Dos siglos después: ¿Por qué la independencia no se celebra el 12 de febrero?

Durante los primeros años de la República, la fecha era una fiesta cívica y un feriado, pero un decreto del Presidente Prieto la suprimió. Las razones se atribuyen, entre otras cosas, a la figura de O’Higgins y la influencia de la Iglesia Católica.

12 de Febrero de 2018 | 17:34 | Por Consuelo Ferrer Durán, Emol
SANTIAGO.- Hasta antes del año 1837, el 12 de febrero era una de las tres grandes fiestas que celebraba el naciente país de Chile. El panorama no era muy distinto a lo que hoy se ve en septiembre: fondas, ramadas, fiestas y carnaval, con bailes como la zamacueca y mucho vino, con lo que se celebraba la declaración y proclamación de la independencia del país.

Pero todo eso cambió con la firma del Presidente José Joaquín Prieto, y su ministro del Interior, Diego Portales, en un decreto que la suprimió. Después de ese año, todas las celebraciones del 12 de febrero se trasladaron al 18 de septiembre, el día en que se conmemoraba la conformación de la primera Junta de Gobierno.

"Es un error grave de contenido y una omisión"

Lucrecia Enríquez, historiadora
En palabras simples, la académica de la Facultad de Historia de la U. Católica, Lucrecia Enríquez, lo explica así:

“El argumento fue que, en realidad, la primera libertad se había declarado el 18 de septiembre y que con una sola fiesta cívica bastaba. Se empezó a celebrar así a lo largo del siglo XIX y entró de esa manera en la memoria histórica nacional. Pero es un error grave de contenido y una omisión”, dice a Emol.

Cuando se cumplieron los primeros cien años de la independencia efectiva, en 1918, la fecha, como hoy que se cumple otro siglo, también pasó desapercibida.

La figura de O’Higgins en el exilio


El 18 de febrero se celebraba, además, la conmemoración de la Batalla de Chacabuco, que había ocurrido un año antes, y la tercera fiesta que se llevaba a cabo era la de la Batalla de Maipú, el 5 de abril. Pero había un elemento en común entre ambas fechas que no era del completo agrado del Presidente Prieto.

“Eran fechas que estaban muy cerca de la figura de Bernardo O’Higgins, que era a la vez una figura súper ambivalente. Había gente que lo consideraba el padre de la patria, mientras otros lo veían como un tirano. A O’Higgins lo derrocaron, y en ese momento estaba en el autoexilio”, cuenta el profesor de Derecho de la U. de Santiago, Cristóbal García-Huidobro.

Enríquez complementa esa información, añadiendo que el 12 de febrero incluso se realizaban manifestaciones a favor de O’Higgins.

3 Fiestas conmemoraban el proceso de independencia
“Quedaba en evidencia ante todos que estaba ausente y que no se justificaba su ausencia, porque no había una razón tan de peso que determinara que justamente la persona que había guiado todo el proceso de independencia viviera exiliado”, cuenta la académica.

Relata, además, que existía la sensación de que las figuras de los ex militares que vivían en el exilio y habían sido protagonistas de la independencia estaban conspirando contra la república conservadora.

“El Presidente Prieto y Portales veían como una amenaza a O’Higgins, no querían que volviera, porque estaban ellos en el poder y tenían una política que consideraban más republicana y más liberal que la que había inventado él. La fiesta se eliminó porque era un foco de manifestación antigubernamental”, relata Enríquez.

Los otros actores


La Iglesia Católica fue otro de los entes que también tenía reparos con la fecha, o así lo analiza García-Huidobro. “En febrero y abril había una lógica de celebración, de alegría colectiva. El tema es que eran fiestas que estaban cerca de la Semana Santa, que era de recogimiento. Eso implicaba que este tipo de celebraciones no se avenían, que era poco conveniente”, explica.

También quita un poco el peso a la influencia de Portales. “Se le tiende a dar una gran dimensión, pero hay otros personajes importantes. El que estaba detrás de esto era Andrés Bello, que fue el ideólogo u organizador de ciertos elementos de la república”, dice. También habla de cierta influencia de Mariano Egaña.

El gobierno, finalmente, optó por consolidar la fiesta de septiembre como la oficial, por una suma de todos estos motivos y además para reducir el número de feriados anuales, que abundaban por motivos religiosos.

Pareció más apropiado, además, dejar la fiesta a comienzos de la primavera, para que la ocurrencia del verano o de la Semana Santa no desluciera el elemento solemne de la celebración.
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