Arruga la nariz al recordar cómo y con qué
se tatuó por primera vez. "Un amigo tenía
una máquina casera con un motor de radio y ahí
logramos enterrar las agujitas. De ahí conocí
al Pato Shamp, un conodico tatuador chileno, y después
me seguí tatuando con él", explica.
Dice que le queda mucho por tatuarse. "Recién
estoy comenzando", advierte, mientras se levanta el
pantalón de la pierna derecha donde un tatuaje de
color negro decora gran parte de la pantorrilla.
"Me estoy tomando el tiempo de conocer gente con
el tipo de escuela que yo llevo, intento no calentarme mucho
con los tatuajes. Dudo que me arrepienta alguna vez de algún
tatuaje, pero sí sé que quiero tatuarme con
gente especial".
- ¿De qué escuelas eres tú?
- Algunos se especializan en arte demoníaco,
otros en los retratos, las sombras. Yo me dediqué
más que nada al color. Me encanta lo que se puede
hacer con un trabajo de color. Me gustan los matices, las
degradaciones. La idea es como hacer un sticker
en la piel. Pero por pega aquí hay que trabajar en
lo que llegue.
- ¿Das recomendaciones a tus clientes?
- Siempre busco trabajar por el lado de la estética,
las formas del cuerpo. Por ejemplo, si el tatuaje es en
el brazo trato de ser armónico con el brazo y no
romper el esquema de la musculatura.
Yo intento que el cliente se guíe por lo estético. Pero también
muchas veces hay personas que llegan y dicen 'quiero esto y en este lugar' y
ahí bueno, lo respeto 100%. Un par de veces, incluso, le he dicho al cliente
que mejor se tatúe con otra persona porque a mí me va a dejar más
insatisfecho.
- ¿Cuál es el estilo que más te piden?
- Los clientes que vienen piden full color, en su mayoría,
pero también he hecho buenos trabajos de sombra. En estilos harta gente
ha llegado por mi golondrina. Dibujo golondrinas hace mucho tiempo y es como
el sello, las "golondras"... ja ja ja.
- ¿Y por qué las golondrinas?
- Porque son el símbolo de libertad.
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