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Análisis
de su obra
Maestro de
la libertad expresiva
Rodin fue uno de los más
célebres escultores del siglo XX. Su obra,
un paradigma para la escultura contemporánea,
dejó una huella imborrable en la historia
del arte. “El beso” o “El pensador”'
pertenecen indiscutiblemente al universo iconográfico
de la modernidad, a cuya formación colaboró
Rodin entre la indiferencia y la condena de sus
contemporáneos. Fue el último genio
de la escultura de canon humano, pero sus creaciones,
enraizadas en la tradición de Fidias y
Miguel Ángel, abrieron caminos hasta entonces
infranqueables para este arte.
El
escultor español
Eduardo Chillida:
“Pensar el espacio, por una serie de razones
que todo el mundo conoce, y por otras no tan sabidas,
la obra de Rodin representa
un capítulo fundamental de la historia
de la escultura. Su extraordinaria sensibilidad
en la figuración, su gran habilidad en
el modelado y en el dibujo, han sido de sobra
resaltadas, pero no tanto como algunas aportaciones
que han trazado nuevos caminos para la escultura
contemporánea. Es el caso, por ejemplo,
de obras como ``Los burgueses de Calais'', una
de las primeras esculturas en donde el espacio
es abordado de una manera conciente. Cuando ésta
está bien emplazada, como en el patio del
Museo de Basilea, se advierte que Rodin, mucho
antes que cualquier otro escultor, había
tenido la intención de atender esencialmente
al espacio creado entre las figuras. Esos personajes,
con sus cabezas y sus brazos, están actuando
desde la figuración en el mismo sentido
en que lo hacen los elementos de mis obras. Rodin
representa así, en relación con
el pensamiento del espacio, una referencia para
muchos artistas que trabajamos hoy en esa dirección.
“En la historia de la escultura
existen otros creadores anteriores a Rodin con
esas intuiciones, pero es en “Los burgueses
de Calais” donde por primera vez se hace
patente que existe un más allá en
esas inquietudes espaciales que encontramos ya
desde los clásicos. Rodin convierte en
un acto voluntario esa observación acerca
de la obra escultórica y del espacio, y
esto lo prueba el hecho de haber colocado las
figuras de los burgueses al mismo nivel del suelo
y de quienes las contemplan.
“Pero Rodin nos sorprende
incluso en sus desaciertos. A mi juicio, en “La
puerta del infierno”, donde emplea la arquitectura
y la escultura, la relación entre la puerta
y las figuras colocadas sobre ella no está
resuelta de forma afortunada, porque son dos lenguajes
superpuestos que en esta obra no consiguen trabajar
juntos.
“Y es que quizás uno
de los peligros que debió afrontar Rodin
fue su propia habilidad. Ésta deja escapar
a veces la mano por delante de la cabeza y de
la sensibilidad. Gracias a su talento, pudo ser
Rodin; si no lo hubiera tenido, no habría
sido un maestro.
“Habrá momentos en
que se tenga menos presente la herencia de Rodin,
porque la escultura que vaya apareciendo podrá
tener menos que ver con la suya, pero su huella
será siempre indeleble”. |