Los
cristianos eran hostiles al tatuaje ya que creían
que si Dios había creado al hombre a su imagen y
semejanza, era pecaminoso que el hombre tratara de alterar
su imagen, por esto el emperador Constantino, primer emperador
cristiano de Roma, emitió un decreto en contra de
esta actividad, entre los años 324 y 395.
Se cree que la actitud negativa contra el tatuaje tuvo su
origen en este decreto y esta posición fue adoptada
por varias religiones durando hasta nuestros días.
A pesar de esto, existen registros de que los guerreros
religiosos de las Cruzadas se hacían tatuar crucifijos
para asegurarse un entierro cristiano, también los
peregrinos que iban a Jerusalén se hacían
tatuar crucifijos para recordar su viaje y como presencia
constante de su fe.
Aquellos que relacionaron el tatuaje con prácticas
religiosas o mágicas, veían en éste
una marca única que permitiría que el alma
superara los obstáculos en su camino a la muerte.
Muchas tribus practicaban el tatuaje terapéutico
cuya ceremonia era acompañada por canciones y danzas
que se suponía exorcizaban los demonios.
En América Central, en tanto, el tatuaje era una
práctica común entre los nativos, los que
tatuaban en sus cuerpos las imágenes de sus dioses
y los guerreros conmemoraban sus victorias en batalla por
medio de los tatuajes.
El redescubrimiento
El
arte del tatuaje fue redescubierto por los exploradores.
Banks, artista científico que navegó junto
al Capitán Cook, describió en detalle en 1769
el proceso del tatuaje de la Polinesia. Los marineros de
Cook iniciaron la tradición de los hombres de mar
tatuados y difundieron rápidamente esta afición
entre los marineros, quienes aprendieron el arte de los
tatuadores polinesios, lo practicaron a bordo y luego instalaron
sus estudios de tatuaje en los puertos.
El tatuaje fue ampliamente practicado entre los marineros,
trabajadores y convictos durante la primera parte del siglo
XIX. Los miembros de las clases media y alta lo consideraban
por debajo de su dignidad, y nunca fue popular entre los
nobles como lo fuera en Inglaterra.
En Estados Unidos donde había existido desde siglos
atrás, solo tuvo eco masivo durante la Guerra Civil
de principios de 1860. Las ferias mostraban sus personajes
tatuados y alcanzó al igual que en Europa gran eco
entre los personajes de alcurnia.
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