|
|
En esa oportunidad, la Consulta Médica de la Congregación para las Causas de los Santos del Vaticano declaró, por unanimidad, que el caso presentado como "presunto milagro" para el proceso de canonización se trata de "una recuperación repentina y total"... "inexplicable según la ciencia médica". Sin embargo, esta noticia llegó casi en la fase final del proceso, que había comenzado mucho antes. El 5 de agosto de 1976 comenzó el proceso diocesano para nombrarlo Siervo de Dios. El 21 de diciembre de 1991, después de haberse decretado la "heroicidad" de sus virtudes, el fundador del "Hogar de Cristo" pasó a ser Venerable. Casi tres años después, el 16 de octubre de 1994, el Siervo de Dios Alberto Hurtado fue proclamado beato en una ceremonia presidida por el Papa Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro. Para eso fue necesario comprobar un milagro, el primero a su haber. El caso correspondió al de María Alicia Cabezas Urrutia, una asesora del hogar que sufrió tres hemorragias cerebrales masivas y dos infartos cerebrales. Hoy no presenta secuela alguna. En aquel proceso, las tres fases marcharon en forma expedita: la Consulta Médica reconoció como milagro la sanación de María Alicia Cabezas; la Comisión de Teólogos dio su veredicto afirmativo y lo mismo hicieron los Obispos y Cardenales de la Comisión para la Causa de los Santos. Los primeros problemas vinieron cuatro años después, cuando se intentó comprobar otro milagro para dar inicio al proceso de canonización. Aquel segundo milagro fue rechazado por la Consulta Médica del Vaticano según la cual la curación no podía ser considerada "milagrosa", ya que había explicaciones médicas para fundamentar la recuperación. Sin embargo, a fines del 2000 se presentó un tercer caso, que esta vez sí fue aprobado por la ya citada Comisión Médica en octubre del año pasado y que, en definitiva, significó un paso crucial en el camino hacia la canonización del jesuita. Luego del fracaso del primer intento, se temió por un nuevo rechazo. Tanto así que en una visita a Roma, el Presidente Ricardo Lagos solicitó al Papa que el proceso de canonización del beato tomara "mayor celeridad", para tratar de asegurar esta vez la causa. Luego de la aprobación de esa comisión médica, vino el sí de la Comisión de Teólogos, un congreso de ocho estudiosos, que el 5 de febrero de 2004 reconoció la intercesión divina del sacerdote en la recuperación repentina y absoluta de la joven Vivianne Marcela Galleguillos Fuentes que estaba afectada por un accidente cerebral. Esta aprobación confirmó la anterior de los científicos, pero centró el análisis del milagro desde el punto de vista teológico. Finalmente, el 02 de abril de 2004, la Congregación Plenaria de Cardenales y Obispos, constituida por miembros de la Congregación para la Causa de los Santos, votaron a favor del milagro en una sesión solemne. Será el Papa Juan Pablo II quien revise la decisión y decrete la promulgación del decreto de santidad. Entonces, el mismo pontífice debe convocar a un Consistorio Ordinario Público con los cardenales residentes en Roma. Antes de esta sesión, la Congregación para la Causa de los Santos le envía un formulario a cada uno de los cardenales con una breve biografía del beato y la petición de votar "si" o "no". Cada cardenal devuelve su veredicto en sobre sellado a la Secretaría de Estado del Vaticano. Son ellos los que en definitiva deciden la fecha definitiva de la ceremonia de canonización.
> Lo que hayamos dado a Cristo en el pobre estará colocado en la eternidad. > Nunca habremos dado lo suficiente a Dios si no se lo hemos dado todo. > La alegría o el dolor es siempre visita de Dios. > La vida nos ha sido dada para buscar a Dios. La muerte, para encontrarlo. La eternidad, para poseerlo. > La oración es la conversación del hijo con su Padre Dios. Cuando oramos, es Cristo que habla por nuestros labios; cuando nos arrodillamos, es Cristo que se arrodilla en nosotros. > Él es nuestro mayor bien, nuestro tesoro, el fin de nuestra vida, el único que colma nuestras aspiraciones. > La mayor mortificación es aceptar todo lo que Dios nos envía: el bien y el mal, la alegría y el sufrimiento. > Cristo murió crucificado... Los que sufrís, alegraos, eso pasa. > Cristo tuvo esperanza y esa esperanza somos nosotros. > La caridad comienza donde termina la justicia. > Si supiéramos amar, despertaríamos amor y habría un trato de más sincera amistad. > ¿Qué haría Cristo en mi lugar? > Morir por caridad es: Morir sin haber hecho mal a nadie y bien a todos. Desfallecer por ayudar a otros y llevar su carga. Consolando, instruyendo... haciendo el bien. > Alegría
de vivir. Contento, señor, contento.
|