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El
peronismo da origen a problemas de interpretación. De ahí
que muchos hablen de él sin remitirse a los cimientos del movimiento
que se forjó en los años 40, cuando las clases medias
dejan de ser las protagonistas de la historia y ceden su lugar a la
masa obrera, con Juan Domingo Perón como su líder.
¿Qué
es el justicialismo?
El
general Perón, en más de alguna oportunidad, fue claro
en definir al movimiento peronista como una tercera vía entre
el capitalismo norteamericano y los valores occidentales y la Unión
Soviética con el comunismo.
En la etapa comprendida entre 1943 y 1946 –iniciada por el golpe
militar del 4 de junio– se produjeron importantes cambios en la
situación política y social de Argentina.
Durante la presidencia del general Edelmiro Farell se fue consolidando
dentro del gobierno un sector nacionalista del Ejército, liderado
por Perón, que planteaba la necesidad de un desarrollo industrial
independiente y la plena incorporación de los trabajadores en
el sistema político.
Esa reivindicación se acentuó cuando el entonces coronel
asumió la Secretaría de Trabajo y Previsión Social,
poniendo al descubierto la explotación y sometimiento de los
trabajadores y la necesidad de que haya justicia para concluir con esos
males.
"Desde
muy joven, cuando presenciaba la incorporación de los soldados
a mi regimiento, frente al estado lastimoso en que llegaban, se había
despertado en mí un profundo sentimiento social ante lo que todos
considerábamos como una tremenda injusticia".
Sin embargo, decir que en el Departamento del Trabajo surge el movimiento
peronista es fijar una fecha en el tiempo; el peronismo brota de más
atrás: de las experiencias vitales de Perón, de la concreta
situación social del pueblo argentino, oprimido por el imperialismo
y explotado por las clases gerentes internas.
De ahí que esta tercera vía llamada justicialismo nazca
sobre la base del nacionalismo y del populismo. Por un lado, apelando
siempre a políticas que permitan recuperar de manos extranjeras
empresas para el Estado; y por otro, desarrollando políticas
que dejaran contentos a los distintos grupos sociales sin que ello implicara
en caso alguno alterar la forma de organización económica.
En ese sentido, Perón fue hábil y supo aprovechar su poder
para reconocer claramente lo que cada sector necesitaba y luego entregárselo.
Así les concedía lo que buscaban y dejaba satisfechos
a quienes consideraba el sostén del partido: la masa obrera,
las Fuerzas Armadas y la Iglesia Católica.
La sombría realidad que descubrió en dicha Secretaría
y el alma de su pueblo desamparado fue lo que golpeó el corazón
de Perón y lo hizo afrontar todos los riesgos: los enemigos de
adentro y de afuera. Y para eso sólo el Estado sería el
ente capaz de regular y evitar las injusticias sociales.
Para eso se hacía indispensable crear una legislación
laboral favorable a los trabajadores. Perón estableció
un salario mínimo y procuró mejorar las condiciones de
alimentación, vivienda y trabajo de los trabajadores rurales;
delineó un nuevo régimen previsional; creó los
tribunales de Trabajo; fijó un aguinaldo para todos los obreros;
e hizo público reconocimiento de las asociaciones profesionales,
con lo cual el sindicalismo obtuvo una mejora sustancial de su posición
en el plano jurídico.
Estas reformas trajeron como consecuencia un acercamiento político
entre el Estado y el movimiento obrero, y el surgimiento de un bloque
social y político constituido por una gran parte de los trabajadores
y sus organizaciones sindicales y un sector nacionalista del ejército.
Hay autores que sostienen que el peronismo era un fascismo de izquierda.
Esto porque el fascismo italiano y el nazismo alemán se apoyaron
básicamente en las clases medias dependientes o amenazadas por
el avance de los sectores de clase baja; mientras que el peronismo,
si bien conserva fuertemente el contenido nacionalista, siempre se apoyó
en los sectores populares, obreros industriales de las urbes y en menor
medida en los peones agrícolas.
En tanto se iba constituyendo este nuevo estatuto laboral, crecía
el descontento de la oposición terrateniente y grandes empresarios
que se beneficiaban del modelo agrario exportador.
La
profundización del enfrentamiento social entre las organizaciones
obreras y empresariales terminó con Perón detenido en
la isla Martín García. Dicho acontecimiento marcó
el inicio de la nueva conciencia popular, que no sólo consiguió
la liberación del general sino que aseguró la continuidad
de las conquistas sociales.
En palabras de la propia Evita (en su libro "Historia del Peronismo")
el justicialismo "fue un movimiento de gratitud hacia un hombre
aparentemente vencido. ¿Qué pueblo ha salido a defender
a un hombre vencido? Ninguno. ¡Solamente el pueblo argentino!
¡Vean ustedes si habrá sido y es grande Perón! Cuando
él estaba aparentemente vencido, el pueblo salió a la
calle con su bandera. Porque en ese momento al decir Perón, decían
Patria".
Perón era síntesis de todos los programas posibles, de
los derechos denegados y de las reivindicaciones proscritas; Perón
era la necesidad de algo más profundo: el poder, todo el poder
para el pueblo. De ahí que el partido justicialista fuese también
conocido como partido peronista porque el artífice de este gran
movimiento nacional popular fue el general Juan Domingo Perón.
Para el general, el justicialismo era una doctrina conveniente no sólo
para Argentina sino para toda América Latina porque combinaba
las cosas positivas del capitalismo y del socialismo.
En su análisis decía que el socialismo inhibía
la iniciativa privada de la gente, puesto que como todo estaba en manos
del Estado no existía una motivación personal para crear
nuevas cosas. Sin embargo, el aspecto positivo era que el socialismo
tenía una enorme preocupación por la igualdad social.
El capitalismo, en tanto, pecaba de indiferencia ante las injusticias
y desigualdades sociales, pero daba capacidad y motivaba a la población
a emprender. De ahí que Perón apostara a una tercera vía,
el justicialismo, con una sociedad donde hubiese iniciativa privada
para trabajar, pero que las empresas estratégicas de servicios
públicos estuvieran en manos del Estado. Éste, a su vez,
debía preocuparse por la igualdad social y por las políticas
de distribución del ingreso.
El peronismo llega al poder
El acto del 17 de octubre de 1945, proclamado como el Día de
los Descamisados, catapultó a Perón como un líder
y lo llevó a organizarse para las elecciones presidenciales de
1946.
Desde su antiimperialismo señaló que todo aquél
que no estaba con Perón estaba a favor de los Estados Unidos
y contra la Patria; la exclusión se impuso y la polarización
se agudizó.
Su triunfo electoral se debió a una alianza heterogénea
de grupos y sectores políticos integrados por una parte del movimiento
obrero y antiguos sindicalistas anarquistas y socialistas, organizados
en torno al Partido Laborista, bajo cuyas siglas Perón presentó
su candidatura.
Hay que sumar dos grupos radicales (el Frente de Orientación
Radical de la Joven Argentina -FORJA- y la Unión Cívica
Radical junta de Reorganización -UCRJR-), ciertos sectores del
nacionalismo y una fracción considerable del Partido Conservador
de la Provincia de Buenos Aires.
Además de los partidos fue vital el apoyo de dos de las mayores
instituciones argentinas: el ejército y la Iglesia Católica
(los partidos más laicos estaban en la oposición).
"Hermanos: con pensamiento criollo, sentimiento criollo, y valor
criollo, estamos abriendo el surco y sembrando la semilla de una patria
libre, que no admite regateos de su soberanía, y de unos ciudadanos
libres que sólo lo sean políticamente, sino que tampoco
vivan esclavizados por el patrono. Síguenos: tu causa es nuestra
causa; nuestro objetivo se confunde con tu propia aspiración,
pues sólo queremos que nuestra patria sea socialmente justa y
políticamente soberana". (Discurso de proclamación
de la fórmula, 12 de febrero, 1946)
El 24 de febrero de 1946, los humildes, la clase trabajadora, el pueblo
argentino en su conjunto, que había perdido a su caudillo y al
movimiento nacional que lo representara, se reencuentra con su destino:
Perón-Quijano: 1.527.231 votos contra 1.207.155 de la fórmula
Tamborini-Mosca. Era ahora sí, "todo el poder para el pueblo".
El justicialismo había triunfado.
Como la tercera vía, la primera etapa del Estado Justicialista
fue de cambio social: se rescató de la explotación a la
clase trabajadora, institucionalizando las organizaciones sindicales
para ponerlas al servicio del país dentro de un orden de paz
social. Se las convierte en factor de poder, no para condicionar al
Estado sino para constituirse en uno de los pilares de su estructura
y coadyuvar al equilibrio y armonía de la Nación.
Asimismo
una vez en el poder, Perón disolvió los partidos que lo
apoyaron durante su campaña y ordenó formar el Partido
Único de la Revolución que luego adoptó el nombre
de Partido Justicialista, siempre con una estructura vertical en su
organización.
Perón nacionaliza los ferrocarriles y las compañías
de gas; crea una empresa de energía argentina; establece un plan
quinquenal que tiende a promocionar a la industria. El peronismo cumple
sus objetivos económicos.
La praxis de Perón incrementa de forma notable el número
de sus simpatizantes, como lo ratifica el masivo apoyo a la reforma
constitucional en los comicios de 1949. Ese año, los argentinos
celebran elecciones constituyentes para cambiar la vieja Carta Magna
de 1853. Las tesis del justicialismo son votadas por la mayoría.
El
justicialismo
El
1° de mayo de 1948 el General Perón, con el evidente propósito
de "desperonizar" su concepción ideológica,
denomina Justicialismo a la doctrina peronista e insiste -como desde
1943- en expresar su esencia como posición de equilibrio entre
la materia y el espíritu, el hombre y la sociedad.
Vale decir que ya entonces justicialismo, como justo equilibrio entre
los extremos ideológicos básicos (materialismo y espiritualismo;
colectivismo e individualismo) aparece como sinónimo de "Tercera
posición".
Durante diez años (1946-1955) las masas ejercitaron el poder
político y el justicialismo cumplió con ser democracia
"del pueblo, por el pueblo y para el pueblo".
En 1951 y 1952, la concepción ideológica de Perón
empieza a trascender de la órbita del Movimiento Político
Peronista. Los principios de la doctrina de Perón se "imponen"
a la mayoría del pueblo argentino.
Pero la ideología del Estado Liberal permanecía en el
fondo de las conciencias de vastos sectores de la clase media, en la
Universidad, en ciertas estructuras de los partidos políticos
y del Estado y en los antiguos grupos de poder y presión ligados
a la economía agro-exportadora que había sido controlada
por el Estado Justicialista.
Había que destruir, no ya al gobierno justicialista sino al mismo
Estado Nacional, a fin de separar al Estado de los trabajadores, y poder
aplicar la nueva política de explotación para la clase.
Y lo hicieron.
Durante la segunda presidencia de Perón (1952-1955), el peronismo
debió realizar un cambio de rumbo mediatizado por las condiciones
económicas externas, provocando la mayoría de las veces
un retroceso de los logros conseguidos.
A lo anterior hay que sumar la creciente tensión entre el peronismo
y la Iglesia y el Ejército, lo que facilitó aún
más las críticas hacia el gobierno del general Perón.
En noviembre del 1954, Perón denuncia a " los malos curas"
durante su discurso ante los gobernadores: "Sirvamos a Dios
en su doctrina, no en los intereses parciales de organizaciones que
no son Dios, aunque crean en Dios".
La caída y la proscripción
Poco
a poco el peronismo pierde la adhesión de dos de sus tres sostenes:
la Iglesia Católica y las Fuerzas Armadas. Sólo el pueblo
mantiene su apoyo al gobierno del general Perón.
El 16 de junio de 1955 estos prejuicios e intereses sólidamente
coaligados, golpearon contra el sistema justicialista: un sector de
la Marina de Guerra, tomó posesión del Ministerio y alrededor
de mediodía bombardeó la Casa Rosada, masacrando al pueblo.
Sin embargo, la sublevación fracasó.
Perón maniobra para recuperar el poder, dando un golpe de efecto.
El 31 de agosto de 1955, dimite, argumentando que constituye un obstáculo
para la pacificación del país. La maquinaria peronista
concentra multitudes en la Plaza de Mayo. Le piden que se quede. Perón
anuncia: "Ahora la orden es de lucha".
La estrategia de Perón de movilizar las masas para recuperar
el poder ya no funcionará y el peronismo sucumbe ante un nuevo
golpe de septiembre de 1955. Perón decide marcharse. El 18 de
septiembre renuncia y el 19 se va a Paraguay. El golpe antiperonista
había triunfado.
Tras el largo exilio del general Perón sobrevino un anhelo de
las masas populares por volver a la situación de la década
del 40. Toda la maquinaria peronista fue desmantelada al asumir la presidencia
el general Lonardi. Sin embargo, el peronismo sobrevivió a todos
estos embates; la línea nacional siguió corriendo por
debajo de las instituciones demoliberales.
La exclusión del peronismo de todo proyecto electoral da como
resultado el engrandecimiento de ese movimiento y de su líder.
De esta manera, el justicialismo, aprovechando el momento retorna al
poder el 25 de mayo de 1973.
En un corto gobierno, Perón debe entregar a su tercera mujer
el deber de dirigir la patria al morir el 1 de julio de 1974. Isabel
Martínez de Perón tan sólo dura un año y
es derrocada por un gobierno militar, el 24 de marzo de 1976.
Tras el fin de la administración de Isabelita, el peronismo fue
lentamente adoptando nuevos rumbos, nuevas tendencias en manos de nuevos
gobernantes que fueron diluyendo la esencia del movimiento creado por
Perón en la década del 40.
Fuentes:
Entrevista Gustavo Martínez, analista del Instituto de Asuntos
Públicos de la Universidad de Chile.
http://www.pjmoreno.org.ar/elperonismo.htm
http://www.pjsanpedro.com.ar/peronismo/historia.html
http://www.iespana.es/revista-arbil/(64)pero.htm
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