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El juego de poder
a la
sombra de la Guerra
Para el mundo eran un bloque sólido
destinado a acabar con la pesadilla nazi. Pero en
realidad se trataba de un delicado equilibrio entre
los desiguales intereses de sus líderes.
Carolina Álvarez Peñafiel
Con Francia dominada
por los nazis, sir Winston Churchill, el Primer Ministro
británico, necesitaba con urgencia de un aliado
en el continente que lo ayudara a detener la marcha
incansable de las tropas del Tercer Reich, que amenazaban
con tomarse lo que quedara de Europa. Joseph Stalin
parecía la persona indicada: con o sin aliados,
el poderoso líder soviético tenía
pensado entrar a la guerra. Y cuando Hitler dio inicio
a la Operación Barbarroja con el objetivo de
llegar hasta Moscú, fue el momento preciso.

- Stalin, Rossevelet y Churchill -
Pese a las
inmensas diferencias ideológicas que los separaban,
los británicos no dudaron ni un segundo en
ofrecerle a Stalin una alianza. Aunque la Unión
Soviética (URSS) no estaba en las mejores condiciones
económicas para arriesgarse a entrar en el
conflicto, el líder aceptó.
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