- Hawaianas: Erupciones tranquilas, no explosivas, de magmas muy fluidos y pobres en sílice. Consistentes principalmente en flujos de lavas poco viscosas. Por lo general, la columna eruptiva es inferior a 1.000 metros.
- Estrombolianas: Estas erupciones pueden o no presentar coladas de lava, pero sí eyección de piroclastos tipo escoria. Producen columnas eruptivas de hasta 5 kilómetros de altura.
- Vulcanianas: En estas erupciones, la columna de piroclastos es de mediana altura, entre 5 y 15 kilómetros, esencialmente en las fases iniciales, que arrojan escaso material lávico entre los fragmentos y bloques de las rocas que constituyen el tapón del cráter.

- Plinianas: Son altamente explosivas, el típico material eyectado
es pómez, característico de magmas muy ricos en sílice.
En este tipo de erupción, la columna puede alcanzar hasta unos 40
kilómetros de altura (ejemplo: erupción del volcán Hudson
en 1991).
La actividad volcánica presenta una amplia gama de eventos eruptivos que pueden presentar amenazas directas e indirectas de distinta magnitud. Los estudios científicos de estas amenazas, los efectúa el Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin) del Ministerio de Minería, y las respectivas Universidades regionales de las zonas donde el riesgo volcánico está presente.
Todos los registros sobre erupciones volcánicas en Chile presentan
un cuadro más o menos similar, en el cual se consigna la ocurrencia
de algunos fenómenos premonitorios como la emanación de humo
en un cráter que parecía inactivo o la aparición de
un nuevo cráter.
Esto puede durar algunos días, semanas e incluso años, hasta que una serie de temblores y ruidos subterráneos preceden a la salida de cenizas y lava, la que escurre entre 5 y 100 km/h, dependiendo del desnivel geográfico, siguiendo habitualmente las quebradas del área y desembocando en cauces de ríos o lagos. La fase eruptiva ha durado desde algunas semanas, hasta cinco o más años.
Los daños en cuanto a vidas humanas, por lo tanto, no han sido tan trágicos como en el caso de los terremotos o tsunamis, ya que la población usualmente alcanza a ponerse a salvo. Dependiendo de la estación en que la erupción ocurra, se pueden producir deshielos acelerados y avalanchas, que son los que han provocado más víctimas que la lava misma.
Los daños materiales, en cambio, suelen ser cuantiosos, tanto en
la agricultura como en la ganadería. El ganado puede sufrir una gran
mortalidad por no alcanzar a huir de la lava o porque la lluvia de cenizas
cubre la tierra, provocando ya sea la asfixia de los animales o su muerte
por incapacidad de alimentarse.