Blanca Lewin:
"La tentación de vivir al límite"
Ximena Urrejola B.
Revista Ya, 8 de marzo de 2005
Blanca
Lewin tiene un auto chico y amarillo, como de juguete, que
estaciona en las afueras de Chile Films. Es lunes, hace mucho
calor y acaba de terminar una nueva jornada de grabaciones
de la teleserie Los Capo, de TVN. "Sígueme, vamos
a la Plaza Ñuñoa", dice, mientras sube
a su minúsculo vehículo que compró recién
hace un par de años, cuando aprendió a manejar.
Sentada
en uno de los tantos bares del sector, donde hay que levantar
un poco la voz para poder conversar, Blanca cuenta que estuvo
obligada a aprender a manejar por requerimientos de su personaje
en "Sábado", la ópera prima del director
Matías Bize, y que si no fuera por esa película
probablemente seguiría andando en micro. "Matías
me enseñó. Antes no tenía interés;
encontraba que manejar en Santiago era un estrés enorme",
dice y cuenta que su auto es el mismo de esa película,
en la que aparece casi la hora completa de la cinta manejando
por Santiago después de descubrir, el mismo día
de su matrimonio, que su novio le era infiel.
Cuando
se baja de su auto amarillo, Blanca saluda a un amigo que
anda paseando a una guagua y, unos pasos más allá,
vuelve a saludar a un conocido. Más tarde, una mujer
con el pelo negro y enmarañado se acerca a ella para
pedirle "fuego" y preguntarle: ¿Tú
eres actriz? Como toda una celebridad en el barrio donde ha
vivido siempre, esta actriz que egresó del colegio
Compañía de María ("salí
con un promedio de notas súper mediocre") y que
estudió Teatro en la Universidad Católica ("ya
a los 15 no me veía siendo feliz haciendo otra cosa
en el futuro"), parece tener un imán con la gente.
Porque no sólo la miran, sino que también le
hablan.
Le
pasó con el mismo Matías Bize, el director de
"Sábado", película a la que debe haber
salido elegida mejor actriz de cine por la revista Wikén,
el año 2003, y dos galardones más por su actuación
que pasaron un poco desapercibidos en Chile: mejor actriz
en el Festival de Cine Down Under, de Australia, y en el Festival
Internacional de Cine de Mannheim-Heidelberg, Alemania. "Matías
tenía 19 años cuando hicimos el primer corto.
En esa época yo trabajaba en la radio Rock & Pop
y hasta allá llegó un cabro que me dijo: hola
Blanca, soy primo tuyo. Y efectivamente era pariente por el
lado de mi mamá. Me pasó un guión y aunque
el Matías era un pollo, un niñito, encontré
interesante la sencillez con que me planteó el proyecto.
Era un guión con dos actores y una locación.
Fue un desafío interesante. Después hicimos
otro corto, también con dos actores y una locación,
después vino "Sábado", una película
en tiempo real y pronto vamos a estrenar "En la cama",
en la que actúo con Gonzalo Valenzuela, que vuelve
a ser una locación y dos actores".
"En
la cama" cuenta de dos personas que no se conocen y que
se juntan en un motel a tener sexo. Por lo tanto, está
de más decir que Blanca - y Gonzalo- pasan toda la
película entre las sábanas. No es su primer
desnudo. Blanca cuenta que la primera vez que se sacó
la ropa fue para un corto en su época de escuela, que
después no le gustó nada: "Cuando lo vi,
me di cuenta de que sobraba. Pero ahora lo veo como parte
de la inexperiencia y de las ganas de hacer cine. Pero fue
heavy, innecesario. Me dio mucha plancha. Ahora veo "En
la cama" y también me da pudor, mucho. Eso tiene
que ver con lo necesario o innecesario que pueda ser un desnudo,
¿cachái? No tengo ningún rollo con mi
cuerpo y el desnudo en sí no es tema. Pero sí
es importante para mí cuidarme.
-
¿De la exposición?
- Sí, por eso no volvería a hacer un corto como
ése. Pero, "En la cama" lo importante es
la historia y para esa historia es necesario que los actores
se desnuden. Pero no es mi intención posar desnuda
para la prensa durante los meses que nos presten cobertura.
No estoy ni ahí, te lo digo altiro. Vayan a ver la
película, pero no me voy a empelotar para la foto.
Me parece innecesario.
-
¿Te costó hacer la película?
-
No, porque con Matías lo conversamos mucho. Evidentemente
siempre hay un terror, un pudor de estar ahí en pelotas,
pero él trabaja con un equipo de gente súper
bien. Todos muy jóvenes, muy metódicos, muy
profesionales. Y Matías fue muy cuidadoso para ver
a quién elegía, hasta el eléctrico fue
elegido con pinzas.
-
¿Por qué crees que eres la actriz favorita de
muchos directores jóvenes?
- Tal vez por la fama de alternativa... No, no sé.
Mucha de esa gente joven no ha trabajado nunca conmigo por
lo tanto no tiene ni la más mínima idea de cómo
funciono yo en un set o un escenario. Pero debe haber algo
que les produce cierta empatía, me imagino, y siento
que aunque me gusta mucho aprender, también me gusta
que los directores jóvenes aprendan del oficio de uno.
-
¿Engordarías 15 ó 20 kilos por un papel?
-
Si tengo la seguridad de que después voy a poder volver
a mi peso y ser una actriz versátil para todo tipo
de personajes, lo haría. El tema es que me cuesta mucho
engordar, tendría que ir a un doctor y hacer un gran
esfuerzo. No tengo rollo con eso.
-
¿Y una cirugía plástica?
-
Eso no porque es algo definitivo, es como hacerse un tatuaje,
que no tengo ninguno. Tengo un piercing que ya me tiene chata,
lo único que quiero es sacármelo, pero si me
lo saco ahora me va a quedar el hoyo mucho rato. No me molesta,
pero siento que puede ser limitante, para una película
por ejemplo. En "En la cama" estaba bien, no quedaba
mal con el personaje. Pero pienso que un cuerpo desnudo tiene
que ser un cuerpo de verdad desnudo, sin ningún tipo
de accesorio.
-
¿Te aproblema el paso del tiempo?
-
En algún momento me enrollé, previo a cumplir
los 30 años. Pero ahora que tengo 30 ya no tengo ese
rollo. No pasaba tanto por sentirme vieja, pero sí
por sentir que estaba envejeciendo, que es dintinto. Que la
vida se te empieza a ir y que hay ciertas cosas que quizá
no has hecho o que hay ciertas cosas que ya no puedes hacer.
-
¿Cuáles son esas cosas?
-
Es que ahora no tengo esa sensación, y tampoco tenía
la certeza de algo específico, porque si lo hubiese
tenido tan claro me habría puesto las pilas. No sé,
creo que fue la crisis de los 30 que la tuve justo antes de
cumplir 30, pero cuando estuve de cumpleaños ya no
tenía terror, me sentía bien conmigo misma.
Blanca es de esas mujeres multifacéticas que pueden
hacer muchos trabajos a la vez, de distintos formatos y profundidades,
y hacerlos bien. Ha trabajado en radio, televisión
por cable con su programa de entrevistas "Marcha Blanca",
escribiendo columnas en un diario y en un sitio en internet,
al mismo tiempo que estrena obras de teatro, películas
y que hace teleseries. Quizá ése es su plus,
y lo que hace que sea una de las actrices más solicitadas
y más admiradas.
- ¿Has tenido estrés por todas las cosas
que haces al mismo tiempo?
- Nunca me lo han diagnosticado, lo que no significa que no
haya tenido y que no haya ido a verme. Pero, curiosamente,
no ha sido en los momentos de más ajetreo. Creo que
el estrés pasa por uno, por cómo uno enfrenta
las cosas que está haciendo.
-
¿Momentos malos?
-
No sé si he pasado momentos malos; nunca he mirado
como algo negativo las experiencias fuertes o dolorosas en
la vida. Evidentemente he tenido períodos difíciles
y estresantes, pero también siempre he tenido la conciencia
de que eso se termina en algún momento. Y nunca he
tomado remedios. Una vez, la primera vez que me deprimí
en mi vida, hice una terapia y la sicóloga estuvo a
punto de mandarme al siquiatra para que me diera pastillas,
pero al final no tomé. Por eso mismo, porque yo sé
que en algún momento salgo de todo. Tengo esa fuerza
a mi favor. Creo que es una cuestión de actitud, de
cómo uno fue enseñada, de las cosas que a uno
le han pasado y de las herramientas que uno tiene a mano...
no sé.
-
No eres buena para sufrir entonces...
-
No, sí me gusta sufrir, pero salgo de eso. Y aunque
nunca he sufrido insomnio ni nada, cuando tengo mucha cosa
duermo un poco más tensa, bruxismo y todo eso.
A
pesar de su separación matrimonial, del realizador
audiovisual Werner Jiesen, Blanca Lewin dice que le va bien
con los hombres, que ha tenido suerte. Por lo menos se muestra
de lo más cariñosa con su actual pololo, un
joven actor de bajísimo perfil, a quien llama por teléfono
cuando termina con las grabaciones de Los Capo. "Siempre
he sido súper polola, desde chica - dice- , pero ahora
los hombres no se acercan mucho. Así como un séquito
de admiradores no tengo". De su vida familiar tampoco
se sabe mucho. Sí cuenta que es la única hija
de su papá y de su mamá, que tiene tres medios
hermanos, que su mamá vive en Estados Unidos, cerca
de Washington D.C., y que la última vez que estuvo
allá fue en 2001, justo un mes antes de la caída
de las Torres Gemelas. "Pero ella vino el año
pasado. O voy yo o viene ella. A mi papá lo veo más.
Se separaron cuando yo era chica, no tengo memoria de ellos
juntos".
Sin contratos millonarios
-
¿Qué te parece que los directores chilenos se
enojen cuando los critican mal?
-
Creo que tienen razón por un lado y no tienen razón
por otro. Hay críticas que son súper constructivas
y que no se pueden dejar pasar porque sirven de aprendizaje.
Pero son muy pocos los críticos en este país
que realmente tienen algo interesante que decir. Y muchas
veces (los directores) se enojan porque a veces la prensa
agarra una onda con algo y todos dicen lo mismo. Eso me parece
sospechoso.
-
¿Que todos critiquen mal una película te parece
sospechoso?
-
No, no necesariamente. Pero que no digan nada interesante
a partir de eso, me parece sospechoso. Que digan por qué
es mala. Porque a mí me interesa saber. Y aunque evidentemente
hay cosas que son muy malas, hay otras que tienen cosas rescatables.
No a todos, pero los encuentro muy ignorantes y poco objetivos.
Ponte tú, estábamos en el rodaje de "En
la cama" y el productor de la película dijo que
venía un periodista. Y en el fondo, el tipo lo único
que quería saber, aunque esto no sea muy elegante,
era si yo me excitaba o no con las escenas de sexo, ¿cachái?
Eso no puede ser.
-
Pero no era un crítico.
-
O sea, es periodista y además hace crítica.
Un tipo súper bien posicionado, que va a muchos festivales,
que maneja mucha información, que ha visto muchas películas
en todo el mundo. Y ahí se notó que tiene una
fijación con el tema sexual que probablemente no tiene
resuelto en su vida, y eso no es culpa de uno.
-
De todas maneras hay actores y directores que son llorones,
que están esperando ganarse el Fondart y que sienten
que se merecen la ayuda, sólo por ser chilenos.
-
Creo que todos se merecen la ayuda, porque todos se merecen
trabajar, finalmente. Nadie tiene 500 mil dólares para
hacer una película de bajo presupuesto. Y la gente
que tiene esa plata no se dedica a esto.
-
¿Te consideras más actriz de cine que de otra
cosa?
-
No, en Chile es súper difícil especializarse
en un área. Pero si me preguntas qué es lo que
más he hecho es televisión. Además, once
obras de teatro y cuatro películas (Ángel Negro,
Sangre Eterna, Sábado y En la cama), que no es mucho.
También he tenido pequeñas apariciones en otras
cintas. Pero me gusta muchísimo el cine, me gustaría
tener más posibilidades de trabajar ahí y de
seguir aprendiendo.
-
¿Eres buena negociadora?
-
No, para nada. La última vez que negocié bien
fue para Romané y de ahí cada vez me va peor,
te lo juro. Pero bien, en la tele uno gana buena plata y comparado
con el sueldo medio de cualquier chileno está bien.
Además, siempre está entrando gente nueva a
la que parten pagándole súper poco y primero
hay que arreglarles a ellos la situación; así
que tampoco me gusta pelear demasiado por la plata. Además,
no tengo manager; soy bien tonta en ese sentido. Por eso no
tengo contratos millonarios ni esas cosas.
-
¿Te gustaría tenerlos?
-
No sé, depende. Hay veces que uno tiene que transar
en tantas cosas por ganar más plata que no sé.
-
Tú tienes una imagen de mujer clever, alejada de los
escándalos.
-
Eso es súper mal negocio para los contratos millonarios;
tener fama de alternativa es pésimo negocio.
-
¿Qué vas a hacer al respecto?
-
No sé, no sé. Voy a empezar a inventar romances
para agarrar una portada. No... si tampoco me interesa ser
millonaria. O sea, jamás voy a contar con quien estoy
pololeando. Sólo puedo decir que está fuera
del sistema pero es del ambiente. "Es alternativo",
dice y se muere de la risa.