María
Estela Martínez
Más
conocida como "Isabelita Perón", María Estela
Martínez Cartas no sólo fue la tercera y última
esposa del general argentino Juan Domingo Perón, sino además
se convirtió en la primera mujer que llegó a la presidencia
de un país en el continente americano y en todo el mundo.
Nacida
un 4 de febrero de 1931 en La Rioja, en el seno de una familia de clase
media, María Estela compartió con su antecesora, Eva Perón,
el gusto por lo artístico. Apenas terminó sus estudios
de primera enseñanza ingresó a un grupo de danza, donde
se destacó como bailarina de ballet.
En
adelante, su vida la dedicó al baile hasta que conoció,
en 1956 en Madrid, al hombre que no sólo la haría feliz,
sino que le enseñaría a gobernar. Fue entonces que dejó
atrás las tablas y se convirtió en secretaria personal
de Juan Domingo Perón durante su exilio en la capital española.
Desde entonces ambos se hicieron inseparables y en 1961, Isabelita y
Juan Domingo Perón se casaron; ella con 30 años y él
con 61.
El
aprendizaje al lado del líder exiliado y en las misiones que
él le confió fueron tesoros a la hora de asumir ella la
presidencia de Argentina (1974-1976).
Isabel
visitó su patria varias veces en la década de 1960 y en
los primeros años de 1970, buscando apoyo popular para su esposo.
En
Madrid permanecieron hasta 1972, cuando el régimen presidencial
que había derrocado a Perón (1955) convocó a elecciones
presidenciales. Sin embargo, la derrota electoral del general los condujo
de regreso a Madrid, pero sólo por un año, porque en 1973
se realizan nuevas elecciones que finalmente llevan a Perón por
tercera vez a la presidencia de Argentina.
El
triunfo de Juan Domingo Perón fue acompañado por la elección
de Isabelita como vicepresidenta de la nación, con el 62% de
los votos ciudadanos, tarea a la que por cierto nada ni nadie, si se
exceptúa a su propio marido, la había preparado.
De
ahí en adelante Isabel Perón se convirtió en brazo
derecho de un disminuido y enfermo Juan Domingo Perón. María
Estela Martínez tuvo que sustituir, en reiteradas ocasiones,
en el desempeño del cargo, a su esposo, quien fue lentamente
apagándose y dejando en manos de Isabelita el rumbo de la nación.
Los
hechos se desencadenaron rápidamente. El 1 de julio de 1974,
el general tres veces presidente de Argentina dejó de existir.
El poder de Perón llegaba a su fin, y en su reemplazo Isabelita
debió tomar las riendas de la nación, en medio de una
severa crisis económica y del recrudecimiento en los ataques
de la guerrilla.
La
estrepitosa caída
No fue fácil
para Isabelita hacerse cargo de tamaño buque. Muchos la vieron
ocupar la Casa Rosada como títere de sus gestores, particularmente
del todopoderoso ministro José López Rega.
Su
escasa preparación en la vida política, la compañía
de personajes conflictivos como López Rega, y un país
atravesando por uno de los períodos más críticos
hicieron de este gobierno una fuente de ebullición social que
no duró mucho.
Su
administración estuvo marcada por una inflación desenfrenada,
gran agitación social y auge de la violencia.
Para
calmar los ánimos y mejorar el estado de las cosas, Isabelita
puso en manos de los militares la lucha contra las guerrillas, cambió
el gabinete de ministros, imprimió billetes para pagar la deuda
externa, e impuso el estado de sitio en noviembre de 1974. Pero las
cosas no mejoraron.
Se
iniciaron entonces los rumores acerca de su caída. Pero pese
a que en agosto de 1975 los manos del Ejército exigieron la destitución
del comandante Numa Laplace para colocar en su sitio a Rafael Videla,
en septiembre ella inició unas vacaciones que se prolongaron
por un mes.
Vino
entonces la huelga general de la Confederación de Trabajadores,
que provocó la dimisión del gabinete de María Estela
Martínez y de José López Rega, ministro de Bienestar
y asesor directo de las decisiones de la mujer de Perón.
Ese
mismo año, María Estela hizo trasladar los restos de Evita
a Argentina, hecho que fue ampliamente criticado por los sindicalistas
peronistas, que vieron en esto una maniobra política para acallar
las masas.
En
los círculos políticos y la prensa se había advertido
que el ejército tan sólo esperaba el momento para dar
el golpe y así fue. Se terminaba de este modo la era Perón,
con Isabelita derrocada un 24 de marzo de 1976 y detenida con arresto
domiciliario en una residencia al sur de Argentina.
El peronismo asistió a una debacle total y la aceptó en
silencio puesto que el saldo no era halagador.
En
adelante, el gobierno quedó en manos de una junta de jefes del
ejército, la marina, y aviación, presidida por el general
Rafael Videla.
Acusada
de malversación, Isabel Perón permaneció encarcelada
hasta 1981, año en que se exilió en España. Indultada
a finales de 1983, resignó la titularidad del Partido Justicialista
desde su hogar en Madrid, en 1985.
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