Rodin en Chile

Un héroe fundido y confundido

El escultor francés Auguste Rodin (1840-1917), nunca pudo concretar sus proyectos en Chile.

Un proceso de excusas y malos entendidos dejó a un prócer local convertido en maqueta.

Ramón Castillo, licenciado en estética

La primera vez que Auguste Rodin pudo encontrarse con Chile, fue con motivo de su participación en un concurso, a petición del gobierno de esa época, para la construcción de un monumento a las Glorias Navales: Muerte de un héroe: Llamado a las Armas (cerca de 1880).

En dicha oportunidad, el escultor envió a nuestro país la maqueta del proyecto que fue menospreciado por las autoridades de ese momento, al considerarlo fuera de las bases del concurso, en el que se exigía la representación naturalista de seis figuras: Arturo Prat, el Sargento Aldea, Ernesto Riquelme, Ignacio Serrano, el Marinero Desconocido y el Ángel de la Gloria.

Por supuesto, los hombres notables no encontraron más que dos figuras y la incomodidad de advertir que el homenajeado héroe no estaba por ningún lado, ni su uniforme, ni los botones ni charreteras que lo distinguían. Más confuso aún fue establecer la obviedad fisonómica de su rostro y comprender el ambiguo sentido de la espada que en vez de alzarse contra el enemigo se hundía inexplicablemente junto a sus desnudos pies. Esta libertad poética, sin duda resultó ofensiva, puesto que la construcción del prócer se establecía sobre bases bastantes literales y rígidas... ¿Cómo se le podrá haber ocurrido a este señor que el héroe y el marinero desconocido podían ser fundidos en una misma persona?

Probablemente como justificación razonable alguien pudo haber argumentado que Rodin por vivir tan lejos de Chile, no tenía idea de nuestra historia, o que era de mal gusto para la época ver la caída de un cuerpo desnudo, deforme, contorsionado y sufriente, que para lo único que servía era para sostener o apuntalar desde la espalda el inicio de un poderoso vuelo de ángel. La mujer alada se despega del suelo para extender sus brazos y elevar un grito que se ahoga y desfallece en el cuello del héroe o marinero.

Afortunadamente, los malestares no se hicieron esperar. Numerosas publicaciones, con opiniones de artistas e intelectuales apelaron a la vergüenza nacional y a la necesidad de reparar tal equivocación. Un ejemplo de ello es un artículo de la revista Pro-Arte que en el número de noviembre de 1948, alegando en contra del nuevo monumento a Prat, argumenta:

“La historia de los errores se repite de tiempo en tiempo. Así, hace sesenta y cinco años, ya un comité de Hombres Buenos, encargó y rechazó a Rodin, el más grande escultor de su tiempo, su proyecto al héroe chileno. Hoy, esa obra de arte que fue despreciada por los chilenos del año 1880, se exhibe como una de las piezas más valiosas en un museo de Francia y causa la admiración del mundo entero. Para enmendar este error, sería del caso proponer dos soluciones: llamar a concursar por invitación a calificados escultores nacionales o extranjeros, o bien iniciar las negociaciones para adquirir la obra de Rodin, dándole al grupo que hoy se denomina El Genio de la Guerra, que reproducimos en estas columnas, su primitiva y auténtica destinación”.

Pasaron varios años de reclamos, hasta que durante la década de los 60 las autoridades porteñas intentaron una reparación histórica y gestionaron el regreso de la obra. Indudablemente resultó imposible. No obstante, se obtuvo una réplica en bronce y su instalación definitiva fue en el Palacio Carrasco ubicado en Avenida Libertad, donde actualmente funciona el Centro Cultural de Viña del Mar.