
Tan bueno son los recuerdos de Sewell que lograron desplazar algunas
dificultades que vivieron los habitantes de la también
llamada "Ciudad derramada en el cerro". El clima era
duro y obligaba salir en la mañana de la casa, con la pala
en mano. Si no, no se llegaba muy lejos. La ubicación de
la ciudad no permitía la existencia de parques y lugares
de recreación para los niños. Y aunque la estructura
paternalista de la administración norteamericana significó
grandes beneficios, la diferencia social era evidente. Mientras
los extranjeros vivían cómodamente en casas individuales,
los empleados habitaban en edificios colectivos con baño
privado, y los obreros en edificios con baño y duchas comunes.
Los clubes sociales, gimnasios, las piscinas, el cine y las escuelas
eran igualmente excluyentes. En los cines, por ejemplo, los norteamericanos
y los profesionales iban a platea. Los mineros se sentaban en
la galería. Pero de alguna manera los gringos
no abrían la brecha más de lo necesario, logrando
una convivencia sin resentimientos.

Sin embargo, cuando llegó el momento de irse de Sewell
nadie se resistió. El atractivo de poseer casa propia y
la curiosidad por tener contacto con otros habitantes, que no
eran parte del mundo minero, fueron más fuertes. Pero no
fue llegar y comenzar una vida nueva. De un día para otro
los sewellinos tenían que pagar cuentas, dividendos y asumir
algunos gastos que nunca fueron considerados en el presupuesto
familiar. Tanto así, que al principio algunos obreros llevaron
sus cuentas de luz y agua a la empresa para que se las pagaran.

Hoy, esta antigua ciudad minera que conserva un valioso patrimonio
arquitectónico e histórico es Monumento Nacional.
Pero aspira a más: quiere ser Patrimonio de la Humanidad.
Por eso, ya son dieciocho los edificios que han sido restaurados
y que son visitados diariamente por turistas nacionales y extranjeros.
Destaca la iglesia y el bowlling, además del Museo de la
Gran Minería del Cobre y el famoso "Teniente Club",
ubicado en el barrio americano y que contaba con piscina temperada,
que está siendo remozado. Para el año 2006 se espera
inaugurar un museo en el interior de la mina, al cual habrá
que llegar en un pequeño tren. Todo, para que el visitante
pueda imaginarse lo que fue ese pequeño mundo feliz y perfecto,
llamado Sewell
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