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A fines de 1941, habían
ocupado Hong Kong. Y en febrero de 1942, derrotaron
a los holandeses, accediendo a Indonesia y ocupando
la base británica en Singapur. Entre abril
y mayo, liquidaron la resistencia norteamericana en
Filipinas, y completaron la ocupación de Birmania.
Sus amenazantes ataques aéreos, además,
tenían en vilo a la India, Ceilán y
Australia.
La Guerra se hizo mundial y, aunque sorprendente,
el nuevo escenario cayó bien a todos. Hitler
dijo a sus cercanos que ahora contaba con un aliado
que no había sido vencido en 3.000 años;
Churchill, se sentía ya vencedor al conseguir
por fin la colaboración norteamericana, y Roosevelt
encontró al fin la luz verde que ansiaba para
clarificar su posición y entrar de lleno al
conflicto.
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