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"ALBERTO FUE UN ENAMORADO DE CRISTO"

El superior de los jesuitas recuerda la "enorme variedad" que caracterizó la actividad sacerdotal del Padre Hurtado, llama a todos a ser santos y pide a los peregrinos chilenos que viajarán a Roma para su canonización que aprendan a responder a las exigencias del Evangelio.

PATRICIA MAYORGA, Corresponsal

 

El superior general de los jesuitas, padre Peter-Hans Kolvenbach, está impresionado por la gran cantidad de chilenos que, según ha sabido, viajarán a Roma el próximo 23 de octubre para la canonización del Padre Alberto Hurtado. De hecho, se espera que concurran cerca de 5 mil.

A pesar de que usualmente no concede entrevistas y de que en estos días se encuentra muy ocupado, ya que es uno de los 36 cardenales, obispos y sacerdotes que Benedicto XVI nombró como miembros del próximo sínodo de los obispos del mundo sobre la Eucaristía, aceptó hablar con "Reportajes" sobre el próximo santo chileno: "pero no tocaremos otros temas", fue su advertencia.

-¿Qué significa ser santo hoy?
-Un santo en el día de hoy es, como siempre, una persona con virtudes y debilidades que acepta poner su entera existencia en las manos de Dios. Aunque pertenecen "a otro mundo", los santos tienen los pies sobre la tierra y saben que son pecadores perdonados, con heridas que Dios quiere curar y con debilidades sobre las cuales Dios vierte su amor. Esta santidad, a la que todos somos llamados, la llevan a cabo en plenitud personas como el Padre Hurtado, que anuncian al mundo entero el amor de Dios y lo salvan por la justicia del Evangelio.

-¿Qué llevó a Juan Pablo II a multiplicar las canonizaciones?
-Al multiplicar las canonizaciones, Juan Pablo no solamente quería probar que la santidad existe hoy día, sino, principalmente, recordarnos que todos podemos y debemos ser santos, es decir, dar testimonio de que todos y cada uno de los días de nuestra vida están iluminados por el amor de Dios y la amistad con Jesucristo; que hay un modo cristiano de vivir mantenidos por el Espíritu. Cuando esta santidad abierta a todos adquiere rasgos de heroicidad, por medio de la beatificación o canonización, la Iglesia lo propone como ejemplo. Este es el caso del Padre Alberto Hurtado.

-El pontificado de Juan Pablo II fue mediático y las canonizaciones se han convertido en un evento más. ¿Cuál es, en su opinión, el mejor modo para rescatar, más que la forma, la esencia misma de lo que significa la santidad?
-No se puede poner en tela de juicio que Juan Pablo II quería demostrar que la santidad en la Iglesia es una realidad y no un privilegio exclusivo de religiosos y religiosas. El Santo Padre quiso evidenciar la existencia de tantas personas para las cuales la fe cristiana tiene un valor tan alto que están dispuestas a dar su vida por ella.

-¿Qué papel ha jugado la prensa?
-Sin caer en sensacionalismo ni en propaganda, hay que agradecer a los medios de comunicación que divulguen a los cuatro puntos cardinales que en una sociedad caracterizada, en palabras del libro del Apocalipsis, por la presencia de tantos que no son "ni fríos ni calientes", Jesucristo levanta todavía un apasionado entusiasmo.

Compañero de Jesús

-¿Cuál es el mensaje del Padre Alberto Hurtado?
-Desde su primera juventud, el Padre Hurtado fue consciente del gran don que había recibido en el bautismo: ser hijo de Dios. Todavía joven, durante los años de estudio, Hurtado desarrolló una profunda amistad con el Señor marcada por la fidelidad en la oración y en el servicio, por amor a los pobres y necesitados. Una vez que estuvo seguro de su vocación a la Compañía, respondió con gran generosidad a la voluntad del Señor y continuó, sin lugar a compromisos, por el camino que Dios le había señalado hasta convertirse en un auténtico "compañero de Jesús". Alimentó su amistad con Jesús mediante un contacto constante con el Evangelio y una profunda devoción a la Eucaristía. De este modo se identificó con los criterios y la vida de Jesucristo hasta darse totalmente en beneficio de los demás, tal como Jesús dio su vida por nosotros y se nos ofreció como alimento de vida divina.

-En concreto, ¿qué significa eso?
-El Padre Hurtado se dejó guiar por el Espíritu Santo, y esa docilidad al Espíritu le capacitó para caer en la cuenta de tantas situaciones humanas que requerían una respuesta. Aquí radica la enorme variedad que caracteriza la actividad sacerdotal del Padre Hurtado. Sintió, por ejemplo, la necesidad que tenían los jóvenes de recibir ayuda para llegar a un conocimiento del Señor que los motivara a una mayor entrega a los pobres. Por eso comenzó su actividad en la Acción Católica y en la dirección espiritual de muchos jóvenes que se sentían llamados a la vida sacerdotal o religiosa. Sin limitarse a esta labor netamente espiritual, se ocupó de los niños abandonados para los que buscaba no sólo un techo bajo el cual cobijarse, sino el ambiente cálido de familia donde pudieran recibir la educación a la que todos tenemos derecho. Así nació el Hogar de Cristo. El reconocimiento y la tutela de los derechos de los trabajadores, basados en principios cristianos de justicia, llevaron al Padre Hurtado a fundar ASICH. Por último, la preocupación por la formación cultural y cristiana de los católicos le inspiró lanzarse a fundar la revista "Mensaje".

-Era un "contemplativo en la acción"...
-En el Padre Hurtado aparece con una nueva fuerza, que es una característica de los santos: su unión con Cristo los lleva a mirar el mundo y la sociedad en la que viven, con los ojos de Dios. De esta manera, descubren las necesidades humanas a las que acuden como portadores del amor del corazón de Cristo. Por eso la gente lo apreciaba, porque los que se acercaban a él percibían la presencia y la bondad del Señor en sus palabras y en su vida. No es casualidad que el Padre Hurtado recurriera con frecuencia a las palabras de San Pablo: "No soy yo quien vivo; es Cristo quien vive en mí".