La misión pastoral más difícil de monseñor Christián Precht, actual vicario de la Zona Sur de Santiago, comenzó después del 11 de septiembre, cuando le tocó ser el primer director de la Vicaría de la Solidaridad, entre 1976 y 1979. Sin embargo, los recuerdos de ese día aún están frescos en su memoria.

“El 11 de septiembre de 1973 yo era vicario cooperador de la parroquia Santa María Magdalena de Puente Alto. Vivíamos días muy tensos. Junto a mi párroco que era el padre Andrés Labbé y al párroco de la parroquia principal de Puente Alto, que era el padre Pinedo, habíamos celebrado poco tiempo antes una misa pública para establecer a Puente Alto como territorio de diálogo, porque había tanta tensión entre unos y otros que era muy difícil conversar”.

“Todos nos imaginábamos que algo podía pasar, no sabíamos que, si un golpe de estado, si un auto golpe, pero había una situación crítica que, sin saber mucho, debía terminar de alguna manera.”

“A las 8 de la mañana del día 11 escuchamos en la radio el primer comunicado de la que sería la Junta de Gobierno y nos dimos cuenta de que algo comenzaba a pasar.”

En ese momento nos sobresaltamos, fueron momentos raros, tampoco teníamos experiencia en golpes de estado. Lo siguiente fue ver aviones que pasaban a vuelos muy bajos, no rasante, pero volando bajo y nos subimos al techo de la casa, ahí nos dimos cuenta que estaban bombardeando la antena de la radio Magallanes, que si mal no recuerdo estaba por ahí por La Florida.

Salimos a la calle y fuimos a la plaza de Puente Alto, allí vimos que se bajaban militares de camiones, armados, que había mucho nerviosismo, gente que caminaba en distintas direcciones.

La impresión más grande fue, creo que estábamos en la plaza todavía, cuando a eso de las 12 se corrió la noticia de que el Presidente Allende estaba muerto. Ese momento fue como despertar de una situación confusa y nos dimos cuenta de que las cosas iban muy en serio.

Lo que más recuerdo de ese día son las noticias, los aviones, el bombardeo a La Moneda, la muerte del presidente Allende, la confusión, el toque de queda muy temprano.

Fue muy difícil porque comenzaron las detenciones, por otra parte había familiares de militares, de jóvenes que hacían el servicio y que los papás también querían saber de ellos. Sobre todo era un ministerio de presencia, de animación, de consuelo.

Los días posteriores nos tocó esconder algunas personas en la parroquia, nos tocó recibir armas que la gente traía, pero ninguna arma seria, creo que sólo recibimos una, el resto eran puro mata gatos.

Desde el 12 de septiembre, por la tardes, salimos a visitar personas que, nos llegaba la noticia, estaban con dificultad, personas que no sabían de sus esposos o de sus hijos y visitábamos casas tanto de personas vinculadas a la Unidad Popular como a familias de militares, porque en Puente Alto había un regimiento y había familias que no sabían a que guarniciones habían llevado a sus hijos.

El ambiente era tenso, era difícil. Fueron días realmente duros, agitados, que seguían un tiempo que había sido de mucha confusión.
Fotorama
Cristián Precht
Sacerdote
       
 
Términos y condiciones de la información © El Mercurio S.A.P.