Especiales_EMOL.
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Como buen pueblo montado por extranjeros fue diseñado en otro país: EE.UU. Los materiales como el pino oregón y las ventanas de guillotina se importaban desde Norteamérica a hasta Rancagua, para luego subirlos hasta el Cerro Negro, ubicado en la Cordillera de Los Andes y sobre el cual nacía Sewell.



En poco tiempo nació una infraestructura un poco más elaborada y ya en 1911 se denominó "Cuidad Dispersa". Esto porque aún no se integraban los diferentes sectores que en esta época iban tomando forma: la población de unos 4.000 trabajadores, el barrio Americano en la falda norte del cerro, destinado a los profesionales "gringos" y sus familias; y la infraestructura minera que contaba con una nueva planta concentradora, nueva fundición, y una planta de ácido sulfúrico. Entre 1912 y 1916 el pueblo ya era dueño orgulloso de un hospital, centro social, compañía de bomberos, ferrocarril a Rancagua y su nombre definitivo: Sewell, en recuerdo a Barton Sewell que nunca conoció el pueblo.



En la medida que la mina iba creciendo y la demanda por cobre aumentaba, especialmente durante la Primera Guerra Mundial, Sewell se iba trasformando cada vez más en la ciudad que hoy se recuerda. En 1916 la población era de alrededor de 9.000 personas, y dos años después superó los 14.000 habitantes, con una densidad de alrededor de 500 habitantes por hectárea. En 1918 funcionaban tres escuelas, un cine, catorce clubes, asociaciones culturales y deportivas. Al año se inauguró el nuevo y moderno hospital, una escuela de artes femeninas y dos vocacionales, además de un juzgado menor, registro civil y telégrafo comercial. Así, en los años '60, Sewell era una "Ciudad Madura" que nada le tenía que envidiar a Santiago, contando incluso con una de las mejores infraestructuras a nivel latinoamericano.