|
Hacia
la conquista del pueblo
Nadie
conocía a este miembro del Ejército hasta que en noviembre
de 1943 fue nombrado secretario de Trabajo y Previsión en el
gobierno de facto liderado por el general Pedro Pablo Ramírez.
Desde dicho cargo, el coronel Juan Domingo Perón comenzaría
su vertiginosa carrera política y su nombre se haría rápidamente
conocido en los medios sindicales.
Cuando el general Ramírez fue sustituido por Edelmiro J. Farrel,
éste designó a su amigo Perón en la vicepresidencia
de la nación y en el ministerio de Guerra además de su
cargo en la secretaría de Trabajo y Previsión.
Desde esa última repartición, Perón fue desarrollando
una profunda política social que caracterizaría a su futuro
gobierno. Con una capacidad impresionante para convocar a la masa de
obreros, colmaba de beneficios a aquellos trabajadores que le seguían
mientras perseguía a los que no querían asociarse al Gobierno.
Formaba sindicatos paralelos a los rebeldes, promovía la creación
de nuevas organizaciones profesionales y dictaba estatutos a favor de
determinados gremios.
La Argentina de esos años estaba sufriendo un profundo cambio,
dando paso a un proceso de industrialización.
En la oposición al gobierno de facto se encontraban los radicales,
los socialistas y los comunistas, quienes competían con Perón
por el dominio de los sindicatos. Junto a ellos estaban los conservadores
que no veían con buenos ojos la política social de este
uniformado.
Pero más allá de los partidos políticos, Perón
encontró una férrea oposición en las universidades,
los medios de comunicación y los empresarios, que rechazaban
su autoritarismo y sus ideas pronazis, además de su demagogia.
En octubre de 1945 estalló la presión opositora, cuyos
líderes se levantaron en contra del Gobierno. Éste reimplantó
el estado de sitio, encarceló a numerosos dirigentes políticos
y estableció una rigurosa censura de prensa. Pero las medidas
no fueron suficientes y el conflicto desencadenó en Campo de
Mayo, el acantonamiento que constituía el principal apoyo de
Perón hasta ese momento. El 8 de octubre, oficiales del Ejército
exigieron la renuncia de Perón. Al día siguiente, cuando
cumplía 50 años, éste formalizó su salida
de los tres cargos que ocupaba en el Ejecutivo.
El defensor de los sindicatos y de los obreros de Buenos Aires se despidió
de los trabajadores en un sentido discurso que pronunció desde
el balcón de la Secretaría de Trabajo y Previsión.
Junto con Perón, renunció todo el gabinete a excepción
de dos ministros antiperonistas, y se convocaron a elecciones generales
para febrero de 1946.
La mañana del 12 de octubre Perón fue detenido y trasladado
a una pequeña isla en el Río de la Plata, lo que avivó
aún más el sentimiento de adhesión por parte del
pueblo.
El 17 de octubre ocurrió algo inesperado y sin precedentes en
la historia argentina, que impresionó tanto a los partidos políticos
como a las Fuerzas Armadas y al mismo Perón.
Las masas populares comenzaron a avanzar hacia el centro de la ciudad
reclamando la libertad del coronel. Mientras, Perón había
regresado a Buenos Aires y se encontraba internado en el Hospital Militar
de Buenos Aires , hasta donde consiguió ser trasladado bajo el
pretexto de una enfermedad.
El pueblo fue entonces hasta la Plaza de Mayo pidiendo insistentemente
la aparición de su líder. Cerca de medianoche, Farrel
se asomó al balcón de la Casa Rosada y anunció
la palabra de Perón.
"Perón pronunció un discurso ambiguo, pero vibrante.
Un discurso constantemente interrumpido por la multitud en un asombroso
diálogo de amor que marcó, definitivamente, una vinculación
entre el líder y su pueblo que habría de perdurar hasta
mucho después de su caída, en 1955", describe el
historiador Félix Luna en su libro "Argentina de Perón
a Lanusse".
El surgimiento del pueblo, del hombre común, marcó un
hito en la historia argentina y rompió todos los esquemas partidistas
vigentes hasta ese momento. De paso, allanó el camino electoral
de Perón y permitió que Farell reorganizara el gabinete
con figuras adeptas al líder de las masas.
A partir de ese instante, Perón se aboca de lleno a la conquista
de votos aprovechando los recursos de la secretaría de Trabajo
y Previsión para decretar medidas populistas. Así, estableció
el pago de un aguinaldo obligatorio a todos los obreros y empleados
de la industria y el comercio.
Perón se valió de un amplio espectro de seguidores, conformado
por el gobierno, una parte de los radicales, el Partido Laborista, algunos
socialistas, grupos nacionalistas, sectores católicos y también
personas que sin pertenecer a ninguna colectividad se sentían
atraídos por este personaje, visto como la antítesis de
los políticos tradicionales.
La oposición -conformada por los conservadores, el sector mayoritario
del Partido Radical, el Socialista, el Demócrata Progresista
y el Comunista- se agrupó a fines de 1945 en la Unión
Democrática, cuyo lema era "Por la Libertad contra el Nazifascismo"
representado por Perón.
En vísperas de los comicios presidenciales del verano de 1946,
ambas fuerzas sostenían acalorados debates que avivaban la pasión
política por uno y otro bando. De un lado estaba Perón,
que representaba la justicia social y el cambio; y del otro, la Unión
Democrática, que simbolizaba la política formal y antigua
de Argentina.
El 24 de febrero de 1946 se realizaron las elecciones para elegir presidente,
vicepresidente, gobernadores y parlamentarios. Perón obtuvo el
triunfo con el 55% de los votos frente al estrecho 45% de la oposición.
Antes de asumir el mando, el gobierno de Farell, gracias a la influencia
de Perón, intervino universidades, nacionalizó el Banco
Central y estableció un régimen especial para el papel
de diario. En tanto, el Congreso ascendió al gobernante electo
al grado de general.
Fuentes
Luna,
Félix: "Argentina de Perón a Lanusse (1943-1973)".
Editorial Planeta.
Entrevista a Gustavo Martínez, director del Centro de Estudios
de Opinión Pública del Instituto de Asuntos Públicos
de la Universidad de Chile.
Instituto
Nacional Juan Domingo Perón
|