| Escultores
chilenos
Federico Assler:
“Una relación
o la influencia de la obra de Rodin en la escultura
contemporánea es muy compleja. Abordaré
el asunto desde mi experiencia...
A los 20 años de edad,
tuve la feliz oportunidad de vivir en Europa
durante dos años. Mi primer contacto
fue con la obra del Renacimiento italiano; en
su pintura la arquitectura y la escultura de
Miguel Ángel, que periódicamente
visitaba, me impresionaban la vitalidad y fuerza
de las prisiones y la fuerte sensualidad del
“Día y la Noche” de la tumba
de los Médicis.
“Meses después, en París,
tuve el impacto del impresionismo, y por primera
vez de Rodin, cuya obra he podido ver en numerosísimas
oportunidades y la última, con ya otros
ojos, y después de haber trabajado en
escultura por más de 20 años.
En esa oportunidad estuve largas horas recorriendo
diversas esculturas instaladas en el parque
del museo Rodin, muchas de ellas vinculadas
a “La Puerta del Infierno”, el “Balzac”,
“Los Burgueses de Calais”, “El
Caminante”, en el interior del museo...
son los bronces los que verdaderamente me impactan,
esa fuerza concentrada, esos quiebres de la
superficie que provienen del amasar la greda,
de imprimirle con sus manos los dedos presionando
la masa informe y dándole su sello vital,
el hacer propio del escultor que paso a paso
va construyendo el total, del detalle a la obra.
Es esa manera propia (artesanal-artífice
del que sabe hacer) que emerge de lo más
hondo del ser y por una necesidad vital ello
conlleva larga dedicación, trabajo y
meditación.
“Y si la obra de Rodin ya en esos años
iniciales me interesó, fue la escultura
de Moore, y más tarde la de Brancusi,
las que empujaron en mí al escultor.
Sentí a Moore como mi padre espiritual
durante muchos años; incluso mucho tiempo
antes de resolverme a dejar la pintura había
un diálogo con sus ideas y obra..., la
escultura incorporada al paisaje, que la escultura
emergiera del conocimiento tanto del ser humano
como del mundo animal y la naturaleza circundante.
Mi oposición sería que siempre
siguió siendo un escultor de pedestal,
su obra se apoya en el suelo, no emerge de él.
Brancusi en cambio resuelve el total de la obra
escultóricamente y cuando realiza su
obra monumental en la ciudad de Tirgu Jiu, en
Rumania, esas obras emergen directamente del
suelo, son del lugar y permancerán allí.
“Augusto Rodin es artista clave en la
escultura contemporánea, genera un renacer
de la escultura, retoma lo que se había
perdido desde Miguel Angel, “hacer sólo
escultura”', y artistas como Brancusi,
Matisse, Degas, Lipchitz, son influenciados
por el modelado y el movimiento o dinamismo
propio de las figuras de Rodin. El modelado
de Picasso tiene una estrecha vinculación
con la escultura de Matisse y Degas. El sentido
de movimiento y equilibrio de las esculturas
de González, están muy relacionadas
con las de David Smith o Picasso. El modelado
de las primeras obras de Caro e incluso de Chillida,
vinculadas a Matisse y por lo tanto a Rodin.
Y la vinculacion entre González-Picasso-Chillida-Smith-Caro-
Scott en el manejo del hierro. El modelado de
las obras de William Tucker vinculadas a Matisse-Degas-Dodeigne
y, finalmente, también a Rodin”.
Héctor
Román Latorre:
“La escultura es el arte de los huecos
y salientes, no de las superficies planas y
suaves, sin modelado'', pensaba Rodin.
“No se trata de copiar
fielmente los detalles, sino de colocar los
sucesivos planos en su justa medida para obtener
solidez y vida... Si se exageran algunos trozos,
dan los contrastes a los otros... En la escultura,
todo depende cómo esté modelado
al activar el encuentro de los planos. Es cómo
se obtienen la fina luz y las hermosas sombras...
Todo es materia personal, del tacto y temperamento
de cada escultor... No me importa seguir siendo
llamado un simbolista si es que se define lo
esencial. Eso definiría la principal
esencia de la escultura'', decía. Y ante
la lenta y demorosa faena de modelar “Los
Burgueses de Calais”, agregaba: “Algunos
tienen tanta prisa por llegar que ni se toman
el tiempo de conocerse a sí mismos. Todo
lo que se hace precipitadamente es perder el
tiempo”.
“En su caminar, el escultor encontró
la luz . La luz fuente de toda sombra, madre
de toda forma. Es la expresión en escultura
del movimiento, de la fuerza vital, de la luz.
“El escultor debe aprender a reproducir
la superficie, es todo lo que vibra en las superficies:
espíritu, alma, amor, pasión,
vida en suma”. Pese a su rico pensamiento
plástico, la Academia estaba contra Rodin.
Por años desdeñó sus obras.
Durante trece años, tras el rechazo del
“Hombre de la Nariz Rota”, Rodin
no había exhibido figuras en exposiciones
oficiales. Su peor crítico fue el académico
escultor Eugene Guillaume, miembro activo de
la Academia de Bellas Artes y de la Academia
de Francia. A este defensor de los dogmas de
la Academia debe probablemente atribuirse la
acusación contra Rodin de haber amoldado
directamente el cuerpo del muchacho modelo de
la estatua “La Edad del Bronce”.
“Guillaume veía que Rodin hacía
una guerra a muerte a la escultura académica,
que el gozo y la libertad manifiestos en su
obra serían fatales para las viejas convenciones
de la escultura formal y codificada que pasaba
por arte en la Academia. Debe reconocerse a
Guillaume el mérito de haber percibido
en la obra de Rodin la síntesis del siglo...
Y algunos años más tarde fueron
estudiantes suyos los que la policía
detuvo por tentativa de destruir “El Pensador”.
“La vindicación de Rodin, después
de la retirada del salón oficial de “La
Edad del Bronce”, tuvo consecuencias positivas.
Edmond Turquet, subsecretario de Bellas Artes,
llamó a Rodin y le encargó a nombre
del Estado “La Puerta del Infierno”,
puerta escultórica monumental para el
Palacio Decorativo que iba a construirse. Y
aquel primer encargo oficial a Rodin, con toda
su fuerza abrumadora, permaneció sin
terminar cuando las puertas de la muerte se
cerraron tras él el 17 de noviembre de
1917.
“Casi todo gran artista provoca un clamor
de protesta en su época. Hay muchas razones
para ello, incluso la envidia y temor de sus
rivales, quienes distinguen a su vencedor. La
armonía interna de las obras de Rodin
es enriquecida por esos osados movimientos y
contorsiones. Lo que él desdeñaba
era la lisura superficial que atrae instantáneamente
la vista. “El arte, como creo que lo observó
Flaubert, es meramente la exageración
de lo grande. Debemos exagerar, pero debemos
saber cuánto y cuándo”,
comentaba el artista.
“La obra de Rodin se distribuye principalmente
en dos vertientes: la gran serie de figuras
que lo distingue como maestro de lo voluptuoso,
y la que lo define como escultor del alma. Igualmente,
no hay que olvidar al escultor de retratos,
que son verdaderas revelaciones del carácter
y del espíritu viviente. Sin embargo,
tuvimos algún nexo con este genio creativo.
“Nuestra diplomacia en esa época
tuvo relaciones con el gran escultor francés.
Rodin había realizado una estatua femenina
alada, de tamaño natural, que gritaba
furiosa y angustiada mientras a sus pies un
joven soldado muerto era escudado por ella (se
sabe que esta estatua estaba destinada a exaltar
la hazaña de Arturo Prat, pero lamentablemente
para nuestro patrimonio artístico fue
rechazada por la comisión encargada de
adquirirla). Sin embargo, esta obra sirvió
posteriormente para simbolizar la desesperada
defensa de Courbevois, a las puertas de París,
contra la invasión de las tropas alemanas
en 1870. Como muchas de sus obras, esa escultura
tuvo varios nombres: “La Defensa”,
“La Patria Vencida” y “El
Espíritu de la Guerra”. Por fin
halló un sentido definitivo al ser erigida
en 1920 en Verdún (hoy existe en Viña
del Mar una copia de ella).
“Sólo una vez pudo Rodin realizar
el deseo de crear una figura ecuestre, en la
estatua del general Patricio Lynch, para Chile,
la que ejecutó en 1883. (Esta estatua,
según relata el escultor Víctor
Frisch, fue fundida en bronce y traída
a Chile, donde fue destruida por revolucionarios
(¿en 1891? ). En 1884 Rodin expuso al
público un busto del señor Morla
Vicuña y otro en mármol de su
esposa Luisa Lynch, hija del general chileno
de la Guerra del Pacífico, que se conserva
en el Museo Rodin de París”.
Alejandro
Molina
Curador de la muestra
“La idea de traer la obra de Rodin a Chile,
es un anhelo que se tiene desde la fundación
del Museo de Bellas Artes en 1910, pues coincidía
justo con los últimos años de
fama y vida del creador.
“Este deseo no se pudo
concretar hasta hoy; sin embargo, la influencia
del artista en los escultores chilenos es ampliamente
reconocida, como por ejemplo, en Rebeca Matte.
“Su trabajo marcó
muchísimo a la escultura, en especial
la época en que se convirtió casi
en un cubista. De esa época el monumento
a Balzac, que fue utilizado como inspiración
por varios creadores de su época; incluso
el Monumento a José Manuel Balmaceda,
de Samuel Román, tiene la representación
cubista de la que hablo.
“Rodin era un modelador.
Modelaba en arcilla o yeso; no era un escultor
en estricto rigor, tampoco tallaba. Su labor
consistía en darle forma aun original
no muy grande en yeso o arcilla, luego se hacía
el vaciado; es decir, se cubría de yeso
nuevamente, para dar el negativo de la obra,
que podía aumentar de tamaño al
original. En la tercera etapa, este molde de
yeso se partía en dos y daba el positivo
al rellenarlo con bronce. Se consideran originales
12 fundidos de un positivo, autorizados por
el Museo Rodin. La otra posibilidad era tallarlo
en mármol y eso lo hacían otros
escultores (la mejor de todos, Camilla Claudel)
o rellenarlo en yeso nuevamente y darle las
terminaciones. Para esto, Rodin contaba con
un equipo de 50 operarios entre escultores,
yeseros, ayudantes y fundidores”. |