Franklin D. Roosevelt
Roosevelt era partidario de terminar con el tradicional
aislacionismo de los Estados Unidos. Por eso, lanzó
la política de buena voluntad respecto a Latinoamérica,
llegó a acuerdos de estabilización monetaria
con Gran Bretaña y Francia en 1936 y reconoció
al gobierno de la URSS, algo a lo que se habían
negado todas las anteriores administraciones norteamericanas.
Aunque estaba preocupado por el avance del fascismo
en Italia, Alemania y el expansionismo japonés,
no pudo intervenir en conflictos como el de Abisinia
o España por una ley que aseguraba la neutralidad
de Estados Unidos en política exterior.
La ocasión para comenzar a romperla la dio
el inicio de la II Guerra Mundial, cuando Roosevelt
convenció al Congreso para tomar medidas de
apoyo a las democracias, especialmente al Reino Unido
que quedó sola frente a Hitler, tras la derrota
francesa. Junto con Winston Churchill explicó
los propósitos bélicos británico-estadounidenses
en agosto de 1941 en la Carta del Atlántico.
Posteriormente con el ataque japonés a Pearl
Harbor, Estados Unidos entró de lleno en el
conflicto y el país entero fue movilizado para
suministrar armamento.
En enero de 1943 impuso la idea de una "rendición
incondicional" de Alemania como la única
salida posible al conflicto.
En la Conferencia de Quebec (agosto de 1943) planificó,
junto a los líderes aliados, la invasión
de Normandía. En Moscú (octubre de 1943)
los ministros de Asuntos Exteriores de esos países
aprobaron la creación de una organización
internacional que asegurara la paz mundial tras la
guerra. La estrategia militar y el problema de la
Alemania de posguerra se trataron en la Conferencia
de Teherán (noviembre-diciembre de 1943) y
en Quebec (septiembre de 1944).
Enfermo y próximo a su muerte, participó,
también en la Conferencia de Yalta, en febrero
de 1945, en la que según sus críticos
fue demasiado comprensivo con las ambiciones de Stalin.
El 12 de abril de 1945, falleció a causa de
una hemorragia cerebral.
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