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Sin embargo, Hitler no cedería
en su ambición. Al contrario de ordenar la
retirada, empujó a sus ejércitos a continuar
la marcha. La idea era "envolver" Moscú
con sus tres grupos de hombres armados que habían
penetrado las líneas soviéticas. Tomando
la capital, la guerra estaría ganada.
De acuerdo a la versión de historiadores, las
torres del Kremlin ya aparecían a la vista
de los alemanes, cuando comenzaron los días
en que las temperaturas no superaban los 40 grados
bajo cero. Era noviembre de 1941 y el frío
aplastó la capacidad alemana. Trenes, camiones
y carros militares quedaron detenidos; los aviones
no despegaron y las armas quedaron inutilizables.
El invierno que recién se aproximaba acabó
con muchos hombres.
Obligado por esas circunstancias, en enero de 1942,
Hitler ordenó el primer repliegue y reordenamiento
de fuerzas. El plan original había fallado
por lo que el Führer movilizó sus tropas,
aunque a la postre el resultado sería el mismo.
Los sucedido en Leningrado y Stalingrado, las ciudades
que hacían honor a sus líderes, mostraría
cuán poderosoa era la nación comunista.
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