
Los encantos de Sewell
Superficie Territorial Zona Típica: 212. 000 m2
Edificios no Industriales: 38.395 m2
Edificios Industriales: 61.350 m2
Superficie Total Construida: 99.745 m2

Este pueblo perdido en la montaña, sólo acompañado
por una enorme mina subterránea, parece hoy una escenografía
abandonada. Pero el hecho de que haya sido un pueblo de verdad
lo hace tremendamente encantador. Las casas, la iglesia, el hospital
y centros de eventos están cobijados unos encima de los
otros y entrelazados alrededor de la escalera central: la columna
vertebral de Sewell. Sin calles, ni plazas grandes, solamente
rodeado de montañas los edificios mismos fueron de vital
importancia. Acá no reina ni un rigor geométrico
ni menos una distribución de viviendas asimilables a una
manzana, sino una distribución caprichosa según
lo que dictó la pendiente. Las edificaciones realizadas
son sencillas, de construcción homogénea y tonalidades
de color pastel, adheridas al relieve montañoso en forma
escalonada. Algunas se enmarcan en una arquitectura racionalista,
y otras tiene detalles neoclásicos. Funcionan en una estructura
urbana vinculada a través de escaleras y bordeadas por
pasamanos de fierro pintados verde para que destaquen en la época
invernal, cuando la nieve lo cubre todo.
Al principio el pueblo minero era un lejano campamento que lentamente
fue creciendo gracias a la inauguración, en 1905, del nuevo
camino para carretas tiradas por bueyes. Al año ya se erguían
en torno a la planta concentradora de la mina las primeras viviendas
y colectivos para cerca de 1.000 trabajadores casados y solteros.
Sewell aún se llamaba "El Establecimiento". Como
se trataba de un lugar inexplorado y sin planicies la construcción
de este pueblo nació en base a prueba y error. En la medida
que los derrumbes, fuertes nevazones y rodados arrasaban con las
construcciones de los sewellinios, éstos replanificaban
la distribución de sus viviendas y edificios.
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