|EMOL|El Mercurio|Las Últimas Noticias|La Segunda|Diarios Regionales|Avisos Económicos|
Semana Santa

El Papa

En la Iglesia antigua el catecumenado era un camino, paso a paso, hacia el bautismo:un camino de apertura de los sentidos, del corazón, de la inteligencia a Dios; un aprendizaje de un nuevo estilo de vida; una transformación del propio ser en la creciente amistad con Cristo en compañía de todos los creyentes. Así, después de las diversas etapas de purificación, de apertura, de nuevo Fotoconocimiento, el acto sacramental del bautismo era el don definitivo de una vida nueva; era muerte y resurrección, como dice san Pablo en una especie de autobiografía espiritual: "Estoy crucificado con Cristo:vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí. Y mientras vivo en esta carne, vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó hasta entregarse por mí" (Ga 2, 20).

La resurrección de Cristo no es simplementeelrecuerdo de un hecho pasado. En la noche pascual, en el sacramento del bautismo, se realiza hoy realmentelaresurrección,la victoria sobre la muerte. Por eso, Jesús dice: "El queescucha mi palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna y (...) ha pasado de la muerte a la vida" (Jn 5, 24). Y, en el mismo sentido, dice a Marta:"Yo soy la resurrección y la vida" (Jn 11, 25). Jesús es la resurrección y la vida eterna. En la medida en que estamos unidos a Cristo, ya hoy hemos "pasado de la muerte a la vida", ya ahora vivimos la vida eterna, que no es sólo una realidad que viene después de la muerte, sino que comienza hoy en nuestra comunión con Cristo. Pasar de la muerte a la vida es, con el sacramento del bautismo, el núcleo real de la liturgia de esta noche santa. Pasar de la muerte a la vida es el camino cuya puerta ha abierto Cristo y al que nos invita la celebración de las fiestas pascuales.

Queridos hermanos, la mayoría de nosotros hemos recibido de niños el bautismo, a diferencia de estos cinco catecúmenos, que ahora se disponen a recibirlo de adultos. Están aquí dispuestos a proclamar en voz alta su fe. En cambio, para la mayoría de nosotros, fueron nuestros padres quienes anticiparon nuestra fe. Nos dieron la vida biológica sin que pudieran preguntarnos si queríamos vivir o no, justamente convencidos de que la vida es un bien, un don. Pero también estaban convencidos de que la vida biológica es un don frágil; más aún, en un mundo marcado por tantos males, es un don ambiguo, que sólo se convertirá en verdadero don si, al mismo tiempo, se puede dar la medicina contra la muerte, la comunión con la vida invencible, con Cristo.

Juntamente con el don frágil de la vida biológica, en el bautismo nos dieron la garantía de la verdadera vida. Ahora nos corresponde a nosotros identificarnos con este don, entrar cada vez más radicalmente en la verdad de nuestro bautismo. Cada año, la noche pascual nos invita a sumergirnos nuevamente en las aguas del bautismo, a pasar de la muerte a la vida, a ser auténticos cristianos.

"Despierta, tú que duermes; levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz", reza un antiguo canto bautismal, que recoge san Pablo en su carta a los Efesios (cf. Ef 5, 14). "Despierta, tú que duermes... y Cristo será tu luz", nos dice hoy la Iglesia a todos. Despertémonos de nuestro cristianismo cansado, sin entusiasmo; levantémonos y sigamos a Cristo, la verdadera luz, la verdadera vida.

Amén.

ImprimirEnviar
Términos y Condiciones de los servicios