En 1973 tenía 54 años y dos hijos ya grandes.
Estaba separada del diplomático Fernando Maquieira, con quien
estuvo casada más de veinte años. Llevaba varios meses
de viaje por Europa cuando sucedió el golpe de Estado. Había
pasado por Madrid, donde estuvo en la casa de unos amigos, y el 11 de
septiembre lo vivió en Suiza.
Yo estaba viviendo con Hernán Santa Cruz, el embajador de Chile
en Ginebra. Sonó el teléfono, yo contesté y era
un periodista desde Londres. Le dije “Hernán, te llama
un periodista desde Londres”. Estábamos almorzando y cuando
Hernán volvió al comedor, blanco como papel dijo: “La
revolución. El Chicho saldrá con los pies para adelante”.
Nos
quedamos muy impactados.
Diego,
mi hijo estaba en Isla de Pascua, pero al día siguiente pude
comunicarme con Cristián - actualmente embajador en la ONU-,
que trabajaba en el ministerio.
Hernán
renunció inmediatamente a la embajada, y nos fuimos a París
con la Nana, su señora, a buscar pega.
Hernán
era íntimo amigo de Allende. Nosotros habíamos oído
que Chile era un espanto lo que estaba pasando y le habíamos
dicho que tenía que hablar con él. Pero nunca le dijo
nada, porque nunca pudo estar solo con él. Poco tiempo antes
él había venido a Chile, pero tampoco pudieron conversar.
Luego,
para tranquilizar a Hernán, nos fuimos con una amiga que necesitaba
unos géneros en auto a Annesy, un lago en la frontera de Ginebra
y Francia.
Luego
partimos a París, donde me quedé un tiempo más
hasta que mi hermano me avisó que mi papá estaba muy enfermo.
Tenía cáncer hacía meses y no me habían
dicho nada, entonces me vine.
|