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Escultores
chilenos
Raúl Valdivieso:
“Las primeras fotografías
de esculturas que vi en mi vida -tendría
11 ó 12 años- fueron de Rodin. La
sensación que eso me causó no la
he olvidado.
Más tarde tuve oportunidad de contemplarlas,
estudiarlas, tocarlas y acariciarlas, pero esa
primera visión se mantuvo en mi memoria.
Rodin ha sido el escultor que más éxito
ha tenido en vida. La famosa exposición
de sus obras, que organizó Francia en 1900,
fue una apoteosis de su gloria. Mientras vivió,
la ciudad de París le cedió el Palacio
donde está hoy el Museo, con la condición,
que el escultor dejara en testamento sus obras
a la ciudad. El Museo ha seguido reproduciendo
sus obras, pero sin la vigilancia y exigencias
del artista no puede haber buenas fundiciones.
“ Esto ha ido en desmedro de la obra de
Rodin, porque desgraciadamente no todos saben
ver la diferencia entre una obra maestra y una
mala copia. Una de las características
más sobresalientes y conocidas de Rodin
fue su facilidad innata para crear con la materia
la expresión humana. Expresión de
dolor o de alegría; pero siempre con una
carga enorme de sensualidad. Es imposible no sentir
ese calor. No hay espectador que quede indiferente.
El modelado de los detalles, la perfección
y sutileza de las superficies, dan una sensación
de carne palpitante de vida. Rodin se definió
a sí mismo como un realista: “Yo
soy un cazador de la verdad y centinela de la
vida. Obedezco en todo a la naturaleza y jamás
pretendo darle órdenes. Mi única
ambición es serle servilmente fiel”.
“Aparte de lo retórico de la frase;
es verdad que Rodin nunca impuso poses rebuscadas
o amaneradas a sus modelos, cosa corriente en
la escultura de siglo pasado. Aunque parte de
la obra de Rodin fue hecha en este siglo murió
en 1917 su creación entra de lleno en la
tradición escultórica del siglo
XIX. Pero uno de sus grandes méritos fue
sacarla de los temas literarios, alegorías,
mitologías trilladas, que abundaron en
su siglo. Buscó más que contar una
historia, su pensamiento. Un pensamiento, una
idea, un símbolo que despierte la imaginación
del espectador y que le dé el impulso para
vagar según su fantasía. Y ese es
el papel del arte.
“Chile perdió varias oportunidades
de tener una obra de Rodin. Hizo una estatua ecuestre
del General Lynch cuyo bellísimo boceto
está en el Museo de Bellas Artes, pero
el barco que lo traía naufragó cerca
de Valparaíso. Hizo también el famoso
retrato de la señora Marta Vicuña
que actualmente se encuentra en el Museo Rodin
de París. Rodin se interesó por
hacer un monumento a Arturo Prat, he hizo una
maqueta bellísima: “En primer plano
el busto del héroe arrogante y con la mirada
en el futuro; y detrás una aglomeración
maravillosa de personajes, musas, figuras aladas
que coronaban al héroe”. Se le llamó
“Arturo Prat y la Gloria”. La maqueta
se envió a Chile para ser aceptada por
el gobierno de entonces. A las pocas semanas llegó
un telegrama a la embajada diciendo: “Aceptado
busto de Prat, pero no la Gloria...”. Evidentemente,
esto enfureció al escultor y los chilenos
nos quedamos sin Rodin y sin gloria”.

Osvaldo Peña:
“Aunque hay otras corrientes escultóricas
que personalmente me interesan más, creo
que el aporte de Rodin a la escultura moderna
puede ir por el lado de haber recuperado sus valores.
Estructura, fuerza, que se habían diluido
en una suerte de escultura académica y
graciosa que, por ejemplo, la neoclásica
había explotado. Rodin volvió a
los orígenes que planteaba la escultura,
especialmente renacentista, con Miguel Ángel.
También resulta muy interesante en su obra
la revelación del volumen, de la superficie
a través de la luz. Veo, aunque no sé
si fue el primero, que juega con esa posibilidad.
El habla de los huesos, de los músculos,
de los detalles, pero a través de la luz.
Hace que la superficie se revele por medio de
los reflejos de la luminosidad. Lo que directamente
me influyó durante un tiempo es su representación
del movimiento.
“Rodin terminó con la concepción
estática de la escultura. La abrió.
Abrió el movimiento, que era representación,
porque la escultura es en sí un hecho estático.
Rodin no representó el movimiento, sino
un estado intermedio de este. Cuando presenta
a un hombre caminando no lo muestra con un pie
apoyado y el otro levantándose. El lo esculpe
con los dos pies apoyados y crea la sensación
de movimiento, o sea, él plantea una situación
intermedia entre los dos puntos extremos. Además,
juega con los conceptos de espacio vacío.
Hueco y masa los equilibra constantemente. Eso
llama fuertemente la atención en sus creaciones”.
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