Un
“duro” que estaba seguro de ganarle la guerra a Chile
Luciano Benjamín Menéndez, general argentino
que protagonizaría la invasión, se oponía a los
planes de paz y confiaba en la victoria ante “la precariedad de
los medios chilenos”.
El general
argentino Luciano Benjamín Menéndez era reconocido en
la época del conflicto con Argentina como uno de los más
“duros” en sus posiciones contra Chile.
En 1978 se desempeñaba como comandante del Tercer Cuerpo de Ejército
(que cubría toda la frontera argentino-chilena desde Mendoza
hasta Jujuy).
La siguiente es la trascripción de una entrevista otorgada a
la revista Argentina “Somos” durante esa difícil
y conflictiva época.
En el texto, Menéndez desnuda parte de los planes que Argentina
planeaba poner en marcha una vez que se iniciaran las hostilidades contra
Chile y muestra su inconformismo con las negociaciones de paz.
¿La
acción se iba a iniciar al mismo tiempo en toda la frontera?
No. Se planificó en dos tiempos. Yo entraba en el segundo.
¿Qué
pensó cuando recibió la orden de parar?
No vislumbramos un futuro satisfactorio. No porque no creyéramos
en la figura del mediador, todo lo contrario, sino porque sabíamos
que era casi imposible conciliar posiciones que no se podían
acercar. Después ocurrió lo que yo imaginé. Ahora
parece que el objetivo nacional –el de mantener la soberanía
en las islas- se ha cambiado. Ahora el problema es no desairar al Santo
Padre.
¿Cuál
era o es el objetivo principal?
Para ser dueños del Atlántico Sur hay que ser dueños
de las islas. No se es dueño del mar, si no se es dueño
de las costas. Si perdemos las islas perdemos todas las riquezas del
Atlántico Sur y también la Antártida. Ahora parece
que queremos conformarnos con la solución menos mala. Quieren
convencernos que nos tenemos que conformar con lo que nos dan, pero
se olvidan de que no somos limosneros.
¿Estaba
seguro de ganar la guerra?
Las guerras cuando se hacen son para ganarlas. Estaba completamente
seguro de que la victoria sería nuestra. Lo que pasa es que cuando
se emprende ese camino hay que poner en marcha todos los resortes; una
acción diplomática, una económica y otra sicológica.
¿Eso
se había logrado?
Totalmente. Le doy un ejemplo. Mis soldados, cuando marchaban hacia
el otro lado, en los despliegues ordenados, no recurrían nunca
a las cocinas de campaña. En cada estación los atiborraban
de comida y vituallas. Cuando los argentinos estamos tras un objetivo
que sabemos legítimo, movilizamos todas las disposiciones, tanto
espirituales como materiales.
¿Por
qué tenía la seguridad de la victoria?
En primer lugar por la precariedad de los medios chilenos:
era notoria. Mis tropas, además de ser superiores en número
estaban mejor pertrechadas y además respaldadas por la parte
civil.
¿Quería
avanzar y ocupar Santiago?
Eso no se lo puedo decir. Yo pasé cuatro meses en la frontera,
en la cordillera, en el año 78, haciendo reconocimiento y ejercicios
con tropas. Después discutí esos resultados con el Comando
en Jefe, proponiendo una u otra cosa para establecer las pautas finales.
¿Hubo
planes de alternativa?
No sé si esa alternativa habrá existido en un nivel superior,
yo no las tenía.
Tenía objetivos determinados y las alternativas eran solamente
tácticas.
¿Qué
pasó cuando llegó el Cardenal Samoré?
Las tropas se detuvieron en sus puestos hasta que se firmó el
Acuerdo de Montevideo. Eso trae a relación el nuevo tratado de
paz que proponen algunos políticos. Están equivocados.
En las tratativas que se siguen sucediendo, la fuerza no es uno de los
elementos más importantes que se juegan.
¿Qué
pensaban los chilenos sobre la guerra?
Las informaciones recogidas nos indicaban que los chilenos
sabían que iban a perder, pero también sabían que
iban defenderse con el máximo de sus posibilidades, ocasionar
el mayor número de bajas que pudieran.
Ellos y yo estábamos seguros de lo que iba a pasar.
¿Y
ahora qué piensa debe hacerse?
Seguir discutiendo. No perder de vista el objetivo. No hay peligro de
guerra. Ni los chilenos ni nosotros la queremos. Pero no hay que olvidarse
que los suizos no tienen mar porque no tienen costas.
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