Periodista del área internacional de Televisión Nacional. Conductor del programa “Informe Especial”, reconocido por su trayectoria en la cobertura de conflictos internacionales, como los desarrollados en el Golfo Pérsico, Afganistán, Serbia y Medio Oriente, entre otros.

Tenía como 22 ó 23 años el 11 de septiembre de 1973. Era periodista de Televisión Nacional, y ya cubría el área internacional.

Mi señora, Sonia, era la maquilladora del canal y tenía un turno de muy temprano, así que ese día yo debía llevar a mi hija pequeña, de dos o tres años, a la sala cuna. Partí como a las 9 y media de la mañana, sin tener idea de lo que estaba pasando, estaba de lo más desinformado.

En la micro escuché a una persona que hacía un comentario: ‘ligerito van a comenzar a caer las píldoras’, pero yo estaba preocupado de mi guagua.

Llegué a la sala cuna, en La Reina, y obviamente estaba cerrada. Ahí me enteré de que había golpe de estado y yo estaba absolutamente desinformado.

Reaccioné con una gran emoción. Nunca imaginé que se iba a llegar a eso; yo amaba la historia de Chile, pensé que se podría solucionar de otra manera. A mí el gobierno de Allende no me gustaba, para nada, sentía que en el canal había un tremendo sectarismo.

Una vez que me enteré de lo que sucedía, decidí regresar a mi casa, en la villa Portales. Mi mujer también había regresado del canal. Ella me contó que iban a bombardear La Moneda y a mí me dieron unas ganas tremendas de estar ahí para ver qué es lo que iba a pasar.

Como ya iban a bombardear, me dije ‘tengo que ver algo’, así que no se me ocurrió otra cosa mejor que subir a la torre de agua de la villa. Subí, rompí una cerradura, llegué arriba y ahí observé el bombardeo a La Moneda. Los aviones picaban, lanzaban los rockets, picaban en subida, todos los detalles.

Cuando terminó, bajé y me despedí de mi mujer, y partí caminando hacia el centro. No había movilización colectiva ni taxis. Antes había llamado al canal, pero no había nadie, estaba la escoba. Caminé alrededor de 40 minutos por la Alameda y llegué hasta el ministerio de Educación.

Había poca gente y yo trataba de observar. Ahí vi como un helicóptero, un Puma, ametrallaba el ministerio de Educación.

Los militares no me dejaron acercarme más a La Moneda. Yo escuchaba explosiones, creo que habían incendiado la sede del Partido Socialista.

Mostré mi carné de prensa para poder avanzar un poco, pero no me permitían seguir por la Alameda. Entonces me fui por Amunátegui; corría siempre tratando de acercarme al Palacio para ver qué es lo que había pasado.

Incluso llegué a la Plaza de Armas y de nuevo torcí para bajar por Estado o Ahumada. En ese momento, apareció un vehículo, un Impala grande, donde venían unos hombres armados y un oficial de la Armada que era amigo mío.

Era Magno Muñoz, periodista y además teniente. Fue el primer marido de Patricia Politzer (actual presidenta del Consejo Nacional de Televisión). Yo los conocía a ambos.

Entonces Magno me dice que estoy loco, que cómo andaba en el centro, ‘te van a matar’, pero yo le respondí que no estaba reporteando, que estaba conociendo, ver qué pasaba. Me trató de loco y me metió en el auto. Adentro estaban estos tipos armados con ametralladoras.

Y partimos en busca de un brasileño, pero no para arrestarlo ni nada, íbamos a buscarlo, no sé quién sería, un profesor, no sé si consultor o asesor de los marinos.

Llegamos a la casa, en Vitacura, y el brasileño salió y pidió que lo esperáramos un rato. Se demoró un poco, salió y partimos de vuelta al centro, al ministerio de Defensa. Eran como las 3 y media.

Todavía no sabía de la muerte de Allende, sólo escuchábamos los bandos en la radio.

En realidad yo me sentía raro, porque iba en ese vehículo con Magno, con el brasileño, no hablaban mucho tampoco. Era una situación rara.

Y llegamos al ministerio de Defensa, frente a La Moneda, que todavía estaba humeando. Y Magno dice ‘bueno ya, chao, chao’ y nos despedimos. El subió con el brasileño y yo me quedé un rato frente al Palacio, mirando, y de nuevo traté de acercarme, pero no pude y me tuve que devolver por la Alameda caminando, hasta Ecuador, de vuelta a la villa Portales.

Allá me enteré que Allende había muerto, ya todos sabían.

Al día siguiente se realizó un operativo en la villa Portales, porque desde ahí habían disparado contra unas columnas militares. Llegaron unos milicos que apuntaban contra los departamentos. Allanaron las casas, incluida la mía. Y yo tenía libros de marxismo, por cultura y porque en la universidad había participado mucho en política y debates.

Pero no se me ocurrió por nada del mundo quemarlos. Había otra gente que decía que había que quemar los libros. Pero a mí me revisaron y no pasó nada. Recién al tercer día pude volver al canal.
Fotorama
Santiago Pavlovic
Periodista
       
 
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