Senador de la Democracia Cristiana (DC) y actual presidente de la Cámara Alta. Fue subsecretario de Hacienda y ministro de Economía durante el gobierno del ex Presidente Eduardo Frei Montalva, presidente de la DC (1975-1982) y de la Internacional Demócrata Cristiana. Cuando ocurrió el golpe de 1973 tenía 37 años. En 1980 se exilió en Madrid, España, donde permaneció tres años.

El día 11 de septiembre, si bien fue una sorpresa despertarme con la noticia del golpe, era un hecho que todos estimábamos posible. Y por eso cuando la noche anterior fui a mi casa, y me encontré con que estaban todos los dirigentes sindicales de El Salvador, tenía la sensación de que podía pasar cualquier cosa. Porque el día anterior, estando en el Senado, a la hora del té, me dijeron que había una persona esperándome. Y me encontré con una persona de civil, en las oficinas del Senado, que me dijo que el día siguiente iba a ser el golpe. Pero no le di ninguna importancia. Nunca supe quién era.

Cuando llegué a la sala de senadores les conté que había tenido esa conversación y todos nos reímos un poco diciendo: “Siempre vienen a decir este tipo de cosas”.

La situación estaba muy tensa, porque el domingo se había producido el famoso discurso de Carlos Altamirano, y esa noche cuando llegué a mi casa y me encontré con los dirigentes sindicales, recordé la conversación con esa persona y me dije “a lo mejor hay algo...’’ y le dije a los dirigentes ustedes tiene que irse al Salvador. Y me dijeron “no podemos irnos porque no tenemos bencina”. Yo les trasladé bencina de mi vehículo y los convencí de que tenían que irse porque las cosas estaban muy difíciles.

Esa noche partieron y yo me acosté. Y no le dije nada a mi señora de esto. Dormí bien porque quedé descargado de una inquietud que tenía. Y en la mañana cuando me despertaron a las siete de la mañana.... -me despertó el encargado de seguridad del partido- me dijo que estaba escuchando el golpe por la radio y que me iban a pasar a buscar para que me fuera con mi familia al lugar donde habíamos acordado.

Y cuando sonó el teléfono, y me dieron ese recado, para no quedar como una persona que estaba fuera del tiempo, le dije a mi señora lo que estaba pasando. En ese momento tomamos la decisión de cambiarnos de inmediato y nos fuimos a la casa de un amigo personal que es de derecha, ubicada en la comuna de Vitacura. Era un gran amigo nuestro y su señora nos quería mucho.

Pero era un poco compleja la situación porque la gente de ahí era muy proclive al golpe. Estaban muy contentos y yo personalmente estaba muy preocupado, porque empezamos a tomar contacto con el resto de los dirigentes del partido para saber lo que estaba sucediendo.

Tuve dos momentos complicados en esa espera. Primero la tensión de no saber exactamente lo que estaba pasando, salvo lo que se decía en los bandos oficiales Segundo, el hecho de la muerte de Allende me impactó mucho porque cuando se transmitió que se había suicidado y el bombardeo a La Moneda, me hicieron reaccionar muy críticamente delante incluso de mis amigos, en el sentido de que esto iba mal. Mi impresión era de que era excesivo. Yo no era partidario del golpe sino de una salida institucional. Incluso fui partidario de renunciar a mi cargo de senador con el objeto de hacer un plebiscito, cosa que nunca se pudo lograr porque en el mundo de la UP nunca hubo acuerdo y ni el propio presidente Allende pudo imponerlo.

Ahora, lo que sí es cierto, es que si bien uno no era partidario del golpe estaba absolutamente consciente de que el golpe iba a venir de todas maneras porque la situación era excesivamente crítica, tanto desde el punto de vista económico como político. Y además las tensiones y violencia que había en la sociedad eran brutales. Yo estaba convencido de que el golpe se iba a producir en cualquier momento porque se había producido realmente un vacío, y más convencido quedamos cuando fracasaron los diálogos.

Mucho se ha dicho de que la gente era partidaria o no del golpe. Dentro de la Democracia Cristiana, yo creo que la gente no es que fuera partidaria, sino que no veía otra solución. Lo que sí es cierto, es que cuando se produjo mucha gente lo aceptó porque era algo que de todas maneras iba a venir. Además, todos creímos que después iba a restaurarse la democracia con rapidez y que podría buscarse una salida de orden institucional.

Nunca creí que iba a pasar lo que pasó. Mi situación más crítica con el gobierno de Pinochet se produjo al corto plazo. Yo era miembro de la directiva de mi partido y los primeros roces se produjeron a los 60 días de haber asumido. Se produjeron incidentes como la clausura de la radio Balmaceda, la detención de dirigentes nuestros y además estaba muy impactado por todos los actos de violencia innecesaria que se produjeron a los cuatro días después del 11: la detención de gente en el Estadio Nacional, el tema de la isla Dawson... Todo eso me provocó una reacción muy negativa.

El 11 sentí una sensación de inseguridad. Se sentían balaceras, nos tuvimos que tender en el suelo con los niños y recuerdo que en un momento dado se apersonó una patrulla de la Fuerza Aérea y mis amigos trataron de esconderme. Yo me mantuve en una sala y la patrulla entró en un momento y me vieron, pero no pasó más que eso.

Pero la parte más crítica fue la noche del lunes, porque hubo muchas balaceras, y se sentía permanentemente el sonido de las ametralladoras. Ahí uno sentía una sensación de inseguridad muy grande y de temor. En esa casa nos mantuvimos cuatro o cinco días. Mis hijas estuvieron todo el tiempo conmigo. Yo tuve que salir de esa casa a una reunión que hicimos al día siguiente del 11 cuando fue precisamente la declaración de los 13 democratacristianos. Al día siguiente salimos a la casa de Héctor Valenzuela, que era diputado, y tenía su casa en Martín de Zamora con Américo Vespucio. Y luego tuvimos una reunión en una capillita, ahí en la Iglesia de San Pedro, en Isabel La Católica al llegar a Vespucio que nos facilitaron en forma semi clandestina, donde aprovechamos el paraguas de la Iglesia para ver cómo nos podíamos mover.

Al principio no se sabía si el golpe iba para la izquierda o para la derecha. Después ya se supo que era claramente anti Allende. Pero uno sentía inseguridad de si acaso iba a haber un enfrentamiento o una guerra civil.
Fotorama
Andrés Zaldívar
Presidente del Senado
       
 
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