistió, luchó, las juventudes, los estudiantes.

Entonces llamo a defender al Gobierno de Allende por la radio Magallanes. Llamé a resistir. Con mis palabras de Secretaria de la Juventud del partido llamé a resistir, a defender a Allende, a salir a la calle, estaba convencida de eso. Creo que yo de ahí me habría ido a La Moneda, lo digo sinceramente porque esa era mi actitud.

Después de eso me comunicaron que la dirección del partido estaba en otra parte, en la calle Vergara, justamente en el regional donde Jorge Muñoz, mi compañero, era secretario político. La dirección había tomado la resolución, yo no la sabía, de reunirse en otra parte. Llegué cuando ya la reunión había terminado, y vi salir a Corvalán y a todos los dirigentes, y me dicen que la dirección del partido se había dividido en dos grupos para accionar y que yo pasaba a ser parte del grupo de Víctor Díaz y José Oyarce, entre otros compañeros, y que tenía tal dirección. De acuerdo a cómo ocurrieran las cosas, tenía que recurrir a esa dirección. Todo el mundo se fue.

Pasé las horas que siguieron en un local de la calle República, donde ahora está la universidad Andrés Bello, allí teníamos un local inmenso. Ahí me quedé y empezamos a saber, Allende hablaba y empezaban a bombardear La Moneda.

Durante ese rato me empiezan a llamar por teléfono desde la Universidad Técnica, hoy día la USACH, donde estaban todos los estudiantes, estaba Víctor Jara, estaban todos nuestros dirigentes, estaban los profesores, porque ese día se recibía a Allende ahí. Él iba a anunciar el llamado a plebiscito, por eso se adelantaron los golpistas, porque Allende iba a llamar a plebiscito, y a mí me consta. A mí me llamó por teléfono mucha gente preguntándome qué hacían, si se iban o se quedaban allí. ¡Yo les dije que tenían que quedarse! De ahí se los llevaron presos a todos, entre ellos a Víctor. Asumo mi responsabilidad, ¡es que yo no tenía otro pensamiento que defender a Allende!, yo creo que era lo que correspondía, que no había otra forma.

Pasaba la hora y empiezan a decirme que de seguro iban a registrar el local, así que tenía que irme, pero ¿dónde me voy?, dije, y me resistía.

Empiezan a dictar los bandos de la junta militar. Creo que como a las dos de la tarde yo me retiré del local de la juventud y me llevan a una población de la zona sur, una población muy, muy modesta.

Primero pasé por la casa de la madre del director de Inti Illimani, de la mamá de Horacio Salinas, donde me prestan algo de ropa, me prestan un pañuelo para ponerme. Ya andaban registrando todas las casas y empieza la locura, eso que nosotros nunca imaginamos, empieza el terror fascista, y es como si un día el cielo se te cayera en la cabeza, se te destruyó todo. Yo creo que debo haber llamado en un minuto a mi casa, debo haber llamado y le digo a la nana (Ofelia Hernádez), que era como mi mamá, que vaya a buscar a los niños (Rodrigo y Álvaro) y se los lleve a la casa de mis suegros que vivían cerca, en calle Holanda.

Después de eso me llevaron a la población muy modesta en una casita muy pobre. La familia tenía una o dos camas, y niñitos chicos. Me prestaron un delantal y un pañuelo para el pelo. Esa noche dispararon como locos, mataron en esa población. La gente de esa población Clara Estrella me salvó a mí, me salvó. Porque después vino el mando militar, requerían a las 100 personas más buscadas y yo estaba en la lista.

¿Sintió temor?
Yo no creía, pensaba que esto iba a pasar, que era una pesadilla. Siempre pensé que al día siguiente algo iba a pasar, que el pueblo iba a resistir. Yo no creía, el terror fue fulminante, como que te cortan y empieza la matanza.

En varios días no tuve contacto con el resto de la dirigencia del partido, incluido mi esposo. El 18 de septiembre fui a la casa donde estaba Víctor Díaz y encontraron que era una imprudencia mía. Fui y andaba lo más disfrazada del mundo, parecía una mujer muy sencilla, con un delantal, un pañuelo en el pelo y unos lentes ópticos muy gruesos.

Llamé a una hermana para que fuera a mi casa y viera como estaban los niños donde mis suegros. Supe que habían allanado mi casa y que se habían llevado detenida a mi nana

Ellos instalaron el terror. Todos teníamos miedo, pero había que actuar. Yo estaba convencida, yo no paré en ningún minuto. Redacté de puño y letra manifiestos que sacaron al extranjero, hicimos volantes, y queríamos hacer actos contra las FF.AA. el 18 de septiembre.

¿Pensó que la junta iba a perdurar en el poder?
Yo pensaba que el pueblo se iba a recuperar, y que íbamos a luchar y se iba a echar rápidamente abajo al Golpe, yo pensé así. Después cuando empezaba a escuchar y leer todos los días que mataban a amigos míos que allanaban las casas, y clausuraron todo...fue espantoso.

¿Qué pasó cuando se enteró de la muerte de Salvador Allende?
La vida se me partió en dos. Allende para mí significaba mucho. Yo ingresé a la política como comunista, pero allendista, yo soy allendista, yo tengo en mi ideario político las ideas de Allende, la actitud de Allende, él fue un hombre tremendamente leal con el pueblo. Además estuvo muy cerca de la juventud, a nosotros nos consideraba mucho, no para el halago, nosotros nunca estábamos en cosas oficiales de gobierno, nunca, pero estaba con la juventud. En las palabras finales de Allende él se dirige muy bien a la juventud, no se dirige a los partidos políticos.

Para mí la muerte de Allende fue una cosa muy fuerte, nos quedamos sin el Presidente, sin el compañero...su grandeza es tremenda, por eso nadie tiene derecho a desfigurar lo que fue Allende completo, a convertirlo sólo en un soñador o un idealista....Allende estuvo comprometido con el pueblo, cuántas campañas no le montaron, pero él resistió, él tuvo el cariño del pueblo.

Y después a empezar a girar por las casas, te aguantaban un día y tenías que salir porque había gente a la que le daba temor que uno estuviera en las casas, entonces andaba de casa en casa, pasaban muchas cosas, pasaban días enteros con mucha hambre. Después me dan la orden de asilarme, y yo digo “no, yo voy a vivir aquí, pelear y morir aquí”. Para mí era un ejemplo Allende, a mí me dio la capacidad para resistir los 17 años de dictadura, los durísimos cuatro años en el exilio, porque el exilio fue horrible para mí, fue una noche gris, yo no tenía vida en el exilio aunque volaba por el mundo.

En lo personal fueron 17 años de vida que me arrancaron, que ya no se recuperan más, y fueron los años en que era joven. Hay que tener un gran amor a la vida para seguir viviendo, para que no nos comiera ni la pena y tuviéramos confianza en el porvenir, por eso es que yo me río de aquellos que dicen que uno se quedó en el pasado, si me hubiera quedado en el pasado estaría muerta de pena enterrada en un hoyo. Yo siempre he pensado en Allende, en Jorge, mi compañero como una proyección de vida.
 
Fotorama
Gladys Marín
Ex presidenta del Partido Comunista de Chile
       
 
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