Texto: Sergio Paz
Revista del Domingo Meditar en Römerberg. Éste fue el centro histórico de Frankfurt hasta 1944, cuando la ciudad fue brutalmente bombardeada, perdiéndose más del 80 por ciento de su legado arquitectónico. No pocas cosas, eso sí, sobrevivieron. Es el caso de la iglesia de St. Bartholomaus, del siglo 13, y las casas del siglo 15 que rodean la plaza Römerberg. Pensar en la casa de Goethe. J. W. Goethe, el célebre poeta, novelista, dramaturgo y científico alemán - autor de "Fausto", una de las obras cumbres de la literatura universal- vivió en Frankfurt entre 1749 y 1775. La ciudad, por cierto, no olvida a su hijo más ilustre, considerado el padre del individualismo moderno. Por lo mismo, una gran escultura rinde homenaje a su genio. Claro que el punto más emblemático del "circuito Goethe" es la casa donde nació. Ahí se conservan manuscritos de grandes obras como la "Oda al suicidio". Actuar es fácil, pensar es difícil. Actuar según se piensa, es aun más difícil, se lee un rincón de la casa. Soñar en Waldstadion. El 2006, cuando se juegue la Copa Mundial de Fútbol, Frankfurt dará que hablar. Cómo no. Aquí está el Waldstadion, el mítico recinto futbolero en el que Cassius Clay peleó con Karl Mildenberg en 1966. El estadio ya había sido remozado para la copa de 1974 y, posteriormente, para la Copa Europea 1988. Pero ahora hay más sorpresas que debutarán el 2006, como un moderno techo retráctil que, según los orgullosos alemanes, lo convertirá en el cabrio más grande del mundo. Aun cuando las obras están en plena ejecución, el Waldstadion permanece siempre abierto para ser admirado.
Ver el monumento al euro. Okey, la escultura no es muy bonita, pero representa bien a esta capital financiera, sede de 600 bancos de todo el mundo y del Banco Central Europeo.
Precisamente en este barrio, vecino al río Main, brilla el estilo Mainhattan: un sector elegante con sorpresas como el café Mercedes Benz, donde puede tomar un express junto a coches de cien mil euros.
Comprar en Zeil. Frankfurt se parece a Shanghai. Tiendas de vanguardia conviven con marcas de grandes diseñadores. Y todo siempre está en liquidación. Camisas Boss o chaquetas Versace se ofrecen a mitad de precio, todo en un laberinto de interminables calles y pequeños malls.
Ciudad consagrada al comercio desde que los romanos hicieron un puente sobre el Main, hoy en día un imperdible es visitar Zeil: la milla de oro alemana. O Goethestrasse: la Quinta Avenida de Frankfurt . Ambas repletas de boutiques libres de impuestos para no miembros de la Unión Europea. Más ofertas se encuentran en Oeder Weg y Berger Strasse. Comer y beber en Sachsenhausen. La Bellavista de Frankfurt se llama Sachsenhausen, una enmarañada red de calles que convergen en la Affentorplatz, donde encuentra una centena de boliches que venden la famosa sidra de Frankfurt , e imbiss, restaurantes donde se expende comida rápida: léase hamburguesas, chuletas de cerdo y las clásicas salchichas frankfurter (¡originales!). Rememorar a Ana Frank. Se estima que, hacia 1933, más de 30 mil judíos vivían en el noreste de Frankfurt . Entre ellos los Frank, que pronto huirían a Ámsterdam, donde Ana comenzó a escribir su célebre diario (Kitty), en el cual narra los horrores sufridos entre 1942 y 1944. En la Frankfurt de hoy no son pocos los hitos que recuerdan la presencia judía. Entre ellos el Museo Judío y la casa donde vivió Ana en su infancia. Se respira angustia. Caminar por Saalhof. Durante el Sacro Imperio, los emperadores eran elegidos en Frankfurt. Y, la verdad, las pocas, escasas huellas de este pasado imperial pueden ser admiradas en el barrio de Saalhof; sitio en el que, por ejemplo, está el impresionante Museo Histórico.
Cerca de aquí, en dirección oeste, en Untermainki, está el Karmeliterkloste, un claustro con frescos en el que destaca el de Jerg Ratgeb sobre la vida de Jesús.
Admirar el zoo. En Frankfurt converge la red de supercarreteras de Alemania, aquí está la base de las fuerzas estadounidenses en Europa y su feria del libro es la más grande del mundo.
Sus habitantes, en todo caso, se enorgullecen sobremanera de su zoológico, uno de los mejores del mundo. Cuenta, de hecho, con un gigantesco aviario donde las aves vuelan en libertad. El zoológico está en Alfred-Brehm-Platz 16. Tel. 2123 3731. Ir a la ópera. La ópera de Frankfurt quedó completamente destruida después de la Segunda Guerra Mundial.
Sometidos a un plebiscito, los vecinos de la ciudad (hoy, más de 600 mil) votaron a favor de reconstruir el viejo palacio ladrillo por ladrillo, en vez de levantar otro edificio. El resultado es elocuente. La Alte Oper mantiene sus arcos, estatuas y heroicos caballos alados. Y no se necesita música para emocionarse. Opernplatz.
OJO CON.... Llegar:
En Lufthansa, vía Buenos Aires, desde 1.150 dólares. Con Lan Chile, vía Madrid, desde 1.144 dólares. Dormir :
Kempinski Gravenbruch: punto de encuentro de la selección alemana de fútbol, este hotel fue coto de caza de ciervos salvajes. Sobran, por lo mismo, chimeneas, buena cocina y viejas maderas. También pasajeros V.I.P. como Michael Jackson y Bill Clinton. Económica, 145 euros.
Tel. (49-69) 3988 8750. Conference Hotel:
Cerca de la estación central de trenes; habitaciones desde 50 euros.
Tel. 236 013. Más información:
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- www.ets-frankfurt.de
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www.bahn.de |
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