Balzac

A fines de 1892, Rodin reunió el solo los encargos de construir las estatuas de Víctor Hugo, Balzac y Baudelaire, lo que significaba la honrosa misión de invocar ante el pueblo de Francia a tres de sus más grandes genios literarios.

Para ese entonces, Rodin mantenía 6 estudios, en los que trabajan más de diez escultores. El núcleo de cada obra surgía a partir de un modelo de arcilla modelado por sus manos. Una vez que este modelo le satisfacía, lo pasaba a sus asistentes para que hicieran vaciados de yeso y confeccionaran los moldes, a partir de los cuales se hacían reproducciones en bronce o mármol según el encargo del cliente y en el tamaño que éste quisiera. Como advierte Ruth Butler, Rodin no hacía obras únicas, sino que más bien era jefe de un taller. Las ideas y los toques finales eran suyos, mientras que la ejecución de sus instrucciones corrían por cuenta de sus asistentes, algunos de ellos escultores destacados por derecho propio.

A lo largo de su vida, Rodin fue un provocador, aun cuando su arte no significara una ruptura intencionada con el del pasado. Desde la perspectiva del tiempo puede observarse, como señala John Berger, que gran parte del escándalo del arte de Rodin estaba en sus temas y en las interpretaciones literarias que se hacían de sus obras, particularmente en su significado sexual. A pesar de ello, el propio escultor se veía a sí mismo como parte de la gran tradición de la escultura, de la Antigüedad al Renacimiento, y sus gustos lo hacían inclinarse por el arte gótico francés, entre los antiguos, y por Puvis de Chavannes, entre los pintores modernos. A Rodin la idea del progreso le parecía casi repulsiva. Sin embargo, su imagen adquirió una impronta radical en la medida en que se acercaba la fecha del cambio de siglo. Su papel de artista provocador llegó al límite con la presentación de su monumento a Balzac, un trabajo que originalmente le encargó Zola y que demoró varios años en terminar. Su visión de Balzac dividió a la ciudadanía francesa, que ya se encontraba enfrentada en torno a la propia recepción de la obra del novelista, entre naturalistas y clasicistas, y a la polémica generada por el caso Dreyfuss. Rodin sin quererlo se vio en medio de en un conflicto cuyas implicancias lo desbordaban y su nombre pasó a asociarse a bandos que disputaban no sólo por los méritos artísticos de su obra. El Balzac fue para Rodin su obra maestra -"nada de lo que he hecho", decía, "me ha dejado más satisfecho y nada de lo que he hecho me ha costado más..."- y su derrota más estruendosa, a pesar de que su nombre era cada vez más prestigioso, especialmente entre admiradores alemanes, ingleses y norteamericanos, y su trabajo adquiría una dimensión empresarial que lo convirtió virtualmente en millonario.