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El misterioso viaje del
submarino U-234


El último plan de Hitler casi permitió que Japón recibiera más de 500 kilos de óxido de uranio, para una bomba atómica.

Alberto Rojas Moscoso

El 16 de mayo de 1945, los marinos que se encontraban en la base naval de Portsmouth, New Hampshire, fueron testigos de una imagen que se estaba volviendo frecuente. Un submarino alemán, escoltado por buques estadounidenses, ingresaba lentamente a sus instalaciones navales. No era el primer submarino al que la rendición de Alemania sorprendía en medio del Atlántico. De hecho, el U-805, el U-873 y el U-1228 habían llegado a la misma base días antes.

Pero este era diferente. El U-234 era un gigante de los mares, cuyas 240 toneladas de carga dejaron boquiabiertos a todos, al punto que su contenido fue declarado ultrasecreto: dos jets Messershmitt 262 desarmados, componentes para bombas V2, altos oficiales de la Luftwaffe, planos para otras armas de "alta tecnología" y... 560 kilos de óxido de uranio repartidos en 10 contenedores. Suficiente material radiactivo para construir dos rudimentarias bombas atómicas.



El U-234 (uno de los ocho de su clase) había comenzado su primer y último viaje desde su base en Kiel, a fines de marzo. A comienzos de abril arribó al puerto noruego de Kristiansand, donde recibió su carga y pasajeros, para luego zarpar el 15 de abril -un día antes de la ofensiva final soviética sobre Berlín-, bajo el mando del capitán Johann Heinrich Fehler, rumbo a Japón.


 

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