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Propaganda Nazi, el
arma más poderosa del Tercer Reich
El régimen mantuvo cohesionado y convencido
a su pueblo de la victoria, incluso cuando la derrota
era evidente.
Gonzalo Vega Sfrasani
"No hay necesidad
de dialogar con las masas, los eslóganes son
mucho más efectivos. Éstos actúan
en las personas como lo hace el alcohol. La muchedumbre
no reacciona como lo haría un hombre, sino
como una mujer, sentimental en vez de inteligente.
La propaganda es un arte, difícil pero noble,
que requiere de genialidad para llevarla a cabo. Los
propagandistas más exitosos de la historia
han sido Cristo, Mahoma y Buda". En este escrito,
Joseph Goebbels resume perfectamente su trabajo.

Es que en apenas un par de años, el jefe propagandístico
del régimen nazi logró hacer de la figura
de Adolf Hitler un mito a los ojos del pueblo alemán,
y fue capaz de -durante la Segunda Guerra Mundial
(1939-1945)- transformar las peores derrotas militares
en un aliciente moral para que las tropas siguieran
peleando cada vez con más fuerza contra el
enemigo.
Con sus incendiarios discursos, el Führer convencía
a los auditorios más diversos, por reticentes
que pudieran ser en un principio. Pero sabía
que su reconocida capacidad oratoria no era suficiente,
y que tan importante como la campaña de terror
desarrollada por el director de las SS, Heinrich Himmler,
era la del convencimiento de las masas. Así,
tan pronto como llegó al poder, Hitler creó
el Ministerio Nacional de Instrucción Popular
y Propaganda y puso a Goebbels a la cabeza.
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