Términos y condiciones de la información © El Mercurio S.A.P.

Tomas Eloy Martínez:
"Eva fue una mujer desesperada en busca del amor"

Escritor y periodista argentino

Por Ana María Larraín.

Al cumplirse un nuevo aniversario de la muerte de Eva Perón, el autor de "Santa Evita" el libro más traducido de la historia argentina (36 lenguas) se refiere aquí a la triple alianza entre mito, novela y realidad de la persona y el personaje.

En Buenos Aires, Eva Perón vive más que nunca en los trajes y joyas que exhibe la exposición del Palais de Glace, "Las mil y una Evita". El viento frío del invierno parece haberse llevado, sin embargo, las dos películas que abordan su historia, "Evita" y "Eva Perón".

"A mí no me interesan, como película, ninguna de las dos", afirma Tomás Eloy Martínez, instalado al frente mío en el Café de La Paix. "Mi única preocupación era que Madonna lograra en el musical, que nada tiene que ver con mi libro, una Evita impecable, lo que haría que su rostro suplantara en el futuro al de Eva Perón". Pero no lo logró, añade, como tampoco se consiguió dar la verosimilitud que requiere toda esa transgresión que aquí se le hace a la historia, "aunque en lo exterior la versión es muy buena".

¿Y con respecto al film argentino?

Sólo puedo decir que fue un plagio absoluto de mi novela de parte del director y sus guionistas. Ellos, sin embargo, creen que lo que yo inventé está tomado de la realidad. Y es al revés. En una carta les digo que les regalo todo el dinero si me muestran una sola línea escrita en Argentina donde se hayan dicho antes frases como la de Perón a Evita: "Tenés cáncer, por lo tanto..." O ésta de ella a Perón: "Coronel, gracias por existir". Es tanto el peso de la imaginación sobre la Historia que esta frase de mi libro aparece ahora escrita en las lápidas a la orilla de los caminos, signada por "Eva Perón, 15 de enero 1944"...

Así es que usted está consciente de su contribución al mito, en un país que, después de Borges, uno supone tremendamente racional.

¡Ah, no! Ahí yo tengo una tesis. El año 51 Borges dicta su famosa conferencia sobre los intelectuales, en el fondo, donde instala con su generación esa idea de una Argentina racional. ¡Pero es algo absolutamente falso! Basta ver acá la televisión. ¡Está llena de italianadas! Argentina es impúdica, histriónica e irracional. Si no lo
fuera, no habría habido esta clase de dictadura.

Pero la literatura argentina refleja más bien la otra posición...

Bioy Casares dice algo muy curioso, con lo que lamentablemente no estoy de acuerdo: la literatura fantástica argentina, que es muy rica, es una construcción heredada de la lectura de los novelistas fantásticos ingleses... la literatura fantástica, puede ser. ¡Pero no la realidad fantástica, en Argentina!

¿Qué pasa en definitiva con Argentina, que puede permitirse el lujo o la desgracia de crearse un mito como el de Eva Perón?

Por un lado está la ausencia de amor en la vida de Eva. Ella nunca fue amada; ella fue "una mujer abusada". Cada vez que la pobre tenía que obtener un trabajo, debía pagar un peaje sexual. Otro elemento que muestra la identificación afectiva de Argentina con Eva es la ilegitimidad evidente de su nacimiento: Eva conoce a su padre muy tardíamente, a los seis años, aunque la versión familiar no hablaba de este origen.

¿Descubrió usted algunos datos desconocidos sobre la vida de Evita?

No, usé datos de todos conocidos. Yo, lo que hago, es desconfiar absolutamente del mito, porque lo importante es su construcción (enfatiza).

El mito de Eva Perón es la imaginación de Argentina. Y lo que sí era importante es que no sólo había un mito sobre su vida, sino también sobre su muerte. Eso es lo que abre, creo, la puerta para iniciar mi relato. La bisagra. Lo demás estaba. Por ejemplo, en "El examen'' de Cortázar: la adoración de su cuerpo en la Plaza de Mayo.

Pero volvamos al inicio: ¿por qué Eva?

¡Porque sólo una mujer como Eva! Una mujer desesperada en busca del amor que nunca tuvo y que de pronto decide que son ellas las que conquistan. Encuentra a Perón y se apodera de él, se instala en su casa y echa a la amante que él tenía.

¿Un débil, Perón?

Sí. Un débil, contra todo lo que la gente supone. Muy hábil, muy astuto y, en lo externo, muy fuerte. Pero por dentro, débil. Eva decide casarse con él, lo caza. Se vuelve insustituible para Perón, que siempre estuvo rodeado de insustituibles: el último fue López Rega, ¿no?

Así lo plantea usted en "La novela de Perón". Pero la muchacha, Eva Duarte, era ambiciosa, ¿o no?

¡Muy ambiciosa! Y empieza a ocupar un espacio, hasta que descubre curiosamente que el poder le acerca el amor de las multitudes. Y entonces, lo que quiere es tener más poder para tener más amor. Esa es la mujer, y a ella Eva Perón le es leal. Tampoco fue insincera en las dádivas a la gente. Era sincera y no lo hacía por resentimiento, como dicen.

¿Y en cuanto al dinero?

¿¡Para qué quería dinero si, primero, se sentía eterna; segundo, creía que su potestad sobre la Argentina era inagotable, y tercero, no lo necesitaba porque tenía lo que quería?! Pieles, joyas... Ella misma era la fuente, metía la mano en los bolsillos de los ministros y... ¡Ya está! Arbitraria, fanática, intolerante terrible: una dictadora, pero generosa con los pobres, hasta el punto de regalar todo lo que ella no había tenido. Colonias de veraneo, bicicletas, pelotas de fútbol, máquinas de coser... ¡Pero sobre todo, partidas de matrimonio! Casaba a la gente por obligación...

"Eterna en el alma de su pueblo": ¿Se enamoró usted, antiperonista acérrimo, de Evita Perón?

(Casi contento). Me enamoré de mi Evita. En mi caso, la imaginación es absoluta y mi Eva no tiene nada que ver con la Eva de la gente. Esa me interesa, pero prefiero aquella a la cual yo le añadí, ésa es mi Evita: la que tiene que ver conmigo, porque, finalmente, ¡no otra cosa es el amor, eh!

Revista de Libros
Diario El Mercurio
Autora: Ana María Larraín
Sábado, 26 de julio de 1997

Carlos Menem | Gustavo Martínez | Tomás Eloy Martínez