Durante toda su carrera ha estado fuertemente ligado a los trabajadores. Formó parte del Movimiento Obrero de Acción Católica Latinoamericano y trabajó de cerca con el Comité Pro Paz y la Vicaría de la Solidaridad. Tenía 42 años en 1973.

Yo estaba en Montevideo. Yo había salido el domingo anterior al 11 a Montevideo porque teníamos una reunión del Movimiento Obrero de Acción Católica Latinoamericano, yo era el asesor eclesiástico de ese movimiento. Entonces estábamos ahí estudiando la situación que se vivía en el continente y cómo el movimiento estaba presente en algunos países y en otros no teníamos presencia.

En uno de los países donde no teníamos presencia era Cuba, y bueno, yo dije nuestro Gobierno tiene muy buenas relaciones con Fidel Castro y yo creo que podríamos hacer un viaje a Cuba, incluso miembros del grupo Cristianos por el Socialismo del que yo era parte ya había ido. Yo dije podría ser que yo pudiera ir. Podríamos ir a tratar con la Iglesia de Cuba la posibilidad de establecer esta organización católica de trabajadores. En eso estábamos.

A la hora del descanso, después de almuerzo, yo pongo la radio, y escucho las noticias que estaban saliendo de Chile. Para qué le digo que casi me morí de espanto cuando escuché que ya a ese momento, que eran las 14:30 más o menos en Montevideo, ya habían bombardeado La Moneda, pero todavía había confusión de noticias, incluso se decía que había resistencia, que el General Prats venía con obreros de Lota, una historia muy fuerte.

Fue una cosa muy dolorosa, porque yo tenía experiencia, conocía algunos países donde se habían producido estos tipos de dictaduras y golpes militares, y sabía lo que habían sufrido los compañeros del movimiento del que era asesor. A Bolivia me había tocado ir cuando cayó Torres, había estado en Brasil...y lo que más pena daba era que nosotros siempre defendíamos a los militares chilenos diciendo que eran profesionales, que aquí en Chile estaban sometidos a las autoridades civiles y que yo creía que nunca iba a pasar una cosa como lo que ocurrió.

Empecé a pensar en todo lo que estarían sufriendo mis amigos, también tengo un hermano que en esos momentos era director del Hospital Barros Luco y que en ese momento estaba muy comprometido en el Gobierno de Salvador Allende, tenía compañeros que estaban muy comprometidos en varios frentes de trabajo de la lucha social y democrática, y me imaginaba yo que lo estaban pasando pésimo y que lo iban a pasar muy mal.

Estuve con algunos otros chilenos que estaban en Montevideo consolándonos y viendo qué podíamos hacer. Hicimos una eucaristía en la tarde en el marco de la reunión, y en la oración un compañero pidió al Señor que cada uno de los compañeros que nosotros conocíamos estuviera cumpliendo su deber. Se pensó siempre que iba a haber mucha resistencia, entonces había que estar donde había que estar, ese era el compromiso.

Ahora no sé si menos mal o afortunadamente no se produjo esa resistencia de manera que arrasaron con todo.

Yo tuve muchas facilidades para comunicarme con Chile porque mis amigos de allá tenían mucho contacto con una agencia periodística, la Interpress Services que también funcionaba aquí en Chile, entonces por esa empresa se supo que yo estaba bien y yo también supe de mis familiares.

Poco después también pude comunicarme y me mandaron a decir que el cardenal (Silva Henríquez) me mandaba a decir que no se me fuera a ocurrir volver, que tenía que quedarme fuera hasta nueva orden, así que me tuve que quedar por más de un mes afuera. Uno porque los primeros días no se podía entrar o salir de Chile y la otra porque yo vivía con el padre Juan Alsina a quien mataron, y como yo estaba bien metido en el asunto de los cristianos por el socialismo, el cardenal tenía miedo de que a mí me pasara algo, por eso me dijeron que no volviera.

Llegué a Chile después del 15 de octubre, y no tuve problemas para entrar. Me fue a buscar el secretario del cardenal y llegué tranquilamente sin problemas. Después me llegó un aviso de que no me metiera en ninguna cosa porque ya sabía, que tuviera mucho cuidado de escribir y de hacer declaraciones.

Para mí ese día fue un dolor impresionante porque yo tenía mucha amistad con mucha gente, gente muy idealista, muy comprometida, entonces yo sentí mucha pena por lo que estarían sufriendo y de hecho sufrieron. Tengo una amiga que era dirigenta de la JOC, María Galindo, que está desaparecida, otro amigo que fue presidenta de la JOC, Rolando Rodríguez, quien murió en un enfrentamiento, un sacerdote amigo al que mataron y sacerdotes que debieron salir del país, mi propio hermano que tuvo que asilarse.

Fue un golpe muy fuerte, sobre todo porque yo veía que había habido un avance muy grande, muy fuerte de la causa de los trabajadores hacia una idea de mayor dignidad del trabajo y mejores condiciones de vida y de participación de los trabajadores organizados sindicalmente en un camino de progreso social, entonces para mí eso era una esperanza muy grande. Y ver eso frenado tan de golpe fue una cosa muy complicada.

Lo que sí me salvó fue que vi que tenía fue hacer que esta Iglesia a la que yo pertenecía socorriera a las personas que habían quedado en el camino, entonces de ahí que desde un principio estuve muy cerca del comité Pro Paz, de la Vicaría de la Solidaridad, hasta que al poco tiempo me nombraron Vicario de la Pastoral Obrera, pero allí el proyecto era socorrer a los heridos, además de fortalecer las bases de la democracia en los trabajadores. Era otra forma de vida.

Fotorama
Alfonso Baeza
Sacerdote, Vicario de la Pastoral Social
       
 
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