Participa con frecuencia en los más selectos eventos de la vida social chilena. Fue presidenta de la Corporación Amigos del Arte, de los Amigos del Teatro Municipal y es firme partidaria del gobierno de Augusto Pinochet.

Sus recuerdos del 11 de septiembre, cuando tenía 40 años, transitan entre la preocupación, por su marido, y la alegría, por el fin de un gobierno que, según su opinión, había llevado al país a la destrucción:

“Estaba en mi casa y me enteré por mi marido a las 1:00 de la madrugada que ése iba a ser el día, porque mi marido (Jorge Jarpa) en ese minuto estaba a cargo del sindicato de pilotos de Lan y él debía coordinar a los pilotos que habían aceptado volar los aviones ese día, para trasladar a las personas de un lugar a otro. Entonces él tenía citado en nuestra a casa, a un número importante de estos pilotos, que llegaron como a las 3 de la madrugada. Me despertó entonces como a las 1:00 para contarme qué estaba pasando, yo no tenía idea”.

“No tuve angustia ni miedo, porque cuando uno quiere que suceda algo, como era el termino de un gobierno que había destrozado al país, se siente una sensación de alivio y gran preocupación, porque uno piensa en las personas que pueden caer heridas, por la batalla que se iniciaba. Estábamos al final de un camino, la cosa ya no daba para más”.

“De alguna manera todos queríamos o la gran mayoría de los chilenos queríamos que eso sucediera, porque el país estaba destrozado absolutamente, todos debemos acordarnos que tres días antes el Presidente Allende había dicho que no había más pan. También debemos recordar que en el país no había prácticamente nada que comer. La gente estaba esperando que sucediera algo”.

“Mi primera reacción fue pensar ‘al fin’ y luego, cuando mi marido me contó que tenía esta misión, fue de una gran preocupación. Él lo único que me dijo fue que no saliera nadie, que no saliera ningún niño de la casa y que él trataría de comunicarse conmigo en algún minuto”.

“Al poco rato que él se fue, me levanté y alguien me dijo que escuchara una radio, no recuerdo bien cual era, a la espera de escuchar alguna noticia. Llamé a tres personas cercanas a mí, que vivían a dos cuadras, para que no salieran, sin explicarles la razón, ellos tampoco me preguntaron pero después me contaron que habían entendido que algo pasaba.

“Luego desperté a mis hijos, les conté lo que pasaba, los mayores entendieron y nos quedamos ahí, porque no podíamos hacer nada más. Mis hijos estaban al tanto de que estábamos en un momento muy difícil, sabían que la cosa ya no daba más y por lo mismo a mi me gustaba que nos acompañaran a hacer las colas para que vieran lo mal que estábamos”.

“Una de las primeras cosas que escuché en la radio, cuando la emisora comenzó a emitir noticias, fue que pedían a la ciudadanía no moverse de sus casas. Me quedé todo el día pegada a la radio escuchando noticias, como todo Chile”.

“Yo no supe de mi marido hasta 4 o 5 días después. Pero tenía confianza por lo que escuchaba en la radio.”

“Vivía en Las Condes y el comentario de todos en mi barrio era que estaban felices de que termináramos con un gobierno que había destruido el país, que nos habíamos quedado en Chile para defenderlo. Mi marido y yo tuvimos la opción de irnos y no quisimos.”

Sobre el bombardeo al palacio de La Moneda, recuerda que: “Todas las imágenes impresionaban, pero también me impresionó el extraordinario entrenamiento de los soldado, porque en los alrededores fue muy poco el daño que hubo, porque una bomba mal lanzada en ese minuto hubiera pulverizado La
Moneda.”
Fotorama
Mary Rose Mac Gill
Ex presidenta de Amigos del Arte
       
 
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