Hudson
XI Región de Aysén,
1.905 metros de altura
Agosto de 1991
Agosto de 1971
Puyehue
X Región de Los Lagos,
2.240 metros de altura
Mayo de 1960
1921
1922
Calbuco
X Región de Los Lagos,
2.015 metros de altura
Enero de 1929
Febrero de 1961
Abril de 1917
1893
Quizapú
VII Región del Maule,
Abril de 1932
1847
San José
Región Metropolitana,
5.856 metros de altura
1822
Puntiagudo
X Región de Los Lagos
2.498 metros de altura
Abril de 1930
Descabezado Grande
VII Región del Maule,
3.830 metros de altura
Junio de 1932
Según las creencias mapuches, los volcanes constituían el
hogar del Pillán, que era el padre fundador de las razas y linajes,
y cuando entraba en erupción era porque desataba su ira por algún
comportamiento inadecuado de ellos. No le temían realmente, sino
que le profesaban un respeto natural como el de hijos a su padre y lo invocaban
con sacrificios y ofrendas para hacerle peticiones de diversa índole.
Además de humo, temblores y lava, el Pillán expresaba su
ira con los truenos y los relámpagos.
Los incas, por su parte, tenían la costumbre de ofrecer cada año
el sacrificio de diez doncellas para evitar la furia del volcán.
Las aguas del mar de Arica eran las predilectas de uno de los incas más famosos del Perú. Todos los años bajaba a la playa rodeado de un séquito cortesano, celebrándose con tal motivo fiestas interminables. Las mujeres más hermosas y divinas se deleitaban en las tranquilas y tibias aguas del puerto, y eran tan bellas, que las sirenas les tenían envidias y celos. Seres marinos acudían también a admirar corte tan vistosa y feliz. En una de aquellas noches de orgía y de locura, sirenas y caballos marinos formaron tal alboroto con las olas, que éstas crecieron y se extendieron en tal forma que arrasaron con inca, doncellas y cautivas.
Desde entonces el Tacora apagó sus fuegos. Miles de aves aparecieron
en los aires a contemplar desde arriba una corte tan brillante sepultada
en el fondo del mar.