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Escultores
chilenos
Marta Colvin:
“El
comienzo de Rodin fue muy difícil. Era
obrero y trabajaba de día y de noche.
En Francia dominaba el Modernismo, que
era un movimiento decorativo que fundía
los recuerdos románticos con temas naturalistas
tratados con fantasía barroca. Al respecto,
hay una cosa que nunca se debe hacer y que se
la enseñaba a mis alumnos: Es hacer la
mentira. Entonces, la piedra se trataba como
barro modelado. Era una cosa blanda. Daba la
impresión de ser modelada con los dedos
y no con el espíritu de su materia. Eso
destruía peligrosamente su calidad y
expresividad propias.
“Rodin hacía escultura en la noches
y, tres veces, fue rechazado de la Escuela de
Bellas Artes. Por eso, se matriculó en
la Escuela de Artes Decorativas donde ingresó
al movimiento modernista. Pero, afortunadamente,
en 1875, tuvo dinero para viajar a Italia donde
conoció a Miguel Ángel. Desde
aquellos años se dedicó a estudiar
con pasión al escultor. Eso le hizo comprender
lo que era la verdadera escultura. Los conocimientos
lo salvaron de ese movimiento mediocre y peligroso.
Por esos años esculpió “La
Edad de Bronce” que envió a un
salón logrando su consagración.
“Cuando llegué a París
me llevaron al taller de Zadkine. En el medio
estaba posando un viejo, viejo que tendría
90 o 100 años... Luego me explicaron
que era la reliquia de la Escuela, porque era
el modelo de Rodin. Con él había
hecho “La Edad de Bronce”. Entonces,
lo dibujé y hasta lo hice... El aporte
de Rodin ha sido enorme para la escultura moderna.
Fue el genio que dirigió e hizo nacer
un arte nuevo de una fuerza y empuje que nadie
podía quedar indiferente. Este genio
desafió su tiempo y se puede decir que
aún el nuestro. Hay muchos otros grandes
maestros, que han sido maestros míos
como Zadkine y Laurens, pero Rodin es una cosa
de otro mundo, aunque cuando yo me vine a Chile
estaba un poco desacreditado como hombre por
haber abandonado a Camilla (Claudel) en un manicomio.
“Desde el punto de vista escultórico,
su aporte va por la vía de la libertad
expresiva sin límites. Antes, uno copiaba.
Rodin, a través de cualquiera de sus
obras, por ejemplo “Los Burgueses de Calais”,
consigue la síntesis expresiva. Vacia
un ojo con un trazo lineal, para dar la impresión
de la boca deja una huella violenta... No se
queda en lo figurativo. Olvida copiar y se deja
empujar por su pasión por el volumen.
Para su época fue un genio enorme y aún
sigue siéndolo. Cuando estoy perdida
en una escultura me gusta mucho mirar cómo
solucionaba los problemas del volumen. Rodin
siempre es para los escultores un libro abierto”.
Sergio
Castillo:
“Rodin es el genio de la escultura del
siglo XIX, aunque murió en el siglo XX.
Sólo influyó en parte a sus más
directos discípulos: Bourdelle, Maillol,
Camille Claudel y algunos otros.
Los precursores de la escultura
contemporánea, como Picasso, González,
Brancusi, Archipenko, Lipchitz, Laurens y otros,
aunque no tuvieron la influencia directa de
Rodin, en sus esculturas admiraron lo expresivo
y formal. Su rechazo a los vínculos académicos
y la agudeza sicológica de muchos de
sus temas y de algunas de sus innovaciones como
la figura trabajada en forma parcial son notables.
Paradojalmente, la influencia más grande
en la escultura moderna, viene de un pintor
contemporáneo de Rodin, Paul Cézanne.
“Rodin es el último de los grandes
escultores que siguen al tradición de
narrar historias hechas con un lenguaje figurativo,
pasado y melodramático cuya finalidad
era educar, conmemorar y comunicar a gran escala
algunos valores sociales. Un género que
no tiene cabida en la escultura contemporánea.
“La primera vez que visité el
Museo de Rodin, me chocó la gran diferencia
entre su obra modelada y luego fundida en bronce
y las esculturas en mármol. Las primeras
de una gran fuerza y expresividad, sobre todo
los retratos, verdaderas obras maestras. En
cambio, sus mármoles, muy cursis y relamidos,
acordes con el mal gusto de la época.
Luego, me informé que Rodin jamás
tocó una piedra. Todas se las hicieron
artesanos italianos que trabajaban para él.
Vi los bocetos de algunas de esas creaciones
y volví a encontrar la fuerza del maestro.
No se puede trabajar un material sin conocerlo
a fondo. El mármol no era su medio de
expresión.
““Las Puertas del Infierno”se
supone es su obra cumbre; sin embargo, el resultado
final no me da la sensación de monumentalidad
ni coherencia. Algunas de esas figuras aisladas,
como “El Pensador” y otras, tienen
más monumentalidad y fuerza aisladas
que en conjunto. “Los Burgueses de Calais”,
al principio me impactaron, pero, cada vez que
vuelvo a verlas, me gustan menos. Son demasiado
teatrales. Es más importante en ellas
la narrativa que el concepto escultórico.
Son grandes figuras, pero no son figuras monumentales.
Por esa razón, me quedo con los retratos,
el “Balzac” y “El hombre que
camina”.
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