Amar de un modo real
-¿En qué modo llega hoy el mensaje de Alberto Hurtado, cuando impera el relativismo, gran preocupación del Papa Benedicto XVI?
-El mensaje que los santos transmiten a la sociedad en la que viven está encarnado de un modo palpable y concreto en la propia vida que refleja los valores que Jesucristo ha proclamado. Desde el comienzo de su pontificado, el Papa Benedicto XVI urge a la Iglesia para que haga llegar a los hombres y mujeres de hoy el mensaje del Evangelio. Al comenzar su ministerio, el nuevo Papa sabe que su responsabilidad es presentar a los hombres y mujeres de hoy la luz de Cristo: no su propia luz, sino la de Cristo. Consciente de esto me dirijo a todos, sin excluir a los que siguen otras religiones o a los que aún no han conseguido una respuesta a sus preguntas fundamentales sobre la existencia humana. Con sencillez y afecto les aseguro a todos que la Iglesia quiere establecer con ellos un diálogo abierto y sincero encaminado a la búsqueda del bien auténtico que deben tener el hombre y la sociedad.
-¿En qué medida el Padre Hurtado representa "el alma" jesuita?
-A esta pregunta quiero responder con lo que he escrito recientemente a todos los jesuitas a propósito de la canonización del Padre Hurtado: "De todas las fuentes relacionadas con la vida y obras del Padre Hurtado resalta de manera evidente que desde sus primeros años fue dócil a las mociones del Espíritu de Dios y que, con el andar del tiempo, se dejó atraer y conquistar cada vez más por Cristo, haciendo de sí mismo una verdadera oblación como la propone San Ignacio en los Ejercicios Espirituales. El Padre Hurtado fue un enamorado de Cristo; eso no dejan de decirlo quienes lo conocieron. Esto constituye indudablemente el núcleo principal de su vida como joven estudiante, como jesuita y como sacerdote. De aquí derivan las otras notas distintivas en el modo que tenía de obrar y de relacionarse con otras personas que estaban a su alrededor.
Lo que predomina en el Padre Hurtado es su capacidad de amar: un don concedido por Dios que él supo desarrollar estableciendo, a la luz del Evangelio, una amistad cada vez más intensa y personal con Nuestro Señor. Conforme al pensamiento de San Ignacio, la contemplación de la vida de Jesús le llevó a una creciente familiaridad con el Señor. Precisamente, porque era un enamorado de Cristo, fijó su mirada en Él y en su manera de actuar en las circunstancias concretas de su vida. La relación del Padre Hurtado con Cristo no tuvo nada que ver con una espiritualidad intimista, lejana de la realidad. Identificado con Cristo, trató y amó a las personas de un modo real en el contexto social en que se encontraban, necesitados de calor humano, de ayuda, de educación y justicia".
-¿Hay abiertos otros procesos relacionados con beatos o santos jesuitas?
-Ciertamente, hay un buen número de jesuitas que son objeto de procesos de beatificación o canonización en varios países. En esta situación se encuentran jesuitas de México, Irlanda, Italia, España, Croacia... Tal vez en Chile sea conocido el Padre Miguel Pro, mártir de México. La Compañía cuenta con un equipo que se ocupa de llevar adelante las causas de canonización. Los que forman parte de este equipo -pocos en número- ocasionalmente ponen su experiencia al servicio de otras causas de canonización que no tengan relación con la Compañía de Jesús. En el calendario de los santos figuran 48 santos (el Padre Hurtado será el número 49) y 148 "beatos".
-Para la canonización viajarán a Roma aproximadamente 5 mil chilenos. ¿Cuál es su mensaje a estos peregrinos?
-Quisiera recomendar a todos los que vengan a Roma y a los que sigan la ceremonia desde Chile, que se acerquen cada vez más a la figura del Padre Alberto Hurtado, para aprender de él el camino que lleva a la amistad con Cristo y el modo de responder, como él lo hizo, a las exigencias del Evangelio. Invito a todos a volverse en oración al Padre Hurtado y pedirle la gracia de vivir un cristianismo vibrante y comprometido como él lo vivió. De este modo, podrán contribuir al bien de cada uno de los chilenos y de toda la nación.