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La
segunda presidencia (1952-1955)
El
11 de noviembre de 1951, Perón obtuvo el triunfo con 4.580.000
votos, que casi doblaron a los de la oposición. Esta elección
estuvo marcada por la participación de las mujeres, quienes duplicaron
el padrón de electores.
El Presidente reelecto asumió el mandato sin su compañero
de fórmula, pues Hortensio Quijano falleció dos meses
antes de jurar como vicepresidente. Los nuevos asesores de Perón
se diferenciaban de los del primer período, principalmente porque
ya no existía ese pluralismo que caracterizó a la primera
etapa. El motivo fue la eliminación del Partido Peronista de
todos aquellos dirigentes que no eran condicionales al régimen.
A mediados de 1952 murió Evita producto de un cárcel terminal
que la afectaba. Este hecho sirvió para reavivar los sentimientos
de adhesión al gobierno, debido a la gran cantidad de homenajes
que se rindieron a la mujer del Presidente. El último discurso
que pronunció ante el pueblo fue el 1 de mayo de 1952 con motivo
del Día del Trabajo y el 4 de junio de 1952 alcanzó a
acompañar a su marido en el acto de juramento de su nuevo mandato.
Violencia
y corrupción
A principios de 1953, el panorama económico estaba lejos de ser
alentador. Las reservas se habían esfumado, lo que impedía
al Gobierno emprender inversiones significativas, mientras el crédito
era cada vez más escaso. Paralelamente, ciertos hechos de corrupción
por enriquecimiento ilícito y negociados turbios ensombreció
el segundo mandato de Perón.
Juan
Duarte, el hermano de Evita, al parecer estuvo involucrado en irregularidades
ya que tras su renuncia al cargo de secretario privado de Perón,
el Mandatario declaró que "estoy rodeado de ladrones y alcahuetes"
al anunciar mano dura contra los responsables de los ilícitos.
Horas más tarde, se conocería el suicido de su cuñado.
El
escenario se tornó aún más oscuro cuando la CGT
realizó un acto de adhesión al Presidente, donde un grupo
de opositores colocó bombas provocando la muerte de cinco personas
a hiriendo a una veintena. El incidente despertó la furia de
un grupo de manifestantes, quienes incendiaron el Jockey Club, el punto
de encuentro habitual de la clase alta porteña, y destruyeron
parcialmente las sedes de los partidos Radical, Socialista y Conservador.
El
Gobierno se aprovechó de este atentado para aumentar las detenciones,
ingresando centenares de presos a las cárceles. Esto, unido a
la necesidad urgente de flexibilizar la legislación relativa
a las inversiones extranjeras, hicieron que se fuera diluyendo la doctrina
antiimperialista y tercerista del Peronismo. El historiador Félix
Luna sostiene que a estas alturas ya se percibían los síntomas
de decadencia del Gobierno.
Perón,
en tanto, se había vuelto más frívolo y se pasaba
el día entero en su residencia presidencial practicando deportes.
La
guerra con la Iglesia
Perón
había concentrado un poder omnímodo. Era un Estado totalmente
centralizado y vertical que controlaba absolutamente a todas las instituciones,
con una sola excepción: la Iglesia Católica. A pesar de
que el Mandatario se había ganado una buena relación con
el clero durante su primer gobierno, favoreciéndolo con todo
tipo de medidas, ésta se había desvanecido en el segundo
período.
Lo
que molestó al círculo peronista y especialmente a su
promotor fue la creación de pequeños grupos de estudio
al interior de la iglesia con miras a la formación de un partido
político. El aparato de espionaje del Ejecutivo denunció
este acto de "conspiración"
y desencadenó una decidida campaña anti clerical.
Al poco tiempo, el Congreso, de mayoría peronista, derogó
la ley de enseñanza religiosa y aprobó el divorcio vincular.
Se retiró el apoyo oficial a institutos privados de enseñanza
católicos, se autorizó la apertura de prostíbulos,
prohibidos en Argentina desde 1933, y en 1955 se sancionó una
ley que declaraba la necesidad de separar a la Iglesia del Estado. Con
esto, el Gobierno retrocedía en todas las garantías que
le había concedido a la Iglesia Católica para ganar su
adhesión en el primer período, lo que reflejaba aún
más la inconsistencia de Perón.
Intento
de golpe de Estado
El
11 de junio de 1955, miles de personas participaron en la procesión
de Corpus Christi, no tanto para manifestar su religiosidad sino para
desafiar al Gobierno. Perón acusó a los asistentes de
haber quemado una bandera argentina y ese fue el pretexto para expulsar
del país a dos dignatarios eclesiásticos. El hecho motivó
la excomunión del general Perón por parte de la Santa
Sede.
Un servicio de informaciones militar investigó el suceso de la
bandera y comprobó que los autores provenían del propio
oficialismo. El 16 de junio estaba prevista la realización de
un desfile aéreo como un acto de desagravio a la quema de la
bandera y miembros de la Marina aprovecharon la ocasión para
lanzar un golpe de Estado.
Perón alcanzó a enterarse de que los aviones que sobrevolaban
Buenos Aires estaban cargados con explosivos que serían lanzados
a la Casa Rosada y se refugió en el Ministerio de Guerra.
Las bombas cayeron sobre la Casa de Gobierno y los alrededores matando
a varios centenares de personas. Momentos después, un grupo de
infantes de marina se dirigía en dirección a la sede del
Ejecutivo, sin saber que la operación carecía de todo
sentido al encontrarse ausente el principal blanco.
Esa noche, y tras contener la intentona, Perón prometió
castigar a los culpables y grupos oficialistas tomaron venganza incendiando
varias iglesias.
La jornada de violencia fortaleció a la oposición, que
integró a los católicos a sus filas, y produjo un quiebre
en el Gobierno. El Ejército, que se había mantenido fiel
al régimen, comenzó a cuestionar los excesos de poder
de Perón y los intentos por politizar a las Fuerzas Armadas.
Al interior de la institución castrense comienza a urdirse una
conspiración contra el Ejecutivo a cargo del general Pedro Eugenio
Aramburu.
El 6 de julio, Juan Domingo Perón pronunció un discurso
concialiador y ofreció la paz a cambio de algunas concesiones
a la oposición, como la apertura de algunos medios de prensa.
Despidió a sus colaboradores más cercanos y convocó
a su gabinete a militantes originarios del Peronismo.
El breve período de libertad de expresión fue aprovechado
por los grupos opositores, que sin tener interés en negociar
con la Casa Rosada, utilizaron la radio para movilizar a la ciudadanía
en contra de un régimen que se había agotado.
El fuerte discurso del jefe de los radicales, Arturo Frondizzi, sorprendió
al Gobierno, que recién tomaba conciencia del poder que estaba
adquiriendo la oposición.
Perón
renuncia
El
31 de agosto de 1955, Perón anunció su renuncia en un
mensaje radial que fue transmitido en cadena. "Con mi retiro presto
al país el último servicio desde la función pública",
dijo ese día el Mandatario sin que nadie creyera en la sinceridad
de sus palabras.
Junto con el mensaje presidencial, se transmitían las expresiones
de apoyo al régimen y la convocatoria de la CGT, que llamaba
a los trabajadores a unirse en una masiva manifestación en la
Plaza de Mayo para pedir al Presidente que desistiera de su renuncia.
Perón se asomó al balcón de la Casa Rosada y se
dirigió a su pueblo, con un discurso que dejó a todo el
país perplejo:
"A la violencia hemos de contestar con una violencia mayor.
Cuando uno de los nuestros caiga, caerán cinco de los de ellos…Hemos
dado pruebas suficientes de nuestra prudencia; ahora daremos suficientes
pruebas de nuestra energía… Hemos ofrecido la paz: no la
han querido. ¡Lucharemos hasta el final! ¡Esta lucha que
iniciamos no terminará hasta que no los hayamos aniquilado y
aplastado!".
Desde ahí comenzó un proceso sin retorno que culminó
con la salida de Juan Domingo Perón. Los dirigentes opositores
comenzaron a circular panfletos contrarios al régimen instando
a las Fuerzas Armadas a concretar el golpe que hace tiempo se estaba
tramando. Sin embargo, el jefe de la conspiración, el general
Aramburu, declinó encabezar el movimiento pues temía que
un fracaso desencadenaría una mayor violencia por parte del Estado.
Dada la urgencia de terminar con el Gobierno, el general en retiro Eduardo
Lonardi asumió la cabeza de la operación.
18 años de largo exilio
El 25 de septiembre de 1955 Perón es derrotado y huye al exilio
en un hidroavión paraguayo. Habían pasado casi diez años
desde la revolución del 17 de octubre que lo trajo al poder y
ahora se retiraba totalmente acabado.
En los años en que permaneció aislado de su patria, su
figura adquirió una dimensión prácticamente mitológica.
Los excesos de poder durante sus dos gobiernos no fueron suficientes
para opacar el sentimiento de profunda adhesión y respeto que
su nombre inspiraba en el pueblo.
Tras el golpe militar de 1955, el Partido Justicialista fue proscrito
y sus integrantes fueron perseguidos y fusilados. Pasarían 18
años de gobiernos militares hasta que Juan Domingo Perón
volvió a la presidencia.
El general se exilió en países latinoamericanos y a partir
de 1960 se trasladó a vivir a Madrid, España, donde conoció
a su tercera esposa, María Estela Martínez, más
conocida como Isabelita.
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