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Incursionar en ámbitos considerados de exclusivo dominio masculino ha sido, históricamente, una tarea difícil para la mujer. Sin embargo, cada día son más las que, con tenacidad, se han atrevido a hacerlo, superando barreras sociales y culturales que aún persisten en nuestro país.

A principios del siglo pasado nadie imaginaba que hoy las mujeres puedan desempeñarse en faenas mineras, codo a codo con los hombres; que estén a cargo de grandes empresas transnacionales; o que, incluso, puedan llegar a ejercer una gran labor en importantes cargos gubernamentales.

A fines del siglo XIX y principios del XX la mujer en Chile destacaba casi sólo por su labor en el hogar y el cuidado de los hijos. Cuando se casaba, quedaba bajo la potestad del marido y, en el caso de que trabajara, situación muy excepcional, su sueldo pasaba a la administración de su cónyuge.

Sólo a fines del siglo antepasado se comenzó a tratar públicamente el tema de la igualdad de derechos entre ambos sexos, cuando las mujeres exigieron una mayor participación no sólo en el ámbito de los derechos políticos.

Los primeros movimientos feministas aparecieron en 1913; a través de clubes y asociaciones de mujeres buscaron mejorar su situación y democratizar la sociedad.

Sólo en 1949, y bajo el gobierno del radical Gabriel González Videla, se dictó la ley que permitía el voto político femenino, logro que dio a la mujer la oportunidad de ingresar al mundo de la toma de decisiones.

La llegada de la mujer a la universidad fue otro hito trascendental en el camino de la igualdad; pero, además, la antesala de su ingreso al mundo del trabajo. Su rol ya no estaba circunscrito a las labores del hogar, sino que podía ser un aporte a la sociedad.

La evolución ha sido tal que, actualmente, uno de cada tres hogares chilenos es sostenido económicamente por una mujer y la cifra de jefas de hogar va en aumento.

Mientras en 1990 el 20% de los hogares tenía a una mujer como jefa, diez años más tarde la cifra alcanzó el 23,1%, según datos de la encuesta Casen.

Aunque las mujeres jefas de hogar son la mayoría de sectores de menores ingresos, las ejecutivas top también sostienen a sus familias. Seminarium Head Hunting encuestó a 1.762, cuyos cargos van desde gerentas a directoras de departamentos, y el 54% de ellas es la principal fuente de ingreso de su hogar.

La tasa de participación femenina en la población económicamente activa subió de 29,5% en 1992 a 35,6% el año 2002. En tanto, el porcentaje de mujeres que estaban estudiando se incrementó durante la década de 13% a 16,7% y las que estaban dedicadas a las labores del hogar disminuyeron de 73,7% en 1992 a 64,5% ese mismo año.

Pese a que las cifras van en favorable aumento, aún no es posible cantar victoria. La competitividad de los países se mide hoy también sobre la base de cuánto participan las mujeres en el mercado laboral y cuánto los países han sido capaces de disminuir las brechas de desigualdad entre hombres y mujeres en el trabajo.

Según datos del Servicio Nacional de la Mujer, Chile está de la mitad para abajo en este tipo de mediciones (en el número 16 de 28), en comparación con países desarrollados. Dentro de las debilidades que el país presenta en la última evaluación está la baja tasa de participación laboral femenina (36%) y la alta brecha salarial (30%).

Ya es un hecho que para las nuevas generaciones de mujeres, el mundo no se concibe sin estudios ni trabajo, pero ¿cuál es el costo? Para muchas mujeres que han optado por ser madres, además de profesionales, el precio ha sido dejar la crianza de sus hijos en manos de otros y, en un gran porcentaje de esos casos, sentir culpa por ello.

Otras simplemente han decidido postergar sus carreras en beneficio de sus retoños, lo que, al menos les genera frustración y problemas económicos, al perder una fuente de ingresos.
La arremetida de la mujer en el mundo del trabajo, entonces, plantea aún una serie de desafíos que la sociedad deberá ir resolviendo. Entre ellos, figuran que las empresas generen espacios para que maternidad y profesión no sean antagónicas y que disminuya la brecha salarial existente en desmedro de las mujeres que ocupan cargos similares a los
hombres.