Tatuador Georgi Abusleme

Los tatuajes pueden ser una adicción


Con sólo 14 años se hizo el primer dibujo en la piel. Hoy ya lleva más de seis años haciendo tatuajes. Dos extensiones en los lóbulos de las orejas, un piercing en la lengua, las manos completamente pintadas y el atisbo de otro en el cuello es lo que a simple vista se aprecia de este chileno de 29 años, alto y de ojos azules, para quien el tatuaje es su pasión, su "placer profesional".

"Tatuar me genera full placer", dice enfático, al tiempo que agradece tener al menos un cliente diario y con eso sobrevivir, porque, advierte, "con el tatuaje se sobrevive, uno no se hace millonario".

Diseñador gráfico de la Universidad del Pacífico, Georgi Abusleme asumió que no sólo no le gustaba su carrera cuando ya había terminado de estudiar, sino también que no servía para depender de otros, "porque acá en Chile la creatividad en gráfica no existe, todos se basan en algo que ya está preestablecido".

Viajó por Sudamérica, Europa y se instaló en Chile. Soñó con un puesto en Pucón, pero la realidad lo trajo de vuelta."Cachaba que era poco rentable, una pega muy temporal". Una vez asentado en la capital se "puso las pilas" y desde marzo de este año tiene un pequeño, pero muy bien decorado y ascéptico lugar de trabajo en el edificio Dos Providencias, en el metro Los Leones.

"Yo empecé como en tercer año de universidad a tatuar. Tatuaba en mi casa con agujas de coser, con tintas chinas, con máquinas hechas con timbres. Porque aquí en Chile no existen los cursos para tatuar"
, describe con soltura mientras se arrellana en una de las butacas en las que trabaja.

Fue su amigo "Peluca" quien le ofreció en el 2002 hacerse cargo de la "primera tienda decente" en la que trabajó. THC, en el Portal Lyon le dio la bienvenida a su carrera como "profesional del tatuaje".