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Los múltiples
rostros del Führer
Adolf Hitler supo hacerse adorar por millones
con un temperamento que encierra misterios y contradicciones.
Ignacio Arana Araya
De ser un marginal
casi sumido en la pobreza hasta los 30 años,
en los siguientes 26 Adolf Hitler logró que
sus acciones lo llevaran a ser admirado hasta el paroxismo
por decenas de millones y a acumular tanto poder en
vida como quizás nadie en la historia de la
humanidad.

¿Cómo era la verdadera personalidad
de Hitler, que le permitió partir de la nada
y llegar al todo? Aproximarse al personaje real requiere
remover el grueso manto de caricaturas con las que
la cultura de masas occidental cubrió la imagen
del dictador alemán.
Para la biógrafa austriaca Marlis Steinert
-"Hitler y el universo hitleriano"-, la
personalidad de Hitler era como las muñecas
rusas, que esconden una figura dentro de otra. Hitler
habría tenido dentro de sí varios adolfs,
y el talento para ocupar el más útil
según la ocasión. Así, a cada
público su afán; sus viejos camaradas
de lucha escuchaban a un revolucionario radical, las
masas concentradas escuchaban al líder mesiánico
que los "salvaría", las damas de
la aristocracia se topaban con un dandi gentil, los
dignatarios extranjeros negociaban con un estadista
mesurado y docto.
Aunque este hábil acomodo a las circunstancias
no fue impedimento para que desde su juventud defendiera
con intransigencia fanática sus convicciones.
El "arte" consistía en relucirlas
cuando conviniese, bajo el formato más presentable.
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