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Manhattan
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Robert
Oppenheimer, el padre de la bomba atómica. |
La respuesta de agradecimiento
de Roosevelt llegó meses después de
comenzada la Guerra, pero el verdadero motivo para
lanzar el desarrollo estadounidense de una bomba atómica,
se produjo recién en 1941, cuando la mañana
del 7 de diciembre una flota japonesa destruyó
la base naval norteamericana en Pearl Harbour.
Estados Unidos entró
a la guerra con dos ideas en mente: derrotar a Alemania
y Japón y además adelantarse en la carrera
nuclear, ante el temor que otras naciones, especialmente
el imperio nazi, tuviera los mismos planes.
Y para eso la potencia americana
debió conformar dos ejércitos. Uno con
uniforme de camuflaje que peleara en Europa y el Pacífico,
y otro con "delantal blanco y guantes" para
que desarrollara el denominado "Proyecto Manhattan".
Bajo la dirección del
general Leslie Groves, un grupo de unas cien mil personas
– entre ellos cinco mil de los mejores científicos,
técnicos e ingenieros- comenzó en 1942
a trabajar en la planta Los Álamos, en Nuevo
México. Estados Unidos y Gran Bretaña
(aliados en el proyecto) invirtieron cientos de millones
de dólares – se habla de unos US$ 20
mil millones actuales- en la construcción de
una verdadera ciudad, que trabajaba en conjunto con
otra planta en Tennessee, un laboratorio en la Universidad
de Columbia y otras instalaciones en Oak Ridge y Hanford.
Efecto implosión
El gran hombre a cargo del desarrollo
de la bomba era el científico estadounidense
Robert J. Oppenheimer. Él y sólo un
grupo reducido de expertos sabían cuál
era el fin último del "Proyecto Manhattan".
Uno de ellos, el danés Niels Bohr (Premio Nobel
1922), era reticente a sumarse a esta histórica
campaña.
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