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A partir del 11 de noviembre
de 1942, Alemania lanzó ataques sobre la ciudad
- que previamente fue bombardeada- que, sin embargo,
no fueron sorpresivos para los soviéticos.
Éstos elaboraron un plan exitoso que consistió
en esperar replegados a los alemanes al interior de
la ciudad. Los nazis se vieron obligados a dejar su
artillería pesada y a llevar adelante una lucha
contra un enemigo refugiado que lo esperaba preparado
para un combate cuerpo a cuerpo.
La batalla de Stalingrado es recordada como una de
las batallas más sangrientas de la historia,
con más de un millón de soldados muertos
en los enfrentamientos callejeros.
Fueron seis meses de crudas luchas en que Alemania
no fue capaz de tomar la ciudad. Finalmente, el 30
de enero de 1943, el general alemán Friedrich
Von Paulus, a cargo del Ejército nazi, firmó
la capitulación a pesar de que algunas divisiones
seguían en combate y de que Hitler nunca dio
la orden de rendición.
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