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LA CARA OCULTA DEL PADRE HURTADO

Diversas publicaciones intentan abordar al fundador del Hogar de Cristo, más allá de su conocida labor social.

MAUREEN LENNON ZANINOVIC

 

"No edulcoremos al Padre Hurtado", advierte monseñor Cristián Precht, secretario ejecutivo de la Comisión Nacional de la Canonización.

Lo cierto es que la obra apostólica y social del Padre Hurtado, y en especial el Hogar de Cristo, concitan la mayor atención mediática, pero no ocurre lo mismo con su abundante e incisiva producción intelectual, sin concesiones a la hora de efectuar un fuerte diagnóstico de los chilenos: "Se está produciendo un tipo de hombre que es estándar, como es estándar el tipo de autos que se construyen en un año (...).

Todos tienen las mismas aspiraciones: gozar lo más posible, con el mínimo esfuerzo; apurar la felicidad de la vida con la fruición con que se chupa un buen habano, sin preocuparse de que también la vida humana quedará dentro de muy poco reducida a una colilla inútil", señala en un texto inédito de 1949.

Hoy, a través de la edición de diversos de sus escritos, biografías y análisis de su pensamiento, frases como ésta cobran vigorosa vigencia, evitando una visión unilateral de la rica personalidad del sacerdote jesuita.

¿Pieza de museo?

"Me parece fantástica esta avalancha editorial para comprender las variadas dimensiones de su vida. Me atemoriza que lo transformemos en una pieza de museo. El Padre Hurtado fue un contemplativo en la acción. En su época tuvo chequera, teléfono, auto... Sabía que los medios materiales estaban para utilizarlos. Además, se metió en todo, en los diarios y revistas, en los sindicatos, con los jóvenes y los empresarios. Es el primer chileno que sacó un doctorado en Educación, en la Universidad de Lovaina (Bélgica). Fue un autor de ideas incómodas, porque todo santo verdadero es incómodo. Seguir a Jesucristo no es fácil", dice el sacerdote jesuita Felipe Berríos.

El padre Cristián Precht entrega algunas sugerencias para iniciarse en el estudio de la obra y vida de este futuro santo chileno, entre ellas "Tiempo para amar" (Revista "Desafío"), de Pedro Arellano: "Es un volumen muy gráfico, con fotografías, fácil de leer. Otro libro recomendado es 'Padre Hurtado. Maestro para el siglo XXI' (Random House Mondadori), del padre Miguel Ortega Riquelme. Su autor entregó los manuscritos tres días antes de morir y la particularidad de este texto es que pone una lupa sobre distintos aspectos de la obra del sacerdote jesuita, con citas textuales. De las biografías destaco la de Alejandro Magnet, por ser la primera que se escribió después de la muerte del Padre Alberto Hurtado y tiene la frescura de alguien que realmente lo conoció".

-¿Cómo definiría la pluma del futuro santo?
"Fue transparente y clara. Salvo unos escritos muy doctos, tuvo la virtud de expresarse en el papel tal como habló. Llegó a todos, desde un público muy sencillo hasta otro más intelectual (prueba de ello es que fundó la Revista 'Mensaje'). Su pluma está cargada de pasión y fuerza".

El sacerdote Felipe Berríos complementa: "Uno no se explica cómo en tan poco tiempo alcanzó a publicar tanto (12 libros). Eso demuestra que fue un hombre multifacético y profundo".

Dentro de la variada oferta editorial, acaba de salir la tercera edición de "El cura de la camioneta verde" (Grijalbo), del autor español Jesús Capo: "Ésta no es una novela, sino una biografía con toda la espiritualidad, la fuerza y el trabajo de un santo. Entrevisté a muchas personas que lo conocieron, entre ellos el profesor Hugo Montes y William Thayer, quienes me proporcionaron datos inéditos y que sorprendieron hasta a los propios jesuitas. Uno de ellos es la pasión que tuvo por la ópera. Le gustaba tanto, que incluso en un momento dudó entre entrar al seminario o dedicarse al canto lírico".

Capo pone énfasis en los aspectos humanos del sacerdote, entre ellas las críticas que recibió por su conocida preocupación por los más pobres: "La juventud conservadora lo consideró un traidor porque practicaba la justicia social. Llegó a tal el nivel de desprecio que lo escupían en la cara y deslizaban en su pieza pedazos de papel confort, acusándolo de cura comunista. No lo conocieron realmente. El Papa Pío XII sí reconoció y valoró su extraordinario carisma, especialmente con los jóvenes".