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El
fin de un largo camino (1973-1974)
El
11 de marzo de 1973, el gobierno militar liderado por el general Alejandro
Agustín Lanusse convocó a elecciones presidenciales, pero
prohibió la participación de Juan Domingo Perón
en dicha contienda.
Lanusse, consciente del enorme arrastre popular de Perón, quería
que el ex Mandatario volviera a Argentina para que su figura se desmitificara.
Sabía que el amplio respaldo que gozaba sólo era producto
de la abundancia económica con que gobernó tras la Segunda
Guerra Mundial y que una vez de vuelta la historia se encargaría
de aclarar su verdadero desempeño.
Perón era visto como una especie de Rey Midas, ya que bastaba
que estuviera en el poder para que la riqueza floreciera. Y esta creencia
era la que Lanusse quería dar por terminada. Por ello, propuso
concluir la proscripción del Partido Justicialista para que éste
volviera a gobernar.
La idea de Lanusse fue aceptada por los altos mandos militares pero
con una salvedad: el peronismo sí, pero sin Perón.
Sin embargo, el general, que no había perdido contacto con las
bases del Partido Justicialista durante el exilio, y que manejaba a
la colectividad desde la distancia, puso a la fórmula Cámpora-Solano
Lima, dos estrechos aliados, a competir en los comicios, obteniendo
la victoria con el 49,59% de los votos.
Al cabo de 50 días, Cámpora renunció al cargo y
llamó a elecciones para el 21 de septiembre de 1973. En esta
oportunidad no había ninguna prescripción para Perón,
el que se presentó junto a su esposa, Isabel Martínez,
obteniendo el triunfo por una amplia mayoría (60%).
Pero no alcanzó a gobernar más que ocho meses pues enfermó
al poco tiempo y murió el 1 de julio de 1974 a los 78 años.
La tercera administración de Perón tuvo un carácter
distinto al que imprimió en sus gobiernos anteriores y se desarrolló
dentro de un marco de violencia protagonizado por organizaciones armadas
de izquierda y de derecha. Perón intentó frenar la movilización
social y política de esos años y fue cuestionado por amplios
sectores del peronismo que criticaron su pasividad frente al poder oligárquico-imperialista.
Mientras, los jóvenes le reprochaban su reformismo y falta de
audacia.
El 12 de junio de 1974 el general pronunció su último
discurso público en los balcones de la Casa Rosada, en la Plaza
de Mayo, donde pidió a sus seguidores que cuidaran las conquistas
laborales porque se avecinaban tiempos difíciles.
"Yo
llevo en mis oídos la más maravillosa música que
es para mí la palabra del pueblo argentino", fueron
sus palabras.
Tras
la muerte de Perón, debió asumir su mujer, Isabel Martínez.
Esto marcó no sólo un cambio de conducción sino
un giro del rumbo económico del país. Se estableció
un plan de ajuste ortodoxo que agravó la recesión y agudizó
los enfrentamientos. La CGT convocó a una huelga general que
logró la renuncia del ministro de Economía.
Isabel
Perón no fue capaz de frenar la espiral de violencia, la que
sumada a los problemas económicos sumió al país
en una profunda crisis que terminó con un nuevo golpe militar
en 1976.
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